EL AUGE DEL LADRÓN DE LA TERCERA EDAD

Las "bandas de yayos", los nuevos criminales: "Se consideran hombres de negocios"

Un robo de unos cuantos millones de dólares ha hecho que muchas personas se pregunten: ¿por qué es cada vez más habitual que los ancianos se vean envueltos en el crimen organizado?

Foto: Nunca es tarde si el botín es bueno. (iStock)
Nunca es tarde si el botín es bueno. (iStock)

En España apenas se ha hablado de ello, pero el pasado mes de abril se produjo en Londres uno de esos robos a la antigua usanza que más bien parecen sacados de una caper story. Mientras en nuestro país se celebraba la Semana Santa, una banda de ladrones se agenciaba algo más de 13 millones de euros en un golpe a una cámara acorazada en Hatton Garden, zona del distrito de Camden célebre por sus joyerías. Lo sorprendente no fue sólo su sofisticada habilidad para introducirse en uno de los lugares más seguros de la capital londinense, sino la edad de los nueve criminales que fueron detenidos: el más joven tenía 42 años y el mayor, nada menos que 76. En total, sumaban 532 años, es decir, unos 59 por cabeza. Una peculiar característica que ha hecho que la prensa británica los denomine “la banda de yayos” (Dad's Army).

Uno de estos avezados ladrones recordó durante el juicio que no podía escuchar las preguntas del abogado porque estaba duro de oído. Otro se presentó en la vista cojeando. Uno más le dijo al juez que le invitaría a una copa de té si le encarcelaba. Aunque parezca una mezcla de Granujas de medio pelo de Woody Allen y El quinteto de la muerte de Alexander MacKendrick, lo cierto es que consiguieron despistar a la policía londinense durante unas semanas y se lo montaron bastante bien. Consiguieron llegar al sótano a través de un ascensor que habían forzado con un molinillo y una palanca. Abrieron un agujero de 50 centímetros en el muro de hormigón y lograron hacerse con 73 cajas fuertes antes de huir en furgoneta.

La era de los ancianos delincuentes

Podría parecer un divertido hecho aislado si no fuese porque, como asegura Carol Matlack en Bloomberg, las estadísticas señalan que en muchos países se ha producido un aumento de la delincuencia madura durante los últimos años. Según la policía de Londres, los arrestos de mayores de 65 años han crecido un 10% entre marzo de 2009 y marzo de 2014, a pesar de que la delincuencia general disminuyó. Algo que también ha ocurrido en otros países europeos como Holanda, pero también en Asia, donde las cifras se han doblado en Japón.

En España la cantidad de delincuentes condenados de más de 60 años aumenta desde 20007

La situación no es tan diferente en España. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el 4,1% de los condenados durante el año 2013 (2,4% hombres y 1,7% mujeres) tenían entre 61 y 70 años. Si sumamos el espectro de los que superan los 70, el porcentaje asciende hasta el 5,2%. En total, 6.295 personas mayores de 60 años fueron condenadas en nuestro país durante el último año del que se dispone de datos. En 1998, la cifra total era de 2.208 personas. En 1999, de 1.852. En 2000, 1.639. Esta tendencia regresiva cambia en 2002, cuando el número volvió a aumentar hasta los 1.910. Desde entonces, el crecimiento es imparable: 2.225 en 2003, 3.756 en 2006. Sólo en 2007 la cifra desciende hasta los 3.591, pero en 2008, con el inicio de la crisis, el número vuelve a aumentar hasta los 4.225. La cifra es de 5.936 en 2012. En resumidas cuentas, y teniendo siempre en cuenta que estas cifras hacen referencia a muy diferentes delitos –desde las calumnias hasta el homicidio–, la cantidad de criminales ancianos descendió hasta 2002, momento en que la tendencia cambió a causa de la crisis.

No hay que perder de vista, al menos en el caso español, que el envejecimiento de la población explican en un alto grado esta tendencia. Pero también lo hace la necesidad ocasionada por la crisis, algo semejante a lo que ocurre en los países asiáticos, donde en Japón los hurtos llevados a cabo por la Tercera Edad superan ya a los de los jóvenes. El empobrecimiento de uno de los sectores en mayor situación de riesgo explica que muchos ancianos se vean abocados a la delincuencia. Según Cáritas, la pobreza entre las personas mayores ha aumentado del 7% al 10,6% entre 2008 y 2012. Sin embargo, ese dato no explica por qué de repente un grupo de achacosos jubilados decide robar una joyería y quedarse con unos cuantos millones de libras.

Los Ronnie Briggs del siglo XXI

Un sociólogo de la Universidad de Essex llamado Richard Hobbs, y cuyo testimonio aparece en el artículo de Bloomberg, tiene una curiosa teoría de por qué ancianos ni empobrecidos ni aislados pueden elegir en dicha etapa de sus vidas el camino más violento: “No se ven a sí mismos como criminales, sino como hombres de negocios”, explica. El perfil del criminal ha cambiado, al menos en Inglaterra, donde las bandas de clase baja que viven al margen de la sociedad han sido sustituidas por personas normales con sus familias y sus dedicaciones diarias que recurren al crimen como una manera de prosperar socialmente.

Cuando ven que en su grupo de iguales hay alguien que tiene mucho más dinero que ellos, desean ponerse a su nivel

El crimen ya no es una solución temporal hasta que se pega el gran golpe, sino una dedicación a largo plazo y menos arriesgada para la que hace falta una nutrida red de colaboradores. A veces, estos se limitan al lavado de dinero negro. Otras, dan un paso más allá y dan un golpe en una joyería o banco. Como señala el profesor de psicología de la Universidad Vrije de Bruselas Bas van Alphen, la delincuencia entre los ancianos de los países desarrollado está determinada por el siguiente pensamiento: “Cuando ven que en su grupo de iguales hay alguien que tiene mucho más dinero que ellos, desean ponerse a su nivel”. Efectivamente: el factor decisivo no es la supervivencia, sino ese sobresueldo que permite la escalada social sin renunciar a una vida ya establecida.

Otra posibilidad es el robo ocioso, recuerda el autor del paper «Criminalidad entre los ancianos y desórdenes mentales en Holanda»: el aislamiento al que se ven empujadas muchas personas mayores puede hacer que lleven a cabo pequeños hurtos como una forma de “perseguir la novedad”. Al fin y al cabo, los ancianos de hoy fueron jóvenes durante los años cincuenta, sesenta y setenta, épocas de gran autoafirmación y exploración personal. Por eso, tienden a ser “más asertivos, menos sumisos y más centrados en las necesidades económicas y sociales”. O, dicho de otra manera, los viejos ladrones en algún día fueron jóvenes rockeros.

Alma, Corazón, Vida

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