La miserable vida del pavo del presidente
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UN INDULTO ENVENENADO

La miserable vida del pavo del presidente

George Bush padre inauguró una tradición que ni es tan antigua como parece ni hace ningún bien por los animales. Como era de esperar, el indulto de Acción de Gracias es una farsa

placeholder Foto: Obama otorga el indulto a Abe en la tradicional ceremonia de Acción de Gracias. (Reuters)
Obama otorga el indulto a Abe en la tradicional ceremonia de Acción de Gracias. (Reuters)

Todos los años, el cuarto jueves del mes de noviembre, Estados Unidos celebra una de sus más grandes fiestas nacionales: el Día de Acción de Gracias. Y, como es costumbre en este tipo de celebraciones, los políticos aprovechan para mostrar su cara más amable. Barack Obama recibió ayerdos enormes pavos de casi 20 kilos –Honest y Abe– y, tal como han hecho sus sucesores en el cargo, les ha otorgadoel perdón presidenciallibrándoles de pasar por el horno.“He de confesar que Honest está para comérselo, pero esto es la democracia”, se encogió de hombros el presidente antes de anunciar el indulto (una medida de lo más democrática).

El acto, muy popular entre los niños, parece garantizar al pavo un larga vida de felicidad entre sus congéneres, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que estos animales no tienen una buena vida ni antes ni después de pasar por la Casa Blanca.

Como explica Zachary Crockett en 'Priceonomics', la National Turkey Federation, que desde 1947 es la encargada de criar los pavos del presidente, selecciona a 80 pavos recién nacidos que, desde su más tierna infancia, son preparados para protagonizar la ceremonia. Su dieta es distinta a la del resto, más rica en carbohidratos –principalmente maíz y soja fortificada– con el objetivo final de que superen los 20 kilos (más que la mayoría de perros).

Los pavos presidenciales son los que menos pueden gozar de un indulto, pues son criados para ser tan grandes que casi ninguno llega al año siguiente

Cuando se va a acercando el Día de Acción de Gracias, los granjeros seleccionan a los veinte especímenes más grandes y con mejor comportamiento y los entrenan para dar la talla ante las cámaras. Un pavo presidencial tiene que estar al menos 15 minutos aguantando fotografías con flash, grandes multitudes y ruidos fuertes, sin intentar largarse o –esto sería gracioso–atacar a algún político. De entre las dos decenas de pavos seleccionados, al final son dos los elegidos por el personal de la Casa Blanca para protagonizar la ceremonia.

En los días previos al evento, los animales son tratados con los más altos honores. Los pavos del año pasado, dos aves de Ohio conocidos como Mac y Cheese, disfrutaron de su propia habitación en un hotel de cinco estrellas, a 350 dólares la noche. Pero, pasado su momento de gloria, nadie se acuerda de ellos.

Durante años, los pavos indultados eran llevados a un parque de Virginia, pero desde 2005 se exponen en el Disneyland de California, donde al poco tiempo son reemplazados para continuar con la engañifla. Un reportero de 'ABC News' fue a visitar a los pavos indultados y descubrió la triste verdad: todos eran falsos. “Normalmente nos los encontramos muertos”, reconoció uno de los cuidadores. “Su carne crece muy rápido y su corazón, sus huesos y otros órganos no pueden mantenerla”.

Lo cierto es que los pavos presidenciales son los que menos pueden gozar de un indulto, pues son criados para ser tan grandes que casi ninguno llega al Día de Acción de Gracias del año siguiente. De los ocho últimos pavos perdonados sólo uno aguantó pasada esa fecha. Su drama es el mismo que el de las personas obesas: enfermedades cardiovasculares, problemas en las articulaciones, fallos respiratorios…

El pavo es un animal de granja que se cría para comer, no para que tenga una larga vida. Casi ningún pavo alcanza los cinco años, que es la media de los especímenes salvajes. Con la excepción de Cheese, el animal que Obama recibió el año pasado,no queda ningún pavopresidencial con vida. Su compañero Mac murió el pasado julio.

Una nueva tradición

No cabe duda de que el indulto al pavo no es más que una 'performance', pero lo curioso del asunto es ver como una ceremonia absurda se puede convertir de la noche a la mañana en una “antiquísima tradición”. Aunque John F. Kennedy perdonó a un pavo en 1963, sólo tres días antes de morir asesinado, el mandatario que inauguró la tradición fue en realidadGeorge Bush padre, en 1989.

“Se ve comprensiblemente nervioso”, dijo Bush en el Día de Acción de Gracias, “pero dejadme aseguraros de que él no va a acabar en la mesa de nadie, no este. Se acaba de ganar un indulto presidencial”.

Bill Clinton ni siquiera disimuló ante la prensa: “Me dan el pavo grande y dejamos que se libre para poder comerme al resto”

Tras el perdón de Bush, los siguientes presidentes no quisieron quedar como tipos sin clemencia y se apuntaron a la moda, aunque sin demasiado entusiasmo. Bill Clinton ni siquiera disimuló ante la prensa: “Me dan el pavo grandey dejamos que se libre para poder comerme al resto”.

Los siguientes presidentes, George Bush hijo y Barack Obama, han ido más allá en la tradición, perdonando dos pavos, aunque tampoco les hacía mucha gracia. “Courage también se librará de su terrible y delicioso destino”, dijo Obama en 2009, en relación a su primer pavo indultado. “Pero es sólo gracias a la intervención de Malia y Sasha, porque yo estaba listo para comérmelo”.

Lo cierto es que los mandatarios estadounidenses no se han distinguido precisamente por su amor a los animales, con una importante excepción, Abraham Lincoln, que fue, además, el presidente que instituyó el Día de Acción de Gracias como fiesta nacional. Él fue, en realidad, el primer presidente que indultó a un pavo, pero no obligado por una ceremonia “ancestral”.

En 1863 le regalaron un pavo a Lincoln para sacrificarlo en la fiesta, pero su hijo se encariñó de él, le puso por nombre Jack y, ya sabemos: cuando un animal tiene nombre parece que deja de ser comida. El pavo se libró del horno y se quedó a vivir en la Casa Blanca.

El día de las elecciones de 1864 se instalaron unas casetas de voto en el hogar del presidente para que el personal ejerciera su derecho a despedir al jefey Jack se estuvo paseando por la zona todo el día. Licoln le preguntó a su hijo: “¿Qué hace tu pavo entre las urnas? ¿Acaso vota?” –“No”, le contestó. “Todavía no tiene edad”.

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