14 COSAS QUE NO SABES DE LA MEDIANA EDAD

La vida secreta de los cuarentañeros

La periodista Sali Hughes, columnista de belleza en 'The Guardian' y 'The Telegraph', cree que nuestra vida cambia a los cuarenta, pero no del modo que solemos creer

Foto: ¿Qué descubriríamos de los cuarentones si pudiéramos observarles con una cámara oculta? (iStock)
¿Qué descubriríamos de los cuarentones si pudiéramos observarles con una cámara oculta? (iStock)

Pensábamos que no nos quedaba nada por ver en el mundo de los 'reality', pero a veces la realidad supera a la ficción. La cadena británica Channel 4 ha estrenado 'The Secret Life of 4 Year-olds' (“La vida secreta de los niños de cuatro años”), un programa en el que un grupo de 12 niños es observado en su día a día en la guardería.

Al margen de las críticas sobre la conveniencia ética de colocar una cámara en una clase de preescolar, el programa muestra cómo los niños resuelven sus conflictos, forman alianzas o lidian con el rechazo. Y algo queda claro: como decía uno de los psicólogos participantes en el programa, “la vida como adultos no es muy distinta a la del recreo”.

Tras ver el programa –que ha tenido un enorme éxito en Reino Unido–, la periodista Sali Hughes, columnista de belleza en 'The Guardian' y 'The Telegraph' y colaboradora habitual de la 'BBC', se ha planteado qué pasaría si las cámaras observaran el comportamiento de las personas de cuarenta años.

“Los niños tienen 'The Secret Life of 4 Year-olds' y los veinteañeros 'Gran Hermano', pero no ha habido todavía un programa equivalente (mitad entretenimiento, mitad antropología) para la gente de mediana edad”, afirma Hughes en un artículo en 'The Telegraph'. Pero, de haberlo, la periodista está convencida de que que nos daríamos cuenta de 14 verdades sobre su comportamiento.

1. Decimos que no a muchas cosas

“Esto incluye cualquier compromiso social que implique estar de pie durante mucho tiempo”, bromea Hughes. Los conciertos tienen que verse sentado, y en un sitio que no esté a una hora de casa, y sólo se acude a eventos en los que no haya que hacer cola. Cuando van a un bar los cuarentañeros no se quedan en la barra, se sientan en una mesa, y no es algo negociable. Esto es sólo un ejemplo: ya no toleramos muchas de las cosas que aceptábamos antes.

2. Los dolores son una realidad constante

“Cada vez que muevo el cuello o la muñeca después de un período de inactividad oigo el sonido de alguien palpando suavemente una bolsa de nachos”, reconoce la periodista. A los cuarenta nuestro cuerpo ya no es lo que era y hasta en las personas que han tenido siempre una vida saludable comienzan a aparecer achaques.

3. Queremos menos amigos, pero mejores

Hasta pasada la treintenta todos sentimos la necesidad de conocer a gente nueva y nos esforzamos por mantener en buena forma nuestras amistades. Pero cuando uno cumple 40, asegura Hughes, ya no tiene tiempo de preocuparse por los conocidos y los colegas: sólo importan los verdaderos amigos. Si un conocido se porta mal contigo desaparece de tu vida y no le das mayor importancia.

4. No vamos a sitios peores que nuestra casa

Cuando uno es joven tiene que apretarse el bolsillo para viajar y no le importa dormir en todo tipo de pensiones mugrientas, habitaciones de albergue con 20 personas y, lo peor de todo, tener un baño compartido. Pero muy poca gente de 40 años está dispuesta a salir de casa para vivir estas incomodidades ni, tampoco, para visitar un lugar o hacer algo que no le atraiga. “Soy lo suficientemente vieja para saber y aceptar que Dubái no es para mí, y estoy alegre de saber que nunca voy a ir a esquiar”, reconoce Hughes.

5. Podemos lidiar con los matices

“He pasado mi adolescencia, mi veintena y mi treintena sintiéndome del todo segura con mi opinión”, explica la periodista. “Ahora soy mucho más propensa a decir cosas como 'no sé' o 'no creo que sea tan sencillo'”. Esta ambigüedad, asegura Hughes, se extiende a todas las cosas: la política, las relaciones, la música, la religión… “Me alejo de las discusiones no porque sea más tolerante y simpática sino porque ya no estoy por la labor de tenerlas. Cuanto más sé, menos segura estoy de algo que no sea que la vida es irremediablemente confusa y la mayoría de las personas tienen buenas intenciones y es esencialmente buena”.

Me alejo de las discusiones no porque sea más tolerante y simpática sino porque ya no estoy por la labor de tenerlas

6. Tenemos gustos irracionales

La periodista reconoce que, a día de hoy, Take That le parece un grupo elegante. Lo mismo sucede con otros “placeres culpables” difíciles de reconocer cuando se tienen veinte o treinta años pero que se afirman con orgullo en la cuarentena, como que amas a Héroes del Silencio.

7. Todo el mundo te parece demasiado joven

Cuando cumples los 40 te das cuenta de que mucha de la gente que debería ser mayor que tú –tu médico, el director de tu banco, tus profesores...– son invariablemente más jóvenes. “Estoy conmocionada y horrorizada de que, aparte de mis hijos, haya gente que ha nacido tras la caída del muro de Berlín”, bromea Hughes.

Con cuarenta años la última copa puede desatar el infierno. (Corbis)
Con cuarenta años la última copa puede desatar el infierno. (Corbis)

8. La muerte se convierte en una preocupación

La muerte es algo que todos tenemos en mente desde que somos muy pequeños, pero a partir de los 40 la cosa cambia. Y no necesariamente para mal. “Pienso en la muerte todos los días porque estoy empezando a aceptar su inevitabilidad”, explica la periodista. “Esto es en cierto modo una cosa positiva”.

Los cuarentañeros, asegura la periodista, están menos interesados en las riquezas materiales que los jóvenes, pero se preocupan más por los bienes intangibles. “Ahora colecciono memorias felices de forma obsesiva, me tomo mi tiempo para disfrutar de mis seres queridos y planifico activamente la cosas que quiero hacer en vez de renunciar a ellas”, asegura Hughes.

9. Conocemos el precio y el valor de todo

La periodista reconoce que esta característica de los cuarentañeros parece contrariar el punto anterior, pero lo cierto es que, aunque cada vez se preocupa más por aquello en lo que gasta el tiempo, es incapaz de no emplearlo en algo insignificante: comparar precios. Cuando tiene que comprar algo recaba todas las opiniones, mira dónde está más barato y repasa todos los pros y los contras de su compra. “Ya no disfruto el optimismo ciego de la juventud”, concluye.

Con cuarenta años salir dos noches seguidas (como es habitual entre los jóvenes) es “físicamente imposible”

10. La apariencia sigue importando

Muchas personas aseguran que, a partir de cierta edad, dejaron de preocuparse por su apariencia. Pero Hughes cree que en la mayoría de los casos la importancia que le damos a nuestra belleza sólo aumenta con la edad: “No me emociona que mis párpados se caigan un poco y, definitivamente, me importa tener una talla entera más grande”.

11. Podemos pedir “perdón”

Aunque pueda parecer lo contrario, la periodista cree que el orgullo (o, más bien, la soberbia) disminuye con la edad. “Sé que muchas veces me equivoco y estoy feliz de poder decirlo porque sé que las personas beligerantes son totalmente insoportables”, apunta.

Post flight skin stress disorder / general mood comedown. @originsuk Original Skin mask emergency.

Una foto publicada por Sali Hughes Beauty (@salihughesbeauty) el

12. No sentimos vergüenza al llorar

El llanto es un sentimiento muy humano que todos experimentamos, pero a medida que nos hacemos mayores tenemos menos vergüenza de compartirlo con los demás. Hughes reconoce llorar a menudo con películas, canciones, viendo a parejas mayores, incluso con anuncios.

13. La moda resulta complicada

Al cumplir los 40 las decisiones sobre cómo vestir empiezan a complicarse: ¿puede alguien de mediana edad seguir vistiendo como cuando tenía 20 o 30 años? ¿Está bien seguir llevando vaqueros y zapatillas?

14. Sólo una copa más puede arruinar tu vida

Para acabar Hughes apunta el gran problema que tienen todos los cuarentañeros cuando deciden salir como si fueran jóvenes: ahora se emborrachan antes, se marchan los primeros y tienen las peores resacas de su vida. Por supuesto, salir dos noches seguidas (como es habitual entre los jóvenes) es “físicamente imposible”.

Alma, Corazón, Vida

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