Las cosas más divertidas (y extrañas) que se han dicho haciendo el amor
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Las cosas más divertidas (y extrañas) que se han dicho haciendo el amor

Cuando uno liga por la noche y decide irse a casa ajena, pueden darse situaciones incómodas y otras simplemente extrañas. He aquí algunas escenas de alcoba míticas que, cuidado, podrían pasarte a ti

Foto: Mira que es mona, pero esto que te está diciendo no te lo esperabas. Y da hasta miedo. (iStock)
Mira que es mona, pero esto que te está diciendo no te lo esperabas. Y da hasta miedo. (iStock)

¿Te has planteado alguna vez qué es lo más raro que te han dicho nunca mientras practicabas sexo? Cuando una persona es sexualmente activa y tiene encuentros con personas diferentes de cuando en cuando, se enfrenta a situaciones que en ocasiones pueden desembocar en escenas de lo más raro…

Muchas veces apenas conocemos a la otra persona, cuáles son sus gustos o cómo se comporta en la intimidad y nos puede resultar incómodo al principio. Pero, como dice Liz Newman en Bustle, “hay situaciones incómodas y otras que, simplemente, son extrañas”.

Hay gente a la que le gustan de más los pies, que esconde unas esposas en cada rincón de su casa o a la que le gusta que le digan determinadas cosas digamos, algo bruscas. Pero no estamos hablando de fetiches extraños sino de esas historias absurdas y desconcertantes que acaban convirtiéndose en la anécdota de turno que siempre viene bien para echarse unas risas.

Al principio da tanta vergüenza que uno prefiere omitir la respuesta al ‘¿y qué tal con aquel anoche?’, pero en el momento en el que se hacen públicas –entre los amigos cercanos, se entiende–, estas historias son un no parar. Se van contando de unos amigos a otros y se terminan convirtiendo en una leyenda urbana que, cualquier día, acaban contándote personas a las que acabas de conocer... Cuando el protagonista fuiste tú.

'No tengo ni idea de cómo ha llegado este rodillo aquí, pero podemos utilizarlo'

Reales, ficticias o aderezadas en exceso, aquí se recogen algunas de las escenas de cama más controvertidas enviadas por los lectores de Bustle. Después de leerlas, quizás incluso tus propias anécdotas sean más míticas… ¿O no?

Cuando la noche nos confunde

Pues de esto que conoces a alguien, os gustáis, tomáis unas copas, decidís dormir juntos… Pero apenas sabes nada de su vida ni de sus circunstancias vitales –ni mentales– más allá de las apariencias. Y llegan las sorpresas.

“Una vez un tipo me pidió que me pusiese un collar en el que ponía ‘perra’ y me hizo caminar a cuatro patas alrededor de mi apartamento”, cuenta Lindsay, de 29 años, quien, de hecho, no desmiente haber jugado a las mascotas aquella noche… Está claro que se encontró con uno que sale de casa con los accesorios ‘imprescindibles’. Por lo que pueda pasar.

Será porque estas escenas suelen darse cuando acaba el día, pero el hecho es que la noche está llena de fantasmas. Los profesionales del flirteo necesitan hacer ver que ¡eh! no significas absolutamente nada especial para ellos y, a la mínima que pueden, subrayan que solo eres un triunfo más. Así le ocurrió a Matt, de 36 años, cuando su ligue nocturno, en pleno acto sexual, proclamó un “esta es la vez número 165 que hago esto”. Bravo por ti.

Amores de barra

A veces nos encontramos con personas que por su físico, voz o, simplemente, su olor, nos recuerdan a conquistas anteriores o ex parejas. Y podemos liarla. Para Joe, de 28 años, su experiencia más extraña –y, probablemente, ofensiva– fue “cuando alguien gritó un nombre mientras practicábamos sexo... Y no era el mío”. Atentos a los lapsus nocturnos que, además de hirientes, pueden ser llamaditas de nuestro subconsciente que quizás te estén recordando que no has superado a alguien. Ejem.

En pleno acto sexual proclamó un 'esta es la vez número 165 que hago esto'

Las hormonas a flor de piel, el flirteo y la seducción hacen que mucha gente se vuelva un pelín loca de amor. Mide, porque los excesos pueden ser peligrosos. Confundirte de nombre en la cama no está bien, pero declararte a alguien que acabas de conocer –y no, en la segunda cita tampoco suele encajar bien– es un poco demasiado. David, de 32 años, acabó en su casa con una chica que había conocido esa misma noche echando una partida de trivial y surgió el inesperado e inoportuno flechazo: “Me dijo que me amaba mientras manteníamos relaciones sexuales”. Quesito rosa para ella, desde luego.

Falsas apariencias

Cuando la noche deriva en visitas a inmuebles hasta entonces desconocidos, surge la magia. Lo mismo puedes encontrarte en una casa llena de fotos de pareja que no parecen precisamente los progenitores de tu conquista o que escuches cómo una jauría de niños preguntan detrás de la puerta si está o no hecho el desayuno, a las 07.30 de la mañana. Bravo. Mucha gente no le da importancia, pero, pese al calentón del momento y la lujuria contenida, la puesta en escena es importante.

“No tengo ni idea de cómo ha llegado este rodillo aquí, pero podemos utilizarlo”, le propuso un ligue a Chris, de 34 años. Una improvisación en toda regla. Si luego se pusieron o no con las manos en la masa, ya es un tema aparte.

'Durante las relaciones sexuales le gustaba mirar el retrato todo el rato porque para él era muy especial'

Algo parecido le ocurrió a Jane, de 26 años, que decidió irse a ‘dormir’ con un tipo que había conocido esa noche. “Cuando llegamos a su apartamento un rastro de plumas conducía hacia la habitación. En la cama había mantequilla de cacahuete, serpentinas y una copia de If You Give a Mouse a Cookie [un famoso cuento infantil escrito por Laura Numeroff]. Cuando le pregunté por qué estaba todo eso ahí me respondió: ‘Ah, sí, las bailarinas deben haberse dejado esto’”. Llegaste tarde a la fiesta, Jane.

Buscando la (rara) inspiración

Como decíamos antes, hay gente a la que le animan los artilugios bedesemeros, les gusta añadir un toque de lencería o incluso poner porno de fondo para animar la velada. Pero algunas personas se excitan con cosas extremadamente extravagantes…

Es el caso del ligue de Jane, de 27 años, que no es que pusiese música romántica para crear ambiente o una película erótica, es que recitó de memoria los monólogos del humorista Louis CK mientras visualizaba de fondo la grabación en directo en el Beacon Theater de Nueva York. Risas aseguradas, pero igual estabais ahí para otra cosa, amigo.

“Una vez salí con un hombre que tenía una foto de su abuela sobre la cama. Me dijo que durante las relaciones sexuales le gustaba mirar el retrato todo el rato porque para él era muy especial”. Con la misma cara que tenemos todos tras leer esto se debió de quedar Aly, de 31 años, la protagonista de esta historia (¿o más bien sería coprotagonista?).

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