EL VIAGRA DEL HIMALAYA

El afrodisíaco oriental que se ha convertido en un gran éxito y ha salvado el Tíbet

Desde hace unos 20 años, la clase media y alta china ha demandado cada vez más un hongo muy difícil de encontrar y de cualidades afrodisíacas y curativas por el que están dispuestos a pagar mucho

Foto: 'Cordyceps militaris'. (CC/Hagen Graebner)
'Cordyceps militaris'. (CC/Hagen Graebner)

Desde unos años a esta parte, casi todos los catálogos de afrodisíacos –esos que incluyen casi cualquier cosa que se venda en un herbolario– incluyen el 'cordyceps', un hongo que se ha puesto de moda en Oriente, pero que poco a poco también empieza a consumirse en Occidente. Se trata de una pequeña seta que aparece en las tierras altas del Tíbet, parasitando las orugas de los pastos. Una vez estas se sumergen bajo tierra a hibernar, son invadidas por el hongo y mueren. Con la llegada de la primavera, el hongo se activa y crece dentro de la piel de la oruga hasta que una protuberancia asoma por su cabeza y emerge a la luz del día. Tan sólo unos cinco centímetros traspasan el suelo, por lo que resulta difícil localizarlo a simple vista.

Aunque la descripción no lo haga particularmente apetecible, el 'cordyceps' se ha convertido en una de esas recetas mágicas que prometen una larga vida sexual a quien la consuma. Como asegura la página 'Fungi Health' (una entre tantas), “es una bendición para los hombres y las mujeres que sufren problemas sexuales”. A los hombres les permite mejorar la función eréctil, aumentar la libido y sobreponerse a la impotencia, así como, supuestamente, la motilidad del esperma. Como asegura la página, provoca la liberación de testosterona, algo que ya notaron los pastores del Himalaya cuando conducían a sus yaks por las praderas.

El área en la que aparece es Yoshu, una región de unos 198.000 kilómetros cuadrados en la que apenas viven 400.000 personas

Resulta dudoso que este alimento valga todo lo que cuesta, aunque quizá sus efectos tampoco sean despreciables. Como aseguraba una investigación publicada en el 'Journal of Ayurveda and Integrative Medicine', muchos estudios apoyan “el potencial farmacológico y la actividad biológica” del extracto. Específicamente, el estudio llama la atención sobre “su efecto en la función hepática y renal y las actividad antitumorales inmunomoduladoras”. No obstante, el estudio señala un importante problema asociado al 'cordyceps', y no tiene que ver con la salud de sus consumidores, sino con las condiciones en las que es extraído.

En las altas montañas

En reportaje recién publicado en 'The Economist' resume bien de qué manera este pequeño hongo ha cambiado las vidas de miles de personas en el Tíbet. El área en la que aparece se denomina prefectura autónoma tibetana de Yoshu, una región de unos 198.000 kilómetros cuadrados (algo menos de la mitad de España) en la que apenas viven 400.000 personas (dos veces la población de Móstoles o Pamplona). Por lo general, el hongo puede ser encontrado a una altura de unos 4.000 metros, es decir, en unas condiciones en las que se dispone de un 40% de oxígeno menos que al nivel del mar.

El afrodisíaco oriental que se ha convertido en un gran éxito y ha salvado el Tíbet

Cada mes de mayo, muchos de los habitantes de Yoshu salen de sus casas para recoger este hongo que se puede vender a precio de oro, y no se trata de una exageración. Muchos de los encargados de localizar el 'cordyceps' son niños, ya que por su corta altura les resulta más fácil encontrar el pequeño hongo entre la maleza. A medida que pasa el tiempo, las probabilidades de encontrar una nueva larva son mucho menores. Y deben tener mucho cuidado en no arrancar el hongo del cuerpo de la oruga en que se encuentra, puesto que los compradores sólo adquieren el producto si está completo. A pesar de las complicaciones (entre las que se encuentra el peligro a ser atacados por un animal), desde mediados de los años 90 resulta mucho más rentable que pastorear yaks.

Al contrario de lo que ocurre con otros afrodisíacos semejantes, nadie ha conseguido producir grandes cantidades de 'cordyceps' en condiciones artificiales, por lo que siguen exportándose casi por completo de las montañas tibetanas. Según los cálculos presentados en el artículo de 'The Economist', los hongos recogidos solamente en el año 2013 representaron alrededor de 1.100 millones de euros, la mitad del dinero ingresado por el turismo, y puede llegar a suponer el 40% de los ingresos de los campesinos que están proporcionando a la clase media el empujón sexual que necesitan.

El lado oscuro del afrodisíaco

Este hongo, conocido como 'yartsa gunbu' por los tibetanos, ha sido la causa de multitud de disputas en una zona enfrentada con el resto de China desde hace décadas. Aunque hayan salvado la vida rural tibetana, ha propiciado que multitud de visitantes acudan a la zona para sacar tajada del negocio, especialmente miembros de la minoría étnica Han. Tibetanos han luchado contra otros tibetanos, así como tibetanos contra los Han. El propio Dalai Lama se refirió al afrodisíaco diciendo que había causado “una gran desgracia a los tibetanos” y una crisis en la llanura.

Los tibetanos han visto como una zona empobrecida se ha convertido en la gallina de los huevos de oro

Según aseguraba un oficial en un informe del Partido Comunista, “los hongos de oruga han vuelto mala a la gente. Les ha hecho pensar solamente en el dinero y que pierdan su sentimiento de familia, amistad y humanidad”. Como ocurre cuando un elemento extraño irrumpe repentinamente en una sociedad que durante siglos ha mantenido un complicado equilibrio, los tibetanos han visto como una zona empobrecida de repente se ha convertido en la gallina de los huevos de oro.

El político y social no es el único problema asociado al 'cordyceps'. Como recuerda el reportaje de 'The Economist', en los últimos años han surgido multitud de sucedáneos que incluso se han alterado con Viagra. Además, medioambientalmente es un serio problema para el Tíbet, puesto que causa un daño irreparable en las praderas de las montañas que puede llegar a afectar a grandes zonas irrecuperables. Un asunto menor para todo los ricos chinos de las urbes que guiñan un ojo a su pareja y le dicen “cariño, hoy tenemos 'cordyceps' para cenar”.  

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