SE HICIERON PRUEBAS A 58.000 PERSONAS

Una ecuación predice lo que vas a vivir (según lo que corras en la cinta)

Estas máquinas de 'fitness' eran utilizadas en las prisiones inglesas del siglo XIX donde obligaban a los prisioneros a caminar sobre ellas durante horas para mover molinos

Foto: Ni que hubiera pasado seis horas moliendo grano... (iStock)
Ni que hubiera pasado seis horas moliendo grano... (iStock)

Seguro que alguna vez habréis tenido la típica pesadilla en la que intentáis correr pero no os podéis mover del sitio. Bien, eso también ocurre en vigilia. Se llama subirse a una cinta de 'running' y sudar durante 15 o 20 minutos mientras clavas la mirada en un punto fijo, normalmente una pared o un televisor donde siempre proyectan los mismo videoclips en bucle. Tanto si eres un defensor acérrimo o crees que las cintas de 'fitness' son un algún tipo de penitencia por tus pecados gastronómicos, te interesará saber que correr 'hacia ningún lugar en concreto' alarga la vida y podemos probarlo matemáticamente.

Un grupo de científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins ha desarrollado una ecuación que podría predecir la esperanza de vida de una persona teniendo en cuenta el uso que hace de la cinta de correr. Lo llaman “Puntuación caminadora FIT” y lo testaron en unas 58.000 personas de entre 18 y 96 años a las que hicieron caminar en la cinta a diferentes velocidades.

Caminando para la ciencia. (iStock)
Caminando para la ciencia. (iStock)

El único requisito que se les pedía a los participantes era que no presentasen problemas cardiacos, ya que las pruebas medían el funcionamiento de sus corazones y pulmones a partir de la práctica de ejercicio y tests de esfuerzo y resistencia, junto a otros datos clínicos y demográficos.

Tras estudiar los resultados recogidos desde el año 1991, los investigadores hicieron un seguimiento de la mortalidad durante la siguiente década y se dieron cuenta de que el nivel de condición física es el mejor indicador de supervivencia, por encima del riesgo de padecer diabetes o tener un historial familiar de muertes prematuras. "La idea de que estar en buena forma física presagia un riesgo de mortalidad más bajo no es de ninguna manera nueva, pero hemos querido cuantificar ese riesgo, precisamente, por edad, sexo y nivel de condición física, mediante una ecuación elegantemente simple que no requiere pruebas adicionales más allá de la de esfuerzo estándar”, explica Haitham Ahmed, líder del estudio.  

Asimismo, el equipo de investigadores espera que esta ecuación se convierta en uno de los pilares de cardiólogos y centros de atención primaria y que sirva para “animar a las personas con resultados más pobres a ser más activas físicamente”.

¿Quieren conocer la fórmula? Pues tomen nota: (Porcentaje de ritmo cardíaco máximo previsto + 12 [equivalentes metabólicos de tarea] – 4 [edad]) al que habrá que sumar 43 si es mujer, dado que ellas tienen mayor esperanza de vida. En fin, que sale más a cuenta ponerse a correr para vivir más tiempo que dedicarse a hacer cálculos. Al menos ahora lo hacemos porque queremos y no porque nos obligan, aunque la máquina de correr se inventase más bien para lo contrario: torturar a prisioneros.

La cara B de la cinta

A principios de 1800, en Reino Unido, en plena época del desarrollo de la industria y la lucha de clases, los movimientos sociales, encabezados por intelectuales de la talla de Charles Dickens, empezaron a manifestarse por la mejora de las condiciones de vida de los presos, que estaban destinados a vivir el encierro o la deportación, en el mejor de los casos, cuando no acababan en la horca. Fruto de estas protestas, surgió en 1818 un nuevo invento heredero del entusiasmo capitalista, que convertía a los prisioneros en engranajes del sistema.

Los reclusos debían montarse en un artilugio gigante, a caballo entre las modernas máquinas de subir escalones y las cintas de correr, y tratar de sostenerse mientras “escalaban” los 24 peldaños que lo conformaban, una y otra vez. Y así durante seis horas al día, lo que equivale a ascender unos 4.200 metros, la mitad del Everest.

Aunque el argumento que esgrimió el Gobierno fue que estas máquinas mejoraban la forma física de los presos y, consecuentemente, sus condiciones de vida, en realidad su objetivo era otro: al subir escalones, los condenados bombeaban agua, molían grano y accionaban los molinos de viento. De ahí recibe su nombre en inglés, “treadmill”, que puede traducirse como “pisada o paso de molino”.

El éxito de este invento fue tal que en poco tiempo se instauró en más de 50 prisiones en todo Reino Unido y no tardó en llegar a los modernos Estados Unido, donde los guardas neoyorquinos llegaron a reconocer la “extrema crueldad” de estas máquinas, no porque resultasen extenuantes para los presos, sino por ser terriblemente monótonas.

Con el 'correr' del tiempo, su uso comercial se patentó e hicieron furor en los gimnasios de la década de los 70', donde era habitual ver hombres y mujeres ataviados con bandas para el sudor en la cabeza y chándal de nylon corriendo al ritmo de 'Night Fever'.  

Alma, Corazón, Vida

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