EL LARGO VIAJE DE FRANZ HARARY

Es el mago más famoso del mundo, no le conoces y su truco es cómo hace dinero

La historia de uno de los grandes ilusionistas estadounidenses nos ayuda a entender la manera en que la industria del espectáculo y los trabajos asociados a ella ha cambiado en las últimas décadas

Foto: Harary en uno de sus espectáculos en la ciudad china de Guangzhou. (Corbis/Shen Dunwen)
Harary en uno de sus espectáculos en la ciudad china de Guangzhou. (Corbis/Shen Dunwen)

Analizar las industrias del espectáculo es una buena manera de adelantarse a las tendencias del mundo del trabajo que pronto pueden implantarse en otros sectores, a pesar de que su funcionamiento diste mucho del de los productos de primera necesidad. Por eso resulta interesante ver cómo el papel que en un pasado jugó un lugar como Las Vegas en la carrera de los profesionales del espectáculo hoy lo hacen las grandes urbes asiáticas a la hora de albergar durante largos períodos de tiempo a los artistas a los que su país de origen se les ha quedado pequeño, o que ya no les ofrecen las mismas oportunidades que en el pasado.

El popular ilusionista. (Corbis/Shen Dunwen)
El popular ilusionista. (Corbis/Shen Dunwen)

En ese sentido, es significativo el caso de Franz Harary. ¿Les suena? Probablemente no, a pesar de que en Estados Unidos sea reconocido como el gran ilusionista de las últimas décadas junto a David Copperfield (aunque, eso sí, sin una Claudia Schiffer que le hiciese aparecer en los medios rosa). Su representante en Los Ángeles creó para él un 'claim' definitivo: “El mago más famoso del planeta Tierra es un tipo del que no has oído hablar”. Una paradoja que define bien el punto en el que se encuentra la carrera de Harary, que lleva tres años sin actuar en Estados Unidos, pero que acaba de abrir en la antigua colonia portuguesa de Macao en el sur de China la ambiciosa House of Magic, un proyecto de 40 millones de dólares, como explica un reportaje publicado en el 'L.A. Times'. De igual manera que tendemos a infravalorar la influencia de 'Bollywood' en el cine global, también nos olvidamos que el gran espectáculo ha dejado de ser occidental.

El mago que conquistó la industria del espectáculo

Todas las biografías de Harary citan 1984 como el año que su vida cambió para siempre, y hay buenas razones para ello. Hasta entonces, el joven de 22 años se había limitado a hacer ilusionismo como aficionado, hasta que se le ocurrió montar un VHS con sus mejores trucos y enviárselo a Michael Jackson. Dicho y hecho: el rey del pop lo contrató al momento para crear los trucos visuales del Victory Tour de la Jackson Family. Básicamente, el trabajo de Harary consistía en hacer desaparecer y aparecer al popular cantante, así como que levitase por todo el escenario.

'Si no fuese por la industria de la música, la magia aún seguiría atrapada en los años 60', reconocía el ilusionista a finales del pasado milenio

Un trabajo complicado para un novato como él, pero que le abriría las puestas de una industria, la musical, en la que en aquel entonces mandaba la imagen. Era la época de la MTV, los videoclips y también, los superventas millonarios, una bonanza que permitió que estallase la experimentación en la escenografía de conciertos. ¿Qué mejor oportunidad para un ilusionista como Harary? La lista de clientes del mago es inacabable: de Janet Jackson, a la que convertía en pantera en uno de sus números, a Alice Cooper, a quien enseñó a descuartizar apropiadamente a una mujer, pasando por la escudería de Death Row Records, Cher, Tina Turner o N*SYNC.

“Si no fuese por la industria de la música, la magia aún seguiría atrapada en los años 60”, reconocía el ilusionista en una entrevista con el 'New York Times' en 1998, un buen momento para su trabajo después de que la austeridad del rock alternativo y el 'grunge' crease una pequeña crisis en las producciones pantagruélicas. “No hay otra industria que pueda permitirse experimentar al mismo nivel que la industria del pop”.

Su éxito para otros artistas le permitió desarrollar sus propios espectáculos, que presentó en largas giras por todo EEUU: entre los más célebres se encuentran sus actos de desaparición del Taj Mahal o de un transbordador espacial, así como los habituales troceados femeninos o la explosión en el escenario de artistas como Boyz II Men. Sin embargo, faltaba poco para la gran crisis de la industria musical, y con ella, el final de esa época de experimentación. Si hay que recortar en escenografía, los ilusionistas suelen ser los primeros en salir por la puerta.

Reciclándose en una industria en crisis

Para seguir los pasos de Harary en los últimos años hay que viajar al otro extremo del planeta. Más concretamente, a países como India o China. En el año 2010, el ilusionista fue el juez principal de un 'reality' llamado 'India's Magic Star', lo que le convirtió en una celebridad en dicho país y le llevó a realizar largas estancias de varios meses en casinos o salas de espectáculos de la India como Kingdom of Dreams. Fue también uno de los culpables del retorno de la magia en China, al aportar un carismático rostro occidental a las propuestas del ilusionista taiwanés Lu Chen.

En Las Vegas, sería uno más; en China o la India, no tiene ninguna clase de competencia

Fue poco después cuando se encontró con Lawrence Ho, propietario de varios casinos en la boyante Macao, que sigue un régimen administrativo semejante al de Hong Kong. Ha sido esta colaboración la que ha permitido a Harary relanzar su carrera en Asia. La House of Magic albergará hasta cuatro atracciones al día a 50 dólares la entrada y tiene un aforo aproximado de 300 personas que experimentarán ilusiones con un toque "retro-tech y steampunk". Hagan cuentas. Aunque como él mismo reconoce, deberá enfrentarse a la piratería, es decir, a todos los imitadores que copien sus trucos gracias a la difusión en canales como YouTube.

Este volantazo en la carrera de Harary está bien resumido en el artículo de 'LA Times' por el antiguo presidente de la Sociedad de Magos Americanos Les Sanders, que reconoce que el ilusionista nunca habría podido encajar en el “despiadado” mundillo de Las Vegas. “No creo que encaje con él, que es una persona genuinamente buena”, añade. Pero no se trata únicamente de una cuestión de carácter. Como el propio Harary reconoce, trabajando en Nevada no sería más que otro ilusionista, pero Macau le permite “controlar el mercado y que no haya nadie más que haga lo mismo que yo, gracias a dios”. Es decir: para ser el mago más famoso del mundo, paradójicamente, no hay nada como instalarse en la periferia.

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