¿el mayor error de inteligencia de la historia?

Este telegrama vaticinó con todo detalle el ataque de Pearl Harbor, pero nadie se lo creyó

Casi siete meses antes del ataque sorpresa en el que murieron 2.000 americanos, el embajador de Perú en Japón advirtió a su colega estadounidense de lo que le esperaba

Foto: La copia del telegrama que podría haber cambiado el curso de la II Guerra Mundial. (Universidad de Wisconsin)
La copia del telegrama que podría haber cambiado el curso de la II Guerra Mundial. (Universidad de Wisconsin)

26 de enero de 1941. Cordel Hull, Secretario de Estado americano, recibe un telegrama urgente de Joseph Grew, el embajador de EEUU en Japón. El telegrama, que puede leerse en el archivo de documentos diplomáticos que custodia la Universidad de Wisconsin, vaticinaba con todo detalle uno de los episodios más negros de la historia militar:

“Mi colega peruano le dijo a un miembro de mi personal que había escuchado de diversas fuentes, incluida una japonesa, que fuerzas militares japonesas planean, en caso de dificultades entre el Japón y los Estados Unidos, realizar un ataque masivo sorpresa contra Pearl Harbor, usando toda su capacidad militar. Él añadió que, aunque el plan resultara fantasioso, el hecho de que lo hubiera escuchado de muchas fuentes le había empujado a transmitir la información”.

Casi siete meses después, el 7 de diciembre de 1941 –hace hoy 74 años y un día–, la base naval de Pearl Harbor fue atacada por 353 naves japonesas, que incluían cazas, bombarderos y torpederos. En el ataque murieron 2403 estadounidenses y otros 1178 resultaron heridos de diversa consideración. A la mañana siguiente, el presidente Franklin D. Roosevelt, que calificó el ataque de “infamia”, declaró la guerra al Imperio de Japón, lo que marcó la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial.

El embajador peruano se enteró de que Japón planeaba un ataque sorpresa a EEUU en boca del traductor japonés Yasukisu Suganuma

La ofensiva japonesa fue llevada a cabo sin una declaración de guerra ni aviso explicito, lo que fue considerado en los Juicios de Tokio, posteriores a la rendición japonesa, como un crimen de guerra. Pero lo cierto es que el Gobierno estadounidense podría haberse percatado mucho antes de lo que iba a ocurrir.

Como explica Juan del Campo Rodríguez, actual ministro del servicio diplomático del Perú, en su libro 'Pearl Harbor. La historia secreta' (AFSDP), el telegrama pasó por los departamentos de Guerra y de Marina de Estados Unidos y llegó hasta la comandancia de la flota del Pacífico. Pero nadie hizo nada por evitar el ataque.

Fotografía tomada por un avión japonés durante el ataque.
Fotografía tomada por un avión japonés durante el ataque.

Una torpeza de los japoneses

El hombre clave en toda esta historia es Ricardo Rivera Schreiber, que fuera embajador del Perú en Tokio entre 1939 y 1942: el “colega peruano” al que el embajador hace referencia en su telegrama. “Yo no busqué la información. Carecía de medios para ello. Vino a mí directamente de la manera más casual”, reconoció Rivera en una entrevista con el periódico peruano 'El Comercio' en febrero de 1949

Ricardo Rivera Schreiber.
Ricardo Rivera Schreiber.

Como explica Rodríguez en su libro, Rivera se enteró de que Japón planeaba un ataque sorpresa a EEUU en boca de un visitante habitual de su embajada: el traductor japonés Yasukisu Suganuma, que asistía al servicio diplomático peruano en sus conversaciones. Suganuma era primo de un funcionario del Ministerio de Marina japonés muy poco discreto, que le informaba constantemente sobre los preparativos militares del Imperio.

Suganuma nunca habló directamente con Rivera, pero sí con Felipe Akakawa, jefe del personal de servicio de la embajada o 'valet', como se conoce a este puesto en el argot diplomático. “Mi valet me contó muchas veces vaticinios (de Suganuma) sobre diversos sucesos de política internacional que siempre se cumplían”, recordó Rivera en su entrevista con El Comercio.

Un día de enero el traductor llegó a la embajada peruana y se mostró especialmente hablador con Akawaka, al que le aseguró que Japón se estaba preparando para la guerra con EEUU. Rivera, que fue informado inmediatamente por su 'valet', no dio importancia a esta primera advertencia, pero éste volvió diez días después con nuevos detalles, asegurando que el intérprete daba por sentado que el Imperio japonés iba a entrar en guerra por sorpresa con EEUU. Rivera le preguntó si el ataque sería en San Diego, California, donde Estados Unidos tenía una base naval. El 'valet' le contestó que no, que sería en el centro del Pacífico. Y, como explica Rodríguez en su libro, el embajador entendió inmediatamente que “el centro del Pacífico era Pearl Harbor”.

Yoshuda le dijo al embajador peruano que el almirante Isoroku Yamamoto había trazado el plan para atacar la escuadra americana en Pearl Harbor

Pero, pese a la importancia de la confidencia, el embajador peruano seguía dudando de la veracidad de las historias que contaba el traductor, hasta que recibió la misma información de una segunda fuente. Furukido Yoshuda, profesor de la Universidad de Tokio e intérprete del Ministerio de Guerra, era amigo de Rivera. En una visita a la embajada, llegó “presa de gran excitación”. El académico, muy preocupado por la marcha de los acontecimientos, veía a su país “al borde de una gran desgracia, que le traería la ruina para siempre”.

Rodríguez asegura en su libro que Yoshuda le dijo al embajador peruano que “el almirante Isoroku Yamamoto había trazado el plan para atacar la escuadra americana en Pearl Harbor y que había un simulacro en una de las islas al sur de Japón”. Fue entonces cuando, en vista de que sus dos confidentes coincidían, Rivera se reunió con Joseph Grew, embajador estadounidense en Japón, para contarle lo ocurrido. Éste informó de inmediato a sus superiores, pero su advertencia, a la vista está, pasó desapercibida.

Foto tomada desde el acorazado USS Narwhal durante el ataque.
Foto tomada desde el acorazado USS Narwhal durante el ataque.

Un error mayúsculo de la Inteligencia de EEUU

No cabe duda de que los estadounidenses consideraron que la información aportada por la embajada de Perú era sólo un rumor sin credibilidad. En esa época los servicios de Inteligencia estadounidenses recibían toneladas de información y, claro, no se podía atender a todas las posibles amenazas. Pero ¿cómo pudieron estar tan seguros de que la advertencia no era cierta?

Jon Davidann, especialista en Relaciones Internacionales de Estados Unidos y profesor de la Hawaii Pacific University, ha explicado a 'BBC Mundo', que el propio embajador americano debió dudar de la veracidad de la historia, algo que se dejaba caer en el telegrama.

Los militares estadounidenses pensaban que al estallar la guerra lo primero que harían los japoneses sería atacar Filipinas, no Pearl Harbor

Fiel al sentir de la mayoría de estadounidenses, Grew pensaba que el conflicto con Japón se acabaría tarde o temprano, y no dio demasiada credibilidad a la información que le ofreció su colega. Es por ello que no dudó en añadir el calificativo 'fantastic' a la información, en el sentido de “altamente improbable”, además de lavarse las manos ante el rumor diciendo que la confidencia le había llegado a través de otro funcionario de la embajada americana, algo que no era cierto, pues Rivera había hablado directamente con él.

Isoroku Yamamoto.
Isoroku Yamamoto.

Como Davidann cuenta, entre los estadounidenses hubo “cierta miopía” respecto a las verdaderas intenciones de los japoneses. La guerra entre estos países era una posibilidad que ambas naciones contemplaban ya desde los años 20, y la tensión no dejó de crecer desde la invasión japonesa de Manchuria en 1931, pero el americano medio no quería ni oír hablar de otro conflicto en el extranjero, y todo el mundo confiaba en una solución diplomática al entuerto.

Aunque a finales de 1941 la escalada de tensión había llegado al máximo, la mitad de los estadounidenses seguían pensando que la guerra no tendría lugar. Los militares, por supuesto, no tenían esto tan claro, pero sí pensaban que, al estallar la guerra, lo primero que harían los japoneses sería atacar Filipinas, no Pearl Harbor. Una idea que a todo el mundo, incluido el embajador nortamericano en Tokio, le parecía descabellada.

Paradójicamante, el responsable del ataque a Pearl Harbor, el almirante jefe de la Flota Combinada, Isoroku Yamamoto –al que el embajador peruano identificó a la perfección en sus confidencias–, pensaba que Japón sería incapaz de ganarle una guerra a los EEUU, y así se lo advirtió al Estado Mayor de la Armada, pero en vista de que no iba a librarse de ella, pensó que la única opción de victoria era asestar un contundente golpe sorpresa al inicio de las hostilidades, que quizá obligara a Estados Unidos a negociar. Así organizó el ataque que nadie esperaba, pero sólo llevó al cumplimiento de su primer vaticinio: la derrota japonesa, que le costó al país dos millones de bajas (cuatro veces más que las que sufrió su contrincante).

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