El top 10 de los peores alimentos que se pueden comer en todo el mundo
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El top 10 de los peores alimentos que se pueden comer en todo el mundo

La comida tradicional nos ha entregado grandes platos, pero también, algunos preparados que no se nos habrían ocurrido ni en nuestras peores pesadillas. Aquí tienes una decena de los más asquerosos

Foto: Un plato con lutefisk (lo blanco que está arriba, a la izquierda). (CC/Enno)
Un plato con lutefisk (lo blanco que está arriba, a la izquierda). (CC/Enno)
placeholder Un plato con lutefisk (lo blanco que está arriba, a la izquierda). (CC/Enno)

Cuando hablamos de que un alimento es malo, podemos estar refiriéndonos a muchas cosas. Por ejemplo, a que es poco saludable. O que nos hace engordar. O que no aporta nutrientes. O que su sabor no es bueno. O, directamente, tal y como explicamos en un pasado artículo, que puede resultar peligroso. En esta ocasión, nos referimos a una mezcla de todo ello, aunque sobre todo, a aquellos alimentos que son profundamente desagradables.

Olvidémonos de la vanguardia culinaria: las cocinas tradicionales proporcionaron durante milenios a comensales de todo el mundo platos obtenidos a partir de recursos animales que no se le habrían ocurrido ni a Ferran Adrià ni al doctor Moreau. Comidas que, en muchos casos, parecían totalmente normales (y de lo más saludables), pero que harían revolver el estómago del más pintado. Adentrémonos en las catacumbas de la gastronomía tradicional.

Kumis

El también conocido como airag por las tribus mongolas es un producto lácteo elaborado a partir de la fermentación de leche, generalmente de yegua (como se ha hecho tradicionalmente). Los caballos han sido parte consustancial de la cultura del Asia Central –recordemos a Gengis Khan–, de ahí que les parezca natural consumir la leche que proviene de dicho animal. Al parecer, el sabor de la bebida es casi imperceptible y contiene alcohol (entre un 0,7% y un 2,5%), aunque haría falta beber una gran cantidad ingente del mismo para emborracharse. Hoy en día el kumis se puede encontrar en los supermercados, pero de manera muy diferente a la que es preparada por las tribus mongolas.

Durián

A simple vista, parece una planta jugosa y saludable, una mezcla entre un higo y una piña. Además, los asiáticos muestran un gran cariño hacia esta planta de la familia Malvaceae, que consumen regularmente e incluso llegan a exportar. El sabor, parece ser, no es muy desagradable. ¿Dónde está el problema? En su olor, que al parecer recuerda poderosamente al de la cebolla podrida, lo que la ha llevado a ser prohibido en algunos hoteles de Malasia. No sólo huele fatal, sino que su hedor queda impregnado durante horas en la habitación en la que ha estado. Pero, oye, parece ser que es afrodisíaco.

Lutefisk

Este nombre que parece nacido de la imaginación de H.P. Lovecraft se refiere a la comida tradicional nórdica hecha a base de pescado blanco seco (por lo general, bacalao) y sosa caústica. Un momento, ¿sosa cáustica? ¿Lo mismo que echamos por las tuberías de nuestra casa para desatascarla? Pues sí, y provoca que la comida adquiera una consistencia gelatinosa –y de paso, pierda su contenido proteico–, que después puede hornearse o cocinar al vapor con mucho cuidado. Suele consumirse en Navidad, acompañado de guarniciones consistentes como la panceta, las patatas o el puré. Además, si se nos va la mano con la preparación del lutefisk, no pasa nada: lo podremos utilizar como jabón.

Vino de bebé ratón

Producir bebidas alcohólicas a partir de animales es algo muy común en los países orientales. Aunque el vino de lagartija, con ginseng, es relativamente famoso, no lo es tanto el elaborado con bebés ratones, que le dan ese toque especial a la bebida. Se trata de un producto tradicional coreano, que se obtiene después de ahogar el bebé ratón de no más de tres días en el también tradicional vino de arroz para que fermente a lo largo de un año. Como era previsible, su consumo era habitual porque se creía que resultaba bueno para curar un gran número de enfermedades: la mayor parte de platos asquerosos han sobrevivido gracias a la creencia en sus facultades positivas.

Semen de bacalao

Si te gustó el vino fermentado en bebés ratón, te encantará la eyaculación de este pescado. Por lo menos, está claro que vuelve locos a un buen puñado de japoneses, donde se considera una delicatessen, hasta el punto de que importan gran cantidades de este líquido mágico de Alaska. El que piense que no es demasiado desagradable debe entender que se sirve crudo, acompañado por alguna salsa, y que su textura es gelatinosa. El nombre que recibe en japonés esta comida es shirako, que traducido significa “los blancos hijos”. Si es que son poéticos hasta para hablar de la lefa.

Boodog

Una carne tradicional mongola (¡hola de nuevo!) que resulta curiosa por su particular forma de ser cocinada: al igual que otros platos, la receta se lleva a cabo con piedras ardiendo, que en este caso se introducen en el interior del animal (por ejemplo, una cabra). Por lo general, se despelleja al animal y la piel obtenida se rellena con sal, cebollas y todos los órganos del animal que se quieran cocinar, así como las consabidas piedras. Se ha de cocinar prendiendo fuego al engendro resultante para que el pelo desaparezca y se cocine la carne del interior. Sabremos que está listo cuando la grasa empiece a desbordarse por la piel exterior. Que aproveche.

Escamol

Nada mejor para hacer un poco de limpieza de estómago que un buen plato de escamoles, que por una vez, tienen un nombre que no parece referirse a un parte recóndita de las entrañas animales. En realidad, con este nombre se conoce a las larvas de hormiga que han formado parte de la alimentación cotidiana de Mesoamérica durante siglos. Por lo general, se preparan fritas con mantequilla, aunque también pueden acompañarse con huevo o mole. Su precio hoy en día es elevado: los escamoles se cosechan anualmente durante la época de cuaresma y además de vivir a varios metros de profundidad son muy agresivos, por lo que no resulta nada fácil hacerse con todas las larvas necesarias para preparar un plato.

Khash

También conocido como pacha (no confundir con la popular discoteca) o kale pache, este plato tradicional de los Balcanes consiste básicamente en hervir una cabeza de vaca (y las pezuñas, aunque esto es opcional). Se trata de una comida reservada para las ocasiones especiales, generalmente en invierno. Si algún día te plantas delante de un plato de pacha (el término y la variante árabe), lánzate a por la lengua y las carrilleras, que son las partes más sabrosas. Aunque los españoles tampoco estamos para hablar mucho, que también tenemos tendencia a hervir la cabeza de ciertos animales, como los cerdos en Galicia.

Kiviak

La cena de Navidad de los inuit, toda una delicia, aunque nadie lo diría por su proceso de preparación. Este consiste básicamente en vaciar una foca y colocar en su interior un montón de alcas, una variedad de ave marina. Cuantas más, mejor. Se procede a coser la foca para que no entre nada de aire del interior y se deja fermentar el contenido durante 7 u 8 meses. ¡Voilà! Tenemos un montón de alcas fermentadas cuya carne sin cocinar está ya lista para servirse como plato principal en una gran festividad.

Balut

Si has llegado hasta aquí, enhorabuena. Tan sólo te falta por aguantar la descripción del alimento más desagradable de todos los tiempos. Al balut, una delicatessen de la cocina vietnamita, camboyana y filipina se le atribuyen propiedades afrodisiacas (cómo no) y consiste en hervir huevos incubados de pato a punto de nacer. Por ello, es bastante probable que al pelar la cáscara podamos distinguir todas y cada una de las partes del animal ya formados y que, al introducirlo en la boca, sintamos una amplia paleta de sensaciones y texturas en nuestra boca, entre ellas, la de los huesos o las plumas del animal. Un clásico de los mercadillos del sur asiático y de nuestras peores pesadillas.

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