¿Qué les lleva a matar?

Así son los asesinos en serie: modus operandi, firma y puesta en escena

El FBI utiliza un peculiar modelo de investigación en el que a partir de ciertos factores de la escena del crimen, como la colocación de la víctima, crean diferentes perfiles de los criminales

Foto: Ted Bundy fue uno de los asesinos en serie más populares del siglo XX.
Ted Bundy fue uno de los asesinos en serie más populares del siglo XX.

Cuando hablamos de un criminal, siempre solemos relacionarlo con Hannibal Lecter, la figura de un asesino en serie realmente inteligente, que tiene todo medido y controlado para que sus actos trascurran según sus planes. Sin embargo, no todos los crímenes, ni mucho menos, son cometidos por genios del mal. En la mayoría de ocasiones estos llegan por hechos fortuitos, condicionantes externos, necesidad o problemas personales.

Por estos motivos el FBI utiliza un modelo de investigación basado en la dicotomía organizado-desorganizado, en el que a partir de ciertos factores de la escena del crimen, como la colocación de la víctima, su estado físico, etc. se enfoca la investigación hacia la idea de un perfil de criminal organizado o desorganizado. Algunas diferencias con las que trabajan los expertos las explica Scott Bonn, sociólogo y académico en la Universidad de Drew, en Psychology Today.

Los crímenes organizados

Habitualmente los relacionamos con perfiles como el de los asesinos en serie. Estos suelen tener un modus operandi muy pensado, metódico y sus crímenes suelen partir de una idea premeditada y muy planeada. Habitualmente se habla de que este tipo de criminales sufren fuertes problemas psíquicos, como la psicopatía. Además, suelen obtener placer o, al menos, la inexistencia de remordimiento al causar daño o mal a otro semejante.

Es habitual que el criminal haya sufrido abusos durante la niñez o provenga de una familia desestructurada

Los patrones que definen a este perfil de criminal son el de una inteligencia por encima de la media, de un alto nivel educativo, con control sobre sus actos, astucia, sentido del orden, etc. Paradójicamente, y aunque parezca extraño suelen ser personas con capacidad para formar una familia, con tolerancia social y facilidad de palabra, puesto que habitualmente tienen que seducir a sus víctimas para cosechar sus oscuros objetivos.

Respecto a la escena en este tipo de crímenes, es evidente que existe una infinitud de ellas, pero suelen partir de tres tipos. El primero de ellos es el de la víctima que fue abordada por el asesino, el segundo es cuando la víctima es asesinada y, por último, la tercera es cuando el cuerpo es eliminado, con el objetivo de no dejar pruebas. Es habitual que estén familiarizados o aprendan el método de trabajo de policías y forenses, para así no ser pillados. Por último, también suelen estar informados o siguen con frecuencia la actualidad de su caso.

Los crímenes desorganizados

Hay una gran cantidad de crímenes que no están planificados y en los que podemos encontrarnos evidencias propias de los despistes, como las huellas dactilares o gotitas de sangre, puesto que en estos casos no suelen tener pensada la manera en la que van a ocultar el cadáver.

Jack el Destripador era sangriento, pero un tanto desorganizado.
Jack el Destripador era sangriento, pero un tanto desorganizado.

Estos son más comunes entre gente joven, con problemas mentales o bajo los efectos del alcohol u otras drogas. También suele tener influencia el entorno familiar, puesto que es habitual que el criminal haya sufrido abusos durante la niñez o provengan de una familia desestructurada. Suelen tener problemas en su vida sexual y sus relaciones en sociedad.

En cuanto a su modus operandi, lo más común es que actúen instintivamente, utilizando la fuerza física contra sus víctimas y sin intención alguna por ocultar su crimen, lo que aumenta notoriamente las posibilidades de dejar algún rastro. Aunque parezca extraño por su enorme fama, un claro ejemplo de criminal desorganizado es Jack el destripador.

El modus operandi y la firma del delincuente

Como es lógico, el modus operandi y la firma es algo tremendamente común entre los criminales organizados y no es así en los desorganizados, puesto que estos no suelen tener ninguna preparación previa ni objetivo concreto. En el caso de los organizados, hay que tener claro que este modus operandi no es siempre fijo y constante, sino que se adapta según las circunstancias, habilidades adquiridas o información obtenida.

Una estrategia muy habitual es que los criminales modifiquen la escena a posteriori para facilitar pistas falsas o dificultar la investigación policial

Respecto a la firma, muchos criminales utilizan este tipo de distintivos. En España tuvimos el caso del asesino de la baraja, que siempre dejaba un as de copas junto a sus víctimas. Este tipo de firmas suele estar relacionada con una fantasía del asesino, que suele aparecer con el paso del tiempo, como la mutilación de alguno de los miembros de la víctima, aunque en ocasiones simplemente es por la sensación de ver reconocida su labor.

Por último, hay otro aspecto de enorme interés a la hora de resolver un crimen, la puesta en escena. En este caso también, por sentido común, lo más normal es encontrar escenas mucho más cuidadas en el caso de asesinatos organizados. Una estrategia muy habitual es que los criminales modifiquen la escena a posteriori para facilitar pistas falsas o dificultar la investigación policial. Estas alteraciones también pueden formar parte de la propia firma del asesino o con la intención de mandar un mensaje cifrado a los cuerpos policiales.

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