lugares a los que no volver

Así te hacen la puñeta en bares y restaurantes (sin darte el palo en la cuenta)

El pasado mes hemos conocido trucos descarados de los restaurantes para cobrarte de más. Pero te pueden fastidiar el día sin necesidad de incrementar arbitrariamente su factura

Foto: Para hacerles cruz y raya, y no volver jamás. (iStock)
Para hacerles cruz y raya, y no volver jamás. (iStock)

Son muchas las personas que se ven obligadas a comer fuera de casa a diario. Sí, claro, podrían llevarse tupper con comida casera pero la vida no siempre es tan maravillosa. También los hay que simplemente disfrutan saliendo a cenar o yéndose de cañas con sus conocidos. ¿Acaso hay que culparles de querer pasar un rato ocioso? Parece que algunos locales de hostelería pretenden castigarnos por acudir a sus mesas, cuando estaban tan tranquilos con el local vacío. Lo sentimos.

Más allá de que nos cobren por el pan cuando ni nos lo comemos –ni nos han avisado de su precio–, que los precios de la carta no incluyan el IVA que lleva, los suplementos por usar cubiertos o por pasarnos más la carne –sin que hasta la fecha se conozca ningún descuento porque nos la sirvan cruda– o porque sea más caro tomarnos si nos movemos a un metro de la barra, hay cosas que se escapan de lo monetario. Eso es hacer daño gratuito, que se dice. Y así lo reconoce hasta FACUA-Consumidores en Acción.

Con el hashtag #BaresParaNoVolver, la organización dedicada a la defensa de los derechos de los consumidores ha denunciado más de una veintena de abusos que podemos sufrir en ciertos bares y restaurantes, y algunos van más allá de los precios.

Lo traen de otros puntos del mundo (al momento)

'Esto… ¿dónde está mi crema fría de verduras?', te preguntas alertado a los veinte minutos de espera empezando a pensar si es que, acaso, han decidido ir a la huerta a por los calabacines y el puerro y piensan pelarlos, hervirlos, cocinarlos y ENFRIARLOS en los siguientes minutos. Es agradable que la comida no lleve emplatada varias horas antes de que la pidas, pero en algunos bares y restaurantes parece que han tenido que ir a buscar los granos de café en un vuelo chárter a Colombia. Las prisas no son buenas consejeras, pero trata de recordar en cuántos sitios en los que has tenido que esperar después la comida estaba realmente recién hecha…

A productos gratis, oídos sordos

“El camarero sufre un síndrome de sordera selectiva y no percibe el sonido que producen ciertas combinaciones de palabras como 'un vaso de agua del grifo' o 'me podría cambiar los cubiertos'”, ironizan desde Facua. Lo cierto es que se muestran amables y atentos ante la ronda de más de gin-tonics con frutas del bosque, pero no esperes que te presten atención si en la segunda les pides 'un hielito más, por favor'.

Te pegas a la mesa

Tampoco tienen que sacarte un mantel limpio, encender una vela en tu honor y darte un cálido abrazo, pero oye, pasar una bayeta –¿tan caras son como para que en muchos locales no las cambien casi desde que se fundó el restaurante allá por los años noventa?– por la mesa cuando se sientan unos nuevos comensales es un detalle digno de agradecer. A nadie le resulta agradable que le tomen nota cuando la mesa aún está llena de migas y otros restos inidentificables. Lo peor es que los sabes: van a servirte los platos y bebidas sin haberlas limpiado.

Lo barato fuera de la carta

“Una ley de 1965 obligaba a los restaurantes a ofrecer un menú diario con primer plato, segundo, pan, vino y postre”, explican desde Facua. Claro que muchos no se han enterado de que aquella ley fue derogada. ¡Salvados! Sí, pero lo triste es que hay muchos que siguen pensando que deben incluirlo entre sus servicios y, para que no lo pida nadie, lo ponen en un lugar recóndito y escondido de la carta. Cierto, no te cobran más, pero tampoco menos porque esas opciones son prácticamente invisibles al ser humano. “Sus propietarios son tan listillos que creen que están saltándose una ley que ni siquiera existe”, denuncia desde la organización.

Cuando te marginan

Te has puesto la capa de invisibilidad de Harry Potter y no lo sabías. Algo así debe ocurrir, porque llevas un largo rato ahí sentado y atienden a cualquiera antes que a ti. Tu ira está aumentando por minutos (porque, las cosas como son, si pasan de todo el mundo por igual te sientes parte del grupo y no te importa tanto) y, para colmo, cada vez es más cantoso que el camarero está ignorando por completo tus súplicas fingiendo que mira al horizonte. Pero nunca donde estás tú. Nunca.

“Lo peor es cuando acaban sirviendo los platos a un ritmo distinto para cada comensal y a tu acompañante le ponen el postre mientras a ti todavía no te han servido el primer plato. Y tu comida llega por fin... fría”, puntualizan desde la organización sin ánimo de lucro.

Cuando llevas media hora rogando que te cobren, el 'sin-pa' quizás está justificando. (iStock)
Cuando llevas media hora rogando que te cobren, el 'sin-pa' quizás está justificando. (iStock)

¿Yo he pedido esto?

Una imagen vale más que mil palabras, y que otros cientos de platos de comida. Esa fideuà que parecía tan apetecible en foto no son más que fideos finos con caldo de brick y un pastillote de Avecrem. Piensa que igual que nadie es tan atractivo como en su foto de perfil de redes sociales, casi ningún local va a poner la imagen real de sus grasientas y descoloridas raciones. De todos modos, la culpa no es del todo suya: si cuando vas al McDonalds sabes de sobra que la hamburguesa que pides NO va a tener ni tanto volumen ni sus ingredientes colores tan vivos y saludables, ¿cómo te has podido tragar lo de la tabla de patatas con salsas? No, en serio, ¿cómo te las vas a tragar si están más secas que la mojama?

El misterio del datáfono

Igual te suena: pides la cuenta pensando pagar con tarjeta pero la máquina se les averió ayer. ¡Justo! “Es algo que debieron indicar con un cartel, justo donde dicen que admiten el pago con tarjeta, y que el camarero tendría que haberte informado al llegar”, advierten los expertos. No te queda otra: escoge al miembro del grupo de comensales con mejor sonrisa –y más batería en su móvil, no vaya a ir para largo– y déjale de señuelo de la que vas a un cajero.

¿Esto se puede comer?

Lo de las fotos es de broma, pero hay veces que nos traen comida que directamente está pasada –y no nos referimos a hacerle al camarero el clásico chiste de 'por aquí' señalando nuestra garganta cuando nos preguntan '¿qué tal la comida?'– y no parece ni del día ni salubre. Quizás no lo sabías, pero “si el plato está incomible o no tiene nada que ver con lo que has pedido, puedes negarte a pagarlo. Y si sufres una intoxicación alimentaria, no dejes de reclamar una indemnización por daños y perjuicios”, informan desde Facua.

El paseo a los servicios: tiembla

En ocasiones, al bajar (al fondo a la derecha) a los servicios, te sientes como la agente especial Dana Scully cuando se colaba en medio de la noche –en serio, ¿no era mejor ir de día?– en la rancia y carcomida casa del asesino en serie de turno. Vaya, que lo mínimo que esperas encontrarte en aquel inhóspito lugar son algunos restos de pelo humano y de tinte de mala calidad de alguien que ha estado allí cambiando de look para poder continuar huyendo de la policía. Pero no vives en un telefilme y te llama poderosamente la atención cuando carecen de papel higiénico, jabón de manos o, sí, pestillos.

Parece que hay que ir a dar dos besos al encargado si están equipados con algún producto higiénico. Que casi lloras de alegría. El problema, como denuncian desde Facua, es que en muchos locales “pretenden que pagues por entrar en el servicio”, algo que es tan legal “como que tú les cobres por tirar de la cisterna”, bromean.

Alma, Corazón, Vida

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