JAMES DEEN, ¿VIOLADOR?

El escándalo sexual que sacude el mundo del porno y lo cambiará para siempre

Las acusaciones que diversas actrices han realizado sobre James Deen, el niño mimado de la industria pornográfica, ha abierto la caja de los truenos en el mundo de los contenidos para adultos

Foto: James Deen y Stoya se besan durante el estreno de 'The Canyons' en agosto de 2013. (Efe/Epa/Ettore Ferrari)
James Deen y Stoya se besan durante el estreno de 'The Canyons' en agosto de 2013. (Efe/Epa/Ettore Ferrari)

El pasado sábado, la célebre actriz pornográfica Stoya publicaba dos tuits en los que acusaba a su expareja, el también actor porno James Deen, de haberla violado cuando eran pareja. Dos mensajes de 140 caracteres que han cambiado no sólo la hasta entonces positiva imagen del famoso actor de 29 años, sino también, la manera en que entendemos la industria del porno y los crímenes sexuales, independientemente de que un juez dictamine la inocencia o culpabilidad de Deen.

“El rollo de meterte en internet un segundo y ver a la gente idolatrando como feminista al tío que te violó. Eso apesta”, señalaba la actriz de origen yugoslavo en el primer mensaje para, a continuación, explicar lo que ocurrió antes de su separación, hace ya más de un año: “James Deen me cogió y me folló mientras le decía que no, que parase y usaba mi palabra de seguridad”, en referencia al término acordado en las relaciones sadomasoquistas para pedir al agresor que pare. “Ya no puedo asentir y sonreír cuando la gente habla de él”.

El escándalo sexual que sacude el mundo del porno y lo cambiará para siempre
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El actor se ha defendido también en Twitter de manera rotunda, con dos mensajes en los que aludía a las “afirmaciones indignantes” realizadas contra él y que probablemente acaben con su carrera: “Puedo asegurar a mis amigos, fans y colegas que son falsas y difamatorias. Respeto a las mujeres y conozco y respeto sus límites tanto profesional como privadamente”.

El escándalo sexual que sacude el mundo del porno y lo cambiará para siempre

Otras dos actrices han aprovechado la denuncia de Stoya para desvelar que ellas también sufrieron una agresión sexual por parte del chico de moda en la industria pornográfica. Una de ellas es Tori Lux, que en una larga declaración en 'The Daily Beast' en la explica cómo después de un rodaje en junio de 2011 Deen, que no actuaba en la película, la asaltó. Ante su negativa a lamerle los testículos, la agarró y “alzó su mano por encima de su cabeza, bajándola y golpeándome con la mano abierta”. “Lo hizo cinco o seis veces (fuerte) antes de dejarme en paz”. Después, mientras estaba aturdida, la agarró por el pelo y acercó su cara a su entrepierna, hasta que finalmente la arrojó al suelo.

La otra es Ashley Fires, que también en 'The Daily Beast' explicó que Deen es el único actor con el que se niega a trabajar después de que, saliendo de la ducha de los estudios Kink, fuese asaltada por el actor, que la empujó y restregó su erección en su trasero. Cuando ella le dijo que parase, lo hizo y le respondió “si quieres follar luego estaré en la habitación tal”. Fires sí contó la historia anteriormente, algo que el actor le pidió que dejase de hacer. Hay más testimonios de dentro de la industria que en los últimos días han sacado el lado oscuro de James Deen, como el tuit de la actriz Joanna Angel que, con el tag #solidaritywithstoya, señalaba que es “la peor persona que jamás he conocido”. Angel fue pareja de Deen durante seis años, entre 2004 y 2010.

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Las reacciones no se han hecho esperar, aunque es poco probable que la inocencia o culpabilidad de Deen termine dirimiéndose en un juicio. Por una parte, Kink, uno de los estudios más importantes de la Costa Oeste, ha decidido prescindir del actor y productor inmediatamente, alegando que “nuestros actores merecen no sólo entornos seguros, sino la capacidad de trabajar sin miedo a ser asaltados” y prometiendo que revisarían su reglamento para “reforzar los derechos de los actores dentro y fuera del plató”. 'The Frisky', además, ha anunciado que va a dejar de publicar su columna porque, según su editora, “me resulta imposible volver a trabajar con él”. Por su parte, el propio Deen ha dimitido de su puesto en el Adult Performer Advocacy Committee, una especie de sindicato de actores porno.

Los 'brangelina' del porno

Si tan impactante ha resultado la noticia no es únicamente porque se trate de los dos actores de moda en el mundo del cine pornográfico, sino también porque reflejaban ciertas cualidades positivas que los hacía distinguirse de los cánones del cine erótico tradicional. Ninguno de los dos encaja con el modelo de actriz explosiva o actor musculoso que durante décadas han definido a los actores porno, y en sus actitudes han mostrado una naturalidad e inteligencia que, sin caer en la intelectualización de Sasha Grey, hacían pensar a los aficionados que otro porno era posible.

De ahí que un medio como 'The New York Post' llegase a considerarlos los “brangelina del porno”, en referencia a la pareja formada por Brad Pitt y Angelina Jolie. Eran jóvenes, guapos e inteligentes, pero la relación terminó hace poco más de un año, como ambos dejaron entrever en Twitter, con actitudes muy diferentes: mientras Stoya aseguraba que iba a dejar la red porque su corazón estaba “metafóricamente roto”, Deen publicaba dos horas después “¡¡¡¡¡¡necesito un adulto!!!!!”

El escándalo sexual que sacude el mundo del porno y lo cambiará para siempre
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Este caso, además, puede ayudar a entender dos aspectos generalmente olvidados del abuso sexual. Por un lado, que tener una relación de pareja no te hace el dueño de la persona con la que convives (por mucho que, como reconociese Stoya en alguna ocasión, “mi cuerpo, mi boca, mi vagina y mi corazón son suyos”; es lenguaje figurado) ni que el hecho de tratarse de actores porno que realizan actos sexuales ante una cámara reste gravedad a la situación.

Como explicó Tori Lux, la razón por la que no había hablado antes de este asunto era precisamente porque “la gente –incluida la policía– tiende a creer que los trabajadores sexuales se han puesto en una posición en la que pueden ser dañados, y por lo tanto, no pueden ser víctimas de una violación”. Por otra parte, la actriz considera que hay otra dinámica, esta vez propia de la industria del porno, por la cual se intenta correr un velo ante las experiencias negativas “para protegernos del juicio de los demás”.

¿Quién es de verdad James Deen?

Independientemente de la verdad o falsedad de las acusaciones, estas han provocado que muchos se pregunten quién es de verdad James Deen, el productor y actor más exitoso de la última década. Aficionado al porno desde los once años, el nacido en Oxford cumplió muy joven su sueño de ser una estrella porno, de la mano de la veterana Pamela Peaks, especializándose en producciones 'female-friendly' (pensadas con el público femenino en mente).

Los hombres feministas son charlatanes utilizando el velo del feminismo para disfrazar sus pecados

Por esa razón, Deen ha terminado convirtiéndose en una especie de icono pseudofeminista, a pesar de que no todas sus declaraciones hayan sido precisamente progresistas. En una entrevista publicada en 'Elle', concedía que quizá era “un puto feminista” al considerar que “nuestra sociedad debería admitir y aceptar que las mujeres tienen sexualidad”. Bret Easton Ellis dijo de él que era una estrella porno feminista porque “mira a sus parejas a los ojos” y “susurra en sus oídos una corriente constante de cosas sexys”.

A pesar de ello, las opiniones de Deen sobre la violación han sido, cuando menos, contradictorias. En especial en lo que se refiere a las leyes “Yes Means Yes”, que promueven que ante de cada relación haya una aceptación manifiesta y libremente tomada. “Es la ley más estúpida que jamás he oído”, explicaba en 'The Daily Beast'. “Mi mamá intentó persuadirme sobre ello y me contó sobre los montajes que hay en los campus”. Tampoco ayuda mucho haber publicado tuits como “no es violación si dices antes 'sorpresa'… entonces es una fiesta”.

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Ten cuidado de los hombres que se definen como feministas, advierte E.J. Dickson en un artículo publicado en 'Mic', un perfil que cada vez abunda más en sustitución del “colega con chanclas o el follador con camisa de cuadros”. “Es emocionalmente inteligente pero no hace nada con su sabiduría”, define. “Es artístico. Es despierto. Es aun así un gilipollas”. Para la autora, “es su rapidez para adoptar una etiqueta que hasta hace poco ha sido vilipendiada por la cultura dominante lo que provoca un intenso escepticismo”. En el mejor caso, explica, son “desesperadamente infantiles” y, en el peor, “charlatanes utilizando el velo del feminismo para disfrazar sus pecados”. ¿Puede la historia de Deen y Stoya servir de relato con moraleja para la próxima vez que nos veamos tentados a convertir en un icono del feminismo a alguien por dos o tres declaraciones en una entrevista?

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