Vacaciones en pareja: las mejores claves para que no se conviertan en un infierno
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PUEDE LLEGAR A SER UN PERÍODO DESAGRADABLE

Vacaciones en pareja: las mejores claves para que no se conviertan en un infierno

El verano es un período en el que los problemas de convivencia pueden multiplicarse y, en algunos casos, incluso hacer replantearse a los miembros de la pareja la decisión de continuar juntos

placeholder Foto: Evita que los días que deberían dedicarse al descanso terminen convirtiéndose en una pesadilla. (iStock)
Evita que los días que deberían dedicarse al descanso terminen convirtiéndose en una pesadilla. (iStock)

Llega el verano, el sol, los días largos, las noches agradables y todos estamos deseando que empiecen las vacaciones para poder disfrutar de tiempo libre, hacer lo que nos gusta y pasar tiempo con nuestros seres queridos. Si tenemos pareja, es muy probable que nos apetezca hacer planes con ella pero, lo que a priori puede sonar idílico, puede llegar a convertirse en un periodo muy desagradable donde los problemas de convivencia pueden multiplicarse y, en algunos casos, incluso hacer replantearse a los miembros de la pareja la decisión de continuar juntos. Para evitar al máximo que esto pase, hay algunos consejos que sería interesante tener en cuenta:

1. No idealicemos. Es cierto que las vacaciones son para descansar, desconectar, divertirnos…, pero igual que no todo es perfecto en el día a día, tampoco las cosas van a ser ideales durante las vacaciones. Toleremos que algo no salga como habíamos esperado, que las cosas no sean exactamente como nos gustaría que fueran, que el destino de vacaciones no sea todo lo estupendo que nos habíamos imaginado, que haya desacuerdos, discusiones, cosas que no nos gusten de nuestra pareja. Así nos decepcionaremos mucho menos y podremos disfrutar de lo bueno de un modo realista.

A menudo nos decepcionamos si el otro no quiere lo mismo que nosotros, si opina de un modo distinto o si le gustan cosas diferentes

2. Dediquemos tiempo a algo más que a la pareja. Algunas personas pasan de casi no verse con su pareja a estar 24 horas juntos durante las vacaciones. Desengañémonos, por muy bien que nos llevemos, la convivencia es la convivencia y los roces llegarán. Además, afortunadamente en la vida hay muchas otras cosas más allá de la pareja: los amigos, la familia, el ocio personal, compatibilicémoslo y permitamos que el otro lo compatibilice sin sentirnos abandonados ni poco queridos por ello.

3. Busquemos tiempo a solas con nuestra pareja. A veces organizamos las vacaciones de tal modo que, además de estar con nuestra pareja, también estamos con otras personas: “nos vamos unos días a casa de mis padres, otros con mis suegros, luego con unos amigos…” pero, ¿y el tiempo a solas con nuestra pareja? No sólo la cantidad, también la calidad del tiempo que dedicamos a la relación es importante. Aunque estemos con familiares y amigos, podemos buscar ratos para estar a solas, hablar de nuestras cosas, decirnos lo que nos ha molestado, lo que queremos, tener un contacto físico más íntimo, etc. Puede que a nuestro entorno no siempre le parezca bien ni lo entienda, pero se trata de cuidar nuestra relación y por ello merece la pena que pongamos ciertos límites.

4.Negociemos. A menudo nos decepcionamos si el otro no quiere lo mismo que nosotros, si opina de un modo distinto, si le gustan cosas diferentes. Nos empeñamos en convencerlesde que nuestra postura es la mejor y de “llevarlesa nuestro terreno”, pero no nos damos cuenta de que, si lo conseguimos, probablemente a medio-largo plazo el otro sentirá que no le permitimos hacer las cosas que le gustan y eso nos acabará pasando factura. Entendamos que somos personas diferentes y tratemos de negociar, de buscar posturas intermedias que nos compensen a los dos. Eso sí, una vez que hayamos decidido esa opción a medio camino, no tiene ningún sentido quejarnos porque no es la alternativa que nosotros habríamos elegido, se trata de sacar la parte positiva para que la elección compense.

La mayoría de las cosas que nos enfadan son cosas cotidianas, hechas sin mala intención y poco relevantes; empeñémonos en quitarles importancia

5. Pongámoselo fácil al otro. Entendamos que hay cosas que a nuestra pareja le cuestan: costumbres de nuestra familia, lugares a los que nos gusta ir, actividades que queremos hacer. Facilitemos que nos acompañe haciendo algunos cambios que le den un poco de oxígeno y que le hagan más fácil la estancia vacacional. Así, por ejemplo, podemos hablar con nuestra madre para que no insista en que coma más si sabemos que eso molesta a nuestra pareja, o podemos limitar el tiempo de playa si sabemos que el otro se cansa.

6. Relativicemos lo que no nos gusta y valoremos lo que nos agrada. Hay personas que hacen justo lo contrario, quitar valor a lo que hace el otro que nos gusta y centrarse en lo molesto. Así sólo conseguiremos estar incómodos y hacer que el otro también lo esté. La mayoría de las cosas que nos enfadan son cosas cotidianas, hechas sin mala intención y poco importantes; empeñémonos en quitarle importancia, si nos tomamos así algo menor y cotidiano, ¿qué haremos el día que de verdad suceda algo serio? Centrémonos, en el cambio, en prestar atención a lo positivo valorándolo y haciendo que nuestra pareja se sienta mejor, más a gusto, lo que aumentará la probabilidad de que vuelva a repetir su comportamiento en el futuro.

En definitiva, hagamos que nuestras vacaciones sean estupendas, no porque todo vaya sobre ruedas, sino porque trabajemos para que las cosas que pueden ir bien vayan mejor y las que vayan peor no vayan tan mal. Quitemos hierro a los problemas para poder descansar y desconectar y si, por lo que sea, no conseguimos escapar a acontecimientos negativos, no hagamos un mundo, al fin y al cabo la vida es algo más que unos días de vacaciones por mucho que fuera estupendo disfrutar de estos.

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