¿eXAGERADA, MITIFICADA O REAL?

La masacre que cometieron los vascones: una visión alternativa de Roncesvalles

Miles de soldados del ejército transpirenaico intentaban colarse por el desfiladero de Roncesvalles huyendo del acoso de los ejércitos árabes y de su implacable caballería, pero iba a ser su fin

Foto: Riscos cerca de Roncesvalles donde probablemente tuvo lugar dicha batalla. (Corbis)
Riscos cerca de Roncesvalles donde probablemente tuvo lugar dicha batalla. (Corbis)

El problema principal del esclavo no reside en las calamidades que tiene que soportar día tras día, sino que es más bien el bloqueo que el ego ejerce sobre su pensamiento lo que no le permite cuestionar su esclavitud.

Zenk

Era un sonido antiguo, cavernoso, ancestral y electrizante. Desde los profundos valles pirenaicos cercanos al Bidasoa, desde los tupidos bosques, tenebrosos y oscuros de tilos, hayas y castaños, una ola in crescendo volaba sobre las copas de los árboles del Baztán, Aralar, Oyarzun y zonas aledañas. Era un rumor que crecía sin parar, que avasallaba, sobrecogedor .

Las pretensiones de Carlomagno de crear una Marca Hispánica Carolingia al sur de los Pirineos (una defensa adelantada o estado tapón) tropezaron con todo tipo de obstáculos inesperados o al menos previsibles para un estratega con dos dedos de frente; pero no era este el caso. Los francos, muy seguros de sí mismos, iban sobrados en su expedición al sur.

Los vascones llevaban bastante mal que les levantaran sus celebrados quesos, sidras y otras manducas así sin más

En su fallido intento por someter a Zaragoza y Pamplona se imponía la retirada por el desgaste tan tremendo de la campaña. Miles de soldados del ejército transpirenaico intentaban colarse por el desfiladero de Roncesvalles huyendo del acoso de los ejércitos árabes y de su implacable caballería, pero no habían reparado en que aquellos bosques eran una trampa mortal. La zona bajo pirenaica aledaña a la actual Navarra estaba cubierta por una tupida foresta cuyo silencio albergaba más de una sorpresa, y sus ancestrales habitantes, los vascones, eran muy reacios a las visitas sin presentación.

La lentitud de las caballerías con la impedimenta, la infantería deambulando por senderos impracticables, dificultades asociadas a un entorno hostil donde los haya, hicieron caer en una ratonera a un sector del ejército franco que se encontró sin maniobra frente a unos autóctonos que manejaban la honda, la jabalina corta y el arco con una pericia incontestable. El bosque era todo él una premonitoria tumba.

La causante de la rapidez en la respuesta o tiempo de reacción ante aquella afrenta había sido un pequeño artilugio musical tradicional en el País Vasco.

Una emboscada para los anales

La txalaparta siempre ha sido un instrumento de percusión asociado a lo festivo. Ya fuera en las bodas de antaño o de hogaño, ya fuera en la fiesta de la sidra e incluso en fiesta menores; se convocaba a los vecinos de los valles cercanos para la celebración de cualquier evento que este antiquísimo y milenario instrumento musical vehiculaba con una rapidez fuera de toda duda.

La txalaparta fue decisiva en el resultado de esta batalla. (CC/Michael Hoefner)
La txalaparta fue decisiva en el resultado de esta batalla. (CC/Michael Hoefner)

Pero también tenía otras aplicaciones menos prosaicas. Su inmediatez y celeridad como herramienta de comunicación derivó ocasionalmente en su conversión como "arma de guerra". Uno de los casos más patentes fue durante la batalla de Roncesvalles, en la que el ejército franco en su retirada fue masacrado en la retaguardia por una numerosa y cabreada multitud de lugareños que no habían visto con buenos ojos como sus tierras eran holladas y expoliadas sin más.

Los vascones no eran belicosos en el sentido literal de la palabra, pero sí eran alérgicos a las visitas inesperadas y por ello actuaron en consecuencia. Lo de los francos era una actitud inadecuada y además se habían llevado todas las existencias y condumio de la comarca en su precipitada retirada. Los vascones llevaban bastante mal que les levantaran sus celebrados quesos, sidras y otras manducas así sin más. Una cosa era compartir y otra bien diferente que te levantaran el chuletón. Por lo que se pusieron manos a la obra.

A los territorios ganados a los musulmanes se les denominó Marca Hispánica, una amalgama hecha por condados dependientes de los monarcas carolingios

Al pasar por el imponente desfiladero de Valcarlos (transformación etimológica de Vallis-Karoli), la retaguardia del ejército franco, ya con enormes dificultades de maniobra por lo angosto del camino, quizás unos 20.000 soldados acaudillados por Roldán, sobrino de Carlomagno y por la crème de la aristocracia franca –los Doce Pares de Francia–, fue desbaratada y literalmente aniquilada el 15 de agosto del año 778 por una heterogénea hueste formada probablemente por contingentes de tribus vasconas que habían acudido convocados por el llamado de la txalaparta y por el empuje adicional de los árabes hacia el embudo pirenaico; una pinza descomunal .

Una redacción casi coetánea de la época, los Anales regios, hacen protagonistas de la emboscada únicamente a los vascones, tanto a los sureños como a los transpirenaicos, aunque Ramón Menéndez Pidal apunta la hipótesis de que la caballería árabe de los Banu–Quasi de Zaragoza ya venían hostigando a los de Carlomagno metiéndolos en el cuello de botella del territorio vascón, que a la sazón ocupaba una importante parte del norte peninsular y el extenso territorio de la Aquitania francesa, al cual también le había echado el ojo el rey franco.

A mirar la historia con retrospectiva

Pero la política de hechos consumados hizo que a los territorios ganados a los musulmanes se les denominara Marca Hispánica, una suerte de amalgama hecha por condados dependientes de los monarcas carolingios, de los cuales el más importante sería el de Barcelona. Los intentos de Carlomagno, rey de los francos, por asentarse en la Península Ibérica y establecer “estados-tapón” que impermeabilizaran sus dominios de las “razzias” musulmanas, política seguida desde Carlos Martel, abuelo de Carlomagno, vencedor en la batalla de Poitiers, habían sido infructuosos o al menos bastante inestables. Por ello se había intentado controlar las ciudades más importantes de la zona, Pamplona, Barcelona y Zaragoza, estas dos últimas en manos de los musulmanes.

En el caso de la ampliación del imperio Carolingio hacia la Aquitania vasco francesa, este avance no se produciría de la manera expeditiva deseada por el rey franco. El proceso de conquista sería más lento de lo esperado. El aldabonazo al deseo expansionista sobre estos territorios atlánticos vendría a través de tratados y no de dominación pura y dura. Los vascones opondrían una durísima resistencia que conduciría a una negociación con pactos respetados durante larguísimos años por nuestros vecinos del norte.

La mitificación de esta confrontación por parte del nacionalismo vasco no tiene ningún fundamento

Aunque las crónicas de la época y posteriores intentan minimizar el desastre franco a manos de los vascones –caso del Cantar de Roldán–, no es menos cierto que por negar la evidencia, esta no ocurriera. Otra cosa bien distinta es la postura de los historiadores en relación a los matices de esta batalla.

La mitificación de esta confrontación por parte del nacionalismo vasco no tiene ningún fundamento –que diría el ilustre maestro de fogones y filósofo del pueblo, Arguiñano, en su efervescente jerga culinaria. La batalla de Roncesvalles no guarda ninguna relación con guerra de liberación alguna de los vascos contra los francos sino que es el interés de los francos por protegerse de un posible ataque musulmán el acto predominante en esta historia, aunque bien es cierto que el protagonismo de los vascones dé lugar a interpretaciones más cercanas a la mítica necesaria para argumentar pasados gloriosos, que por otra parte no se le pueden negar al pueblo vasco, pero que en el caso que nos trae podrían parecer algo exagerados.

Conclusión, que a los vecinos del otro lado de los Pirineos no les sienta nada bien pasearse sin la debida autorización más allá de sus fronteras naturales, por lo que lo que conlleva de severos correctivos; y si no, a mirar la historia con retrospectiva.

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