Las nacionalidades que más roban en los hoteles (y las cosas que se llevan)
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Más allá de los botes de champú

Las nacionalidades que más roban en los hoteles (y las cosas que se llevan)

Las cadenas hoteleras atornillan teles, secadores y sillas a las habitaciones para evitar los hurtos. Pero nada puede con los viajeros cleptómanos, capaces de llevarse los artículos más increíbles

placeholder Foto: Muchos consideran que por haber pagado el alojamiento se merecen un premio improvisado. (iStock)
Muchos consideran que por haber pagado el alojamiento se merecen un premio improvisado. (iStock)

Según una encuesta realizada por Hotels.com los viajeros de nacionalidad argentina Son los más propensos a decantarse por la apropiación indebida de objetos en los hoteles. Según los resultados el 73% de ellos admite haberse llevado artículos de su habitación y de otras zonas comunes de los alojamientos.

La encuesta mundial para la que se contó con cerca de 5.000 viajeros, encontró que las personas procedentes de Singapur y los turistas españoles son también bastante propensos a los robos, y siete de cada 10 afirman haber hurtado en un hotel.

Completan el top 5 de los que más cosas se llevan Alemania, Irlanda y Rusia. ¿Y los que menos roban? Parece ser que esta honrosa posición se la llevan los huéspedes colombianos, de los que sólo el 31% admite poseer algún objeto extraído de un hotel. A estos les siguen, en los últimos cinco puestos del ránking –que cuenta con un total de 28 nacionalidades– los noruegos, los viajeros de Corea del Sur, Hong Kong y Dinamarca.

Respira, lo del champú lo tienen asumido

Lo curioso es que la encuesta no incluye los artículos de higiene personal que se suelen ofrecer en las habitaciones ya que, se da por hecho que la gente los considera como un obsequio y se los lleva sin más. El problema es que además del kit de champú, gel y cepillo de dientes, son muchos los que entienden que ¡eh! toallas tendrán de sobra, así que por qué no llevarnos un par.

Según los portavoces del estudio, los artículos de higiene no se han incluido porque “todo el mundo tiene alguno de estos”. De hecho, la gran mayoría de los hoteles los reponen cada día confiando en que sus huéspedes los gasten de nuevo o los guarden como recuerdo de su estancia para usarlos en sus casas.

Como explica Jacob Tomsky en su bestseller Heads in beds (Anchor), libro en el que recoge las memorias de sus más de diez años como empleado en la industria hotelera, “ningún hotel va a forzar a un huésped a abrir su maleta para buscar un champú, es más, quieren que cuando lo utilicen más tarde se acuerden de ellos”.

El más descarado de todos fue el de una pareja estadounidense que solicitó específicamente una habitación cerca del aparcamiento...

“Sin embargo”, advierte Tomsky, “el robo de otros artículos no está aceptado” –vaya, gracias por la aclaración maestro– e incluso puede tener consecuencias legales que, aunque no se traduzcan en acabar entre rejas, pueden suponer una importante multa, el cargo de un gasto extra inesperado en nuestra cuenta (¡te pillaron!) o entrar a formar parte de la lista negra de un hotel.

Los objetos extraños robados de hoteles

Probablemente te estés preguntando que si no son los albornoces –todo un regalazo para amigos y familiares–, ¿qué otras cosas se llevan los huéspedes de los hoteles? Más allá de las pilas del mando de la tele, las bombillas o los cuadros de bodegones de flores y frutas del tiempo estilo barroco (que ni tu mismo entiendes qué has visto en tales obras de arte para si quiera descolgarlas), el estudio recoge los objetos más raros que se han llevado en alguna ocasión de los hoteles. Y son los siguientes:

- Un piano de cola: Colin Bennett, ex gerente de la cadena hotelera Starwood, recordó el robo más descarado con el que se topó durante sus casi 20 años en el negocio: “Tan pronto entré en el vestíbulo del hotel me di cuenta de inmediato de que faltaba algo”. Como para no darse cuenta, hablamos de un instrumento que pesa alrededor de 250 kilos y no precisamente sencillo de transportar. Al parecer, tres personas se encargaron de pasearse por la recepción del hotel vestidos con monos de trabajo “e hicieron rodar el piano de cola desde el hotel hacia la calle, para no ser visto otra vez”, narra Bennet. Quizás la persona de recepción debió pensar que se lo llevaban para repararlo o, simplemente, quedó paralizada ante la caradura de semejante hazaña.

- Televisiones: En casi todos los hoteles están inamovibles, pero el buen viajero siempre lleva consigo un buen destornillador. Bennett cuenta que no sólo innumerables televisores, sino que a lo largo de su carrera ha visto a personas llevarse proyectores de las salas de audiovisuales o pantallas de ordenador cargando con ellos y saliendo por las concurridas recepciones de los hoteles sin pestañear un ápice.

- Una cabeza de jabalí: “En el Hotel du Vin en Birmingham un invitado fue sorprendido tratando de robar una cabeza de jabalí que estaba colgada en la sala de billar” explica Oliver Smith en The Telegraph. Parece que días después, los amigos del atrevido fanático de la taxidermia, decidieron comprar al hotel la pieza y dársela a su amigo como regalo de bodas.

- El número de habitación: De nuevo, el viajero acompañado de una buena navaja multiusos hace de las suyas. En este caso ocurrió en el Hotel Franklin en Knightsbridge donde un huésped decidió desenroscar el número de la puerta de su habitación. “No nos dimos cuenta de que había desaparecido cuando nos encontramos a un recién llegado deambulando por los pasillos arriba y abajo en busca de su habitación”, explica Karen Marchant, gerente del mencionado hotel.

- Las cortinas: Ningún hotel es inmune a los cleptómanos. Los hoteles de bajo coste de la cadena inglesa Travelodge lo tienen tan interiorizado que clavan televisores y secadores de pelo a la pared. Pero ni con esas. Parece ser que británicos y visitantes son fans de los textiles con los que decoran ya que, según explicaban los responsables, a lo largo de los años les han robado miles de alfombras, lámparas, espejos e incluso cortinas.

- Flores: Parece que ningún elemento decorativo al alcance de los huéspedes se salva. Mucho más sencillas de trasladar que un piano o una cabeza de jabalí son las flores que se ponen en recepción o en los comedores, y los viajeros lo saben. Tanto es así que el Sheraton Park Tower asegura que se gasta una fortuna anual en flores frescas para conseguir reemplazar todas las que les hurtan a diario.

- Armas medievales: La pregunta, más allá de entender cómo consiguieron salir con espadas, lanzas y escudos históricos por la recepción de diferentes hoteles británicos participantes en la encuesta, es cómo pasaron las aduanas para regresar a sus países.

- Un perro: La encuesta recoge también uno de los robos más molestos por sus daños sentimentales. Se trata del de aquel huésped que, ni corto ni perezoso, se llevó a la mascota del propietario del hotel en el que se alojaba.

- Una chimenea: “Los ladrones a través del Atlántico realmente han subido las apuestas en lo que referente a robos audaces”, exclama Smith quien no puede evitar hablar de uno de los hurtos más escandalosos ocurridos en el famoso Four Seasons de Beverly Wilshire Hotel –el que sale en la película Pretty Woman– cuando acusaron a un caballeroso huésped de llevarse la chimenea de mármol de su habitación. Debía llevar mucho equipaje para disimular tal cantidad de piedras…

- Todo: “El último hurto y quizás el más descarado de todos”, advierte Smith, “fue el cometido por una pareja estadounidense cuando para su estancia en un Holiday Inn solicitaron específicamente una habitación cerca del aparcamiento”. A tope: vaciaron la habitación por completo –incluida cama y muebles, todo el lote vaya– y lo cargaron todo cómodamente su coche.

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