el peligro de la ideología académica

El ex gurú económico de Jeremy Corbyn alerta de un grave error

Las ideas que tanto asustan a Theresa May, como la tributación progresiva, la lucha contra la brecha fiscal o la expansión cuantitativa para el pueblo, fueron diseñadas por el profesor Richard Murphy

Foto: Richard Murphy. (Twitter @richardjmurphy)
Richard Murphy. (Twitter @richardjmurphy)

Jeremy Corbyn es el hombre de moda, ya que su elección como líder de los laboristas británicos ha significado un cambio cualitativo. Los políticos antiausteridad provenían de partidos nuevos o de un ámbito exterior a las formaciones mayoritarias. Tsipras o Iglesias, desde la izquierda, o Marine Le Pen desde la derecha, exigían sistemas económicos que estuvieran orientados de otra manera, pero lo hicieron desde fuera de las formaciones tradicionalmente vencedoras. Corbyn, como Bernie Sanders en EEUU, han dado ese giro desde dentro.

Algunas de esas ideas asustaron al 'establishment' laborista, como la tributación progresiva, la lucha contra la brecha fiscal o la expansión cuantitativa (quantitative easing) para el pueblo, fueron puestas en el programa por Richard Murphy, profesor de economía política internacional en la City University de Londres, quien dio cuerpo teórico a lo que se ha dado en llamar 'Corbynomics'.

El problema es que la academia está encerrada en su torre de marfil teórica, y luego va y aplica esas ideas en la práctica

La lejanía del laborismo establecido de Corbyn, que fue sustancial, también impregnó a Murphy, que acabó abandonando al nuevo líder laborista. Pero hace cuatro días, el economista publicó una carta disculpándose por haberlo hecho: pensó que nunca sería un líder y ahora sabe que estaba equivocado. Pero más allá de sus cuitas personales, el que fuera gurú de Corbyn alertó en The Conversation sobre un asunto de gran validez, que suele pasar desapercibido y que apunta hacia el centro de los mecanismos que se utilizan para conocer la realidad, y por tanto, de las opciones subsiguientes que se ponen en marcha para solucionar los problemas.

Los temas clave

Muchos profesores universitarios han señalado la gran distancia que hay entre lo que pasa ahí fuera y lo que se enseña en las aulas. Su crítica no tiene que ver con que los académicos estén encerrados en una torre de cristal teórica, y las materias que impartan en sus clases carezcan de aplicación en la práctica, sino de que efectivamente están encerrados en modelos teóricos de cristal que luego se aplican en la práctica.

No hay una forma de medir la realidad que esté libre de valores: las opciones que se rechazan son totalmente subjetivas

El problema de fondo es que el entorno académico ha girado cada vez más hacia aquella parte de la realidad que puede ser medida, lo que significa que ignora en sus análisis todo lo que no puede sintetizarse en cifras y todo aquello que, siendo medible, no puede cuantificarse porque no se adapta a los instrumentos que se utilizan. Este asunto es de gran importancia en esas disciplinas que se alejan de las ciencias puras, como la política, la sociología, y cómo no, la economía.

Lo que subraya Murphy en su artículo es que debe analizarse con sumo cuidado una serie de temas clave:

1. Qué deciden medir y cuál es la utilidad de lo medido.

2. Cómo se construyen los instrumentos de medición y qué se pretende comunicar con ellos.

3. Cuál es el papel que juegan los economistas en ese proceso, si su origen y su ideología pueden influir en su actividad científica y, como consecuencia, qué han optado por omitir de las mediciones.

Murphy se plantea estos interrogantes porque sabe que “no hay forma de medición que esté libre de valores, que las herramientas que se utilizan y las opciones que se aceptan o rechazan son totalmente subjetivas y que la elección de lo que se mide no es banal, porque termina enmarcando los debates que tenemos”.

La realidad es lo que queremos que sea

El ámbito académico está plagado de estudios que demuestran justo lo que se estaba buscando demostrar, a veces intencionadamente y otras muchas como consecuencia de creer ciegamente que la posición teórica del investigador es la más adecuada para dar cuenta de la realidad. Como contaba John Bohannon, hay maneras de encontrarse con lo que uno busca que no implican una tergiversación de los datos. Basta, por ejemplo, con medir muchas magnitudes de una pequeña muestra para que aparezcan algunos resultados que nos interesan; o basta con reducir la realidad justo a lo que queremos medir; o basta con emplear instrumentos de medición que no puedan salirse de los márgenes que hemos previsto como adecuados.

Más allá de las simpatías y antipatías que generen las soluciones económicas que Murphy propone, su advertencia es muy pertinente

Este es un problema creciente entre unas ciencias que cada vez más se exhiben como limpias y objetivas y que acaban siendo parciales y sometidas a la perspectiva teórica de los investigadores. La economía es una de ellas, y últimamente más, tan dada como es a modelizaciones matemáticas que justifican acciones reales pero que son inefectivas. El deficiente funcionamiento de nuestra economía es buena muestra de que siguiendo al pie de la letra la teoría se llega a situaciones claramente ineficientes.

Más allá de las simpatías y antipatías que generen las soluciones económicas que Murphy y Corbyn proponen, la advertencia del profesor británico es muy pertinente. Nuestra ciencia está cada vez más ciega al poder de las mediciones, sin darse cuenta de que los resultados extraídos de ellas son a menudo resultado de la ideología académica.

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