¿CANSADO DE ESPERAR?

¿Perdón por el retraso? Por qué hay gente que siempre llega tarde

Hasta el más puntual ha llegado tarde a algún evento. Esto es algo normal, al fin y al cabo a veces nos encontramos ante condicionantes que nos retrasan. Pero hay gente que no tiene perdón

Foto: 'Bueno, si llego una hora tarde siempre puedo decir que ha sido culpa del tren'. (iStock)
'Bueno, si llego una hora tarde siempre puedo decir que ha sido culpa del tren'. (iStock)

“Lo siento, llego tarde”. Todos hemos escuchado, o leído, esta frase cuando estábamos esperando para una reunión, cuando hemos quedado a tomar algo con unos amigos, cuando teníamos que ir con un familiar a hacer unas compras y en otras tantas situaciones de cualquier índole. Pero hemos de reconocer que en algunas ocasiones somos nosotros los que pronunciamos estas temibles palabras.

Hasta el más puntual ha llegado tarde a algún evento. Esto es algo normal, al fin y al cabo en ocasiones nos encontramos ante condicionantes que nos retrasan y con los que poco, o nada, tenemos que ver, como que se corte una calle, se alargué más de lo esperado una reunión o hubiera más cola de la esperada en una tienda.

Para las personas que suelen ser puntuales, quedar con los tardones suele convertirse en algo molesto

Estos contratiempos existen y no puede hacerse nada contra ellos. El problema es que siempre hay alguna persona que, casualmente, suele sufrir este tipo de problemas que le retrasan en sus citas o que, directamente, llega tarde a todos los sitios y sin ningún tipo de excusa. Para las personas que suelen ser puntuales, quedar con los tardones suele convertirse en algo incómodo y molesto, pues nunca es apetecible quedarse esperando como un pasmarote, sin hacer nada productivo y viendo la vida pasar como si nada... Y para los pesados que se retrasan, tampoco es agradable la sensación de agobio durante el camino o aguantar el chaparrón de la reprimenda.

¿Por qué ocurre?

Si llegar a la hora indicada no supone un gran esfuerzo mental, ni físico, ni intelectual (ya que es tan sencillo como estar pendiente de la hora a la que se tiene que salir) ¿Cómo es que hay tanta gente incapaz de hacerlo? La académica Adoree Durayappah-Harrison da una posible explicación en Psychology Today. Harrison reconoce que ella se siente identificada con el perfil de persona obsesionada con la puntualidad. Esto la lleva a llegar, en ocasiones, demasiado pronto a las reuniones y la convierte, por supuesto, en esa persona que odia al típico tardón por el que tiene que aguardar y con el que ha tenido más de una y dos disputas por estos motivos.

De un tiempo a esta parte, Harrison ha tomado por costumbre preguntar a sus conocidos más lentos que por qué hacen esperar al resto. La respuesta siempre suele ser la misma: “No lo sé, mira que intento organizarme y hasta me pongo alarmas para no retrasarme, pero nada, no hay manera”. Ante estas explicaciones, nada resolutivas, la autora ha establecido sus propias hipótesis:

1. Creen que no es útil

Llegar temprano en muchas ocasiones significa tener que perder el tiempo esperando, así que para qué llegar pronto. Mucho mejor tardar un poco más y aprovechar el rato haciendo otra cosa.

2. No quieren que piensen mal de ellos

En ocasiones damos demasiada importancia a nuestra imagen, lo que nos lleva a realizar auténticas bobadas por la simple razón de aparentar. Harrison indica que hay personas que no llegan pronto para que la gente no piense que no tienen otras cosas que hacer. Aunque también ocurre el caso contrario, el de las personas que llegan tarde por la sencilla razón de querer mostrarse como alguien ocupado, interesante y con muchos quehaceres.

3. Por ser cortés

Es muy habitual la opinión de que no hay que llegar muy pronto a los eventos por cuestión de educación y cortesía. Está claro que llegar cuarto de hora antes no es ni inteligente ni educado, pero eso no significa que haya que llegar tarde.

El problema de llegar tarde, más allá de las molestas causadas, es que el tiempo es oro. Un estudio realizó el cálculo de cuánto dinero significaría un retraso de quince minutos en una reunión entre el CEO de Citygroup y los cuatro empleados mejor pagados de esta compañía financiera. Los resultados eran superiores a los 4.000 dólares, cifra nada desdeñable. Pero claro, esta misma cantidad de dinero es la que se perdería si el CEO llegará con un cuarto de hora de adelanto, señala Harrison.

Lo más útil quizá sea llegar temprano y utilizar el tiempo de sobra para hacer algo útil

Al final, la clave reside en no abusar ni de una ni de la otra. La solución quizá es la que propone otro CEO de una gran compañía, en este caso la informática DELL: Michael Dell tiene por costumbre llegar temprano a las reuniones y durante ese tiempo se obliga a dedicarlo a algo productivo o a preparar de manera óptima dicho encuentro. No parece ninguna estupidez este planteamiento, ya que así no se generará una imagen negativa, tampoco se verá como un rato perdido el tiempo en el que se espere al resto de personas y trataremos con respeto e inteligencia uno de nuestros bienes más preciados, el tiempo. Pues este nunca corre hacia atrás.

Alma, Corazón, Vida

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