CONTRA LA OBESIDAD, MANO DURA

Se acabaron lo subsidios del desempleo para los gordos: el plan que viene

El gobierno británico ha encargado un informe que calcule cuánto cuesta al erario público mantener ayudas a borrachos, obesos y drogadictos. Su intención es retirar toda clase de ayudas

Foto: ¿Es la obesidad un problema económico? (Corbis)
¿Es la obesidad un problema económico? (Corbis)

El pasado febrero el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, anunció su intención de retirar las prestaciones sociales a los desempleados británicos con problemas de obesidad o alcoholismo que no cumplan el tratamiento médico para adelgazar o desengancharse.

“Algunos tienen problemas de alcohol o de drogas, pero rechazan tratarse. En otros casos, hay gente que tiene problemas de peso que se podrían solventar, pero en lugar de eso eligen llevar una vida sustentada por las ayudas y no trabajar”, sostuvo Cameron al anunciar su propuesta.

Cuando el líder conservador presentó la medida, a sólo tres meses de las elecciones generales, recibió duras críticas de la oposición, que calificó el plan como “estúpido” y “patético”. Pero, tras vencer por goleada en los comicios, el premier británico ha vuelto a la carga y asegura que su plan respecto a los obesos, alcohólicos y drogadictos van muy en serio. Y será incluso más duro de lo que anunció en un principio.

El gobierno británico ha pedido esta semana la realización de un informe a gran escala que calcule cuánto cuesta al erario público mantener las ayudas a estos enfermos. Su intención, asegura, no es punitiva. El objetivo, insisten, es encontrar “la mejor forma para que aquellos que sufren una enfermedad a largo plazo, pero curable, vuelvan a trabajar o mantengan su puesto”. Ahora bien, tendrán que hacerlo sin un duro, porque Cameron está dispuesto a retirar toda clase de ayudas.

¿Cuánto cuesta una enfermedad?

Según datos del gobierno británico, la obesidad cuesta al Sistema Nacional de Salud 5.000 millones de libras al año y 27.000 millones a la economía en conjunto. En mayo de 2014 había 7.440 personas en edad de trabajar con un subsidio por discapacidad debido, principalmente, a la obesidad. También se concedieron 240 subsidios por invalidez grave y 1.540 parados en busca de empleo recibieron una ayuda por este motivo.

Pero el gobierno cree que estas cifras subestiman el número total de personas que se benefician de algún tipo de subsidio por su obesidad, pues mucha gente padece enfermedades causadas o empeoradas por el sobrepeso.

Los economistas encargados de elaborar el informe evaluarán el coste en detalle de estas enfermedades para retirar las prestaciones a quien no se trate

El documento de consulta, en el que se encarga la elaboración del informe a la profesora Carol Black, directora de The Nuffield Trust, sostiene que “aunque muchas enfermedades de larga duración son potencialmente tratables, el sistema actual falla al asegurarse de que todo el mundo recibe un cuidado efectivo y un apoyo especial al empleo. Esto mantiene a mucha gente sin trabajar, atrapándoles en el paro y la dependencia de las ayudas”. Ayudas que, si prosperan los planes de Cameron, podrían empezar a perder.

El gobierno también pone el foco sobre alcohólicos y drogadictos. Según el documento presentado, hay al menos 90.000 personas en Reino Unido que reciben ayudas por enfermedades cuya causa primaria es la adicción al alcohol y las drogas. Esto, según Downing Street, significa que el 25% de los alcohólicos y el 80% de los adictos a la heroína o el crack están recibiendo subsidios estatales.

“El consumo abusivo de alcohol le cuesta al Sistema Nacional de Salud 3.500 millones de libras al año, 11.000 millones a la policía [para combatir el crimen asociado a este], 7.000 millones a la economía, por la perdida de productividad, y 15.400 millones al Estado, debido a los subsidios”, asegura el documento presentado por el gobierno.

Los economistas encargados de elaborar el informe evaluarán el coste en detalle de estas enfermedades, a fin de establecer argumentos económicos claros para retirar las prestaciones a todas aquellas personas que no sigan tratamiento. En particular, estimarán cuánto podría ahorrar el Estado al introducir un régimen de ayudas más rígido.

David Cameron durante su visita a Singapur, en la que habló sobre su plan de reducción de costes. (iStock)
David Cameron durante su visita a Singapur, en la que habló sobre su plan de reducción de costes. (iStock)

Monetizando la salud

Cameron, que ha estado de visita en Singapur, ha explicado a los periodistas que su intención es asegurarse de que la gente que necesita tratamiento lo demande: “Queremos dar a todo el mundo la oportunidad de mejorar sus vidas, y para algunos eso significa, antes que nada, lidiar con sus problemas de salud subyacentes”.

Ahora bien, el primer ministro deja claro que es aún más importante recuperar el dinero que, supuestamente, se está gastando en sostener a estos enfermos. “Tenemos que mirar qué hacemos cuando la gente simplemente rechaza la ayuda pero espera que los contribuyentes financien sus subsidios”, ha asegurado el político conservador. “En los próximos años quiero ver cómo mucha gente supera la enfermedad y se pone a trabajar, y Carol Black me va a explicar cuál es la mejor forma de lograrlo”.

Decir que no vamos a dar ayudar a la gente porque está gorda debería hacer que pensemos en qué país nos hemos convertido

Dado el enorme respaldo electoral logrado, Cameron no tiene ninguna necesidad de maquillar un discurso liberal que ha convencido a una amplia mayoría de los británicos, pero eso no quiere decir que no reciba críticas, sobre todo de parte de médicos y agentes sociales.

En opinión de Alastair Campbell, antiguo asesor de los laboristas y conocido activista antialcohol, Cameron describe la adicción “como un estilo de vida, no como una enfermedad”, y en vez de invertir en tratamientos y medidas preventivas –como elevar los impuestos sobre el alcohol o crear unos nuevos para la comida poco saludable– prefiere optar por el castigo.

“La gente que camina por Londres y ve a gente durmiendo en un saco en la calle debería preguntarse si esas personas en realidad han elegido estar ahí”, explicaba Campbell en un programa de radio de la LBC. “No lo han elegido, son alcohólicos o drogadictos debido a su enfermedad. Una enfermedad, y es así como debe ser tratada. Decir que no vamos a dar ayudas a la gente porque está gorda o porque bebe demasiado debería hacer que nos planteemos en qué nos hemos convertido como país, quién es nuestro primer ministro y cómo queremos tratar las enfermedades graves”.

De opinión similar es Susannah Gilbert, portavoz de Big Matters, una asociación que ofrece ayuda a las personas obesas.“Creo que es ingenuo pensar que las personas no quieren cambiar sus vidas”, explicaba la activista en la BBC. “La mayoría de personas no son felices con su peso y quieren cambiar. Muchos de ellos han probado todas las dietas que existen y siguen teniendo un problema de salud. Pensar que se niegan a recibir ayuda no es cierto”.

Una tendencia anglosajona

El discurso de Cameron puede sorprender en España, donde todavía la mayor parte de políticos tienen reparos en mezclar con total franqueza los temas sanitarios y económicos, pero es algo cada vez más habitual en los países con mayor tradición liberal. Como explicaba en una reciente entrevista con El Confidencial el periodista estadounidense George Packer, la concepción del mundo mayoritaria en su país (y es similar a la de Reino Unido) pasa por poner toda la responsabilidad en el individuo. Y esto en lo que respecta a las adicciones ofrece un mensaje claro: puedes curarte si crees y luchas por encontrar una solución. Y si no lo logras es porque no quieres. ¿Por qué se te debería mantener entonces?

¿Quitar el subsidio a las personas obesas o con problemas de adicción empujará a éstas a curarse o terminará por estigmatizarlas por completo?

La medida propuesta por el Gobierno británico no es, ni de lejos, un caso aislado. Hay aerolíneas que han anunciado que cobrarán más a los pasajeros que excedan de un determinado peso  o asociaciones de policías que han propuesto que los borrachos dejen de ser encerrados en comisaría y sean custodiados en depósitos privados, cuyo coste no incida en las arcas públicas. Y es de prever que este tipo de iniciativas vayan a más.

Hoy damos por sentado que es justo que productos como el alcohol o el tabaco soporten impuestos más elevados porque, al tener consecuencias nocivas para la salud, terminan provocando un gasto sanitario mayor. Un razonamiento similar está detrás del intento de tasar las bebidas con demasiado azúcar en EEUU. Pero la medida anunciada por el Gobierno británico va mucho más allá. Puestos a culpar a la gente de enfermar, podríamos retirar toda clase de ayudas a los enfermos de sida que no habían tomado las suficientes medidas anticonceptivas o los diabéticos que fueron demasiado golosos. Todos ellos cuestan dinero al Estado.

¿Quitar el subsidio a las personas obesas o con problemas de adicción empujará a estas a curarse o terminará por estigmatizarlas por completo, creando una mayor exclusión social en sociedades ya de por sí muy desiguales? Es la pregunta que todos deberíamos hacernos ante este tipo de iniciativas.

Alma, Corazón, Vida

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