El mejor truco para quedar genial cuando no tienes ni idea de algo
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El mejor truco para quedar genial cuando no tienes ni idea de algo

No, no lo puedes saber todo. Aprende a decir las tres difíciles palabras, sálvate de un mal rato y, de paso, infórmate sobre cosas nuevas. Así es como puedes decir 'no lo sé' y quedar estupendamente

Foto: No tienes ni idea, pero todas las señales apuntan a que vas a inventarte algo. Error. (iStock)
No tienes ni idea, pero todas las señales apuntan a que vas a inventarte algo. Error. (iStock)

¿Por qué nos cuesta tanto decir que no sabemos algo? A no ser que seamos muy buenos actores y no se nos note ni un ápice que no tenemos ni la más remota idea de lo que nos han preguntado, en realidad, quedamos bastante peor si fingimos estar enterándonos de lo que nos están contando que si preguntamos y nos mostramos interesados en saber sobre el tema.

Sin embargo, cultural y socialmente sigue estando mal visto admitir que no tenemos la respuesta a algo o que estamos totalmente verdes en un tema. El problema es que si vamos de listos podemos acabar metidos en un berenjenal del que nos será difícil salir. Ya sea con los jefes, en una entrevista de trabajo o charlando con tus amigos, lo mejor es ser capaz de asumir tu desconocimiento antes de quedar aún peor.

Así lo entienden Stephen J. Dubner y Steven D. Levitt, autores de los bestseller Freakonomics (Harper Perennial) en el que plantean el porqué de la dificultad generalizada para hacer público que no sabemos de algo y cómo hacer frente a estas situaciones.

La ineptitud de los jefes, a examen

“He visto a experimentados líderes tener salidas disparatadas para cualquier situación menos cuando se enfrentan a una pregunta que no pueden contestar, especialmente cuando se la hace una persona que está en una posición de autoridad”,explicaenForbesla experta en formación en coaching y liderazgoKristi Hedges.

Cuanto más se asciende de puesto de trabajo más se complica la capacidad para admitir delante de los empleados queno se sabesobre algo. ¿Saben el típico jefe que por no preguntar cómo se hacenlas cosas salen maly tarde y finalmente las terminan arreglando los miembros de la plantilla? Un no lo sé a tiempohabría bastado.

“A menudo, los jefes de equipo se preparan para una reunión importante como si estuvieran estudiando para un examen con el objetivo deanticiparsea cualquier pregunta y tener una respuesta preparada”, explica Hedges.

La importancia de la respuesta correcta

Pero no es cosa de peleas por ascensos laborales o recompensas sociales adultas. Nuestra propensión a dar siempre una respuesta ante cualquier pregunta comienza desde la niñez. Un estudio pidió a diferentes grupos de niños y adultos que contestasen a una pregunta para la que no se les había dado respuesta –se proyectaba un vídeo en el que salía una familia viajando en coche y después se les preguntaba si los que salíanconduciendo estaban tomando una limonada cuando en ningún momento era posiblever tal acción– para comprobar su reacción.

El 75% de los niños trataron de dar una respuesta pese a no tener ni idea de cuál era la correcta. “El resultado probablemente se deba a las condiciones a las que normalmente se ven expuestos, ya que se anima a los estudiantes a tratar de responder a la pregunta de un profesor sin importar si saben o no la respuesta”, comenta la investigadora Amanda Waterman, coautora del estudio y especialista en psicología del desarrollo en la Universidad de Leeds.

Los empresarios quieren líderes que puedan hacer las preguntas correctas y encontrar las soluciones adecuadas

“Hay una diferencia de poder entre el niño y el adulto que le está haciendo una pregunta, por lo que el pequeño sentirá que esa persona tiene más poder y, por lo tanto, el niño pensará que está en desventaja”, continúa Waterman. Ante una situación en la que nos sentimos en inferioridad respecto a nuestro interlocutor, salta nuestro mecanismo de defensa y tratamos de evitar de cualquier manera quedar por debajo.

Parece que el condicionamiento es muy fuerte y no está solo presente en la infancia. De hecho, según el mismo estudio, el 25% de los adultos también trató de responder a la pregunta sin respuesta. El paralelismo entre la relación profesor-alumno y la de jefe-subordinado:“son situaciones en las que queremos demostrar lo que somos capaces de hacer, y nos sentimos incómodos admitiendo que no sabemos algo”, resumen Hedges.

¿Tan mal quedamos si no lo sabemos?

Es cierto que en algunas grandes corporaciones y empresas multinacionales no conocer la respuesta correcta puede poner en peligro la carrera de un trabajador, pero, esta creencia suele ser más una suposición que una realidad.

Algunos neurocientíficos creen que nuestra necesidad de saber en realidad está ligada a nuestra función cerebral: cuando tenemos una respuesta a una pregunta se produce más dopamina –substancia química que envía la sensación de placer al cerebro– por lo que una contestación correcta se traduce en una sensación de recompensa agradable.

El 75% de los niños trataron de dar una respuesta pese a no tener ni idea de cuál era la correcta

Sin embargo, por mucho que nos guste llevar la razón y no quedar en evidencia al no saber algo, la experta en coaching explica que en los cientos de entrevistas que ha realizado a grandes cargos de los consejos directivos de importantes empresas, ha encontrado que no buscan personas que lo sepan todo sin más, sino que sean dinámicos, sepan enfrentarse a los problemas y tengan dotes de mando: “Los empresarios quieren líderes que puedan hacer frente a la incertidumbre y sepan asumir riesgos. Tener una respuesta para todo en realidad se entiende como un fallo y se relaciona con actitudes cerradas o provincianas”.

En otras palabras, “no necesitan a las personas que piensan que saben todas las respuestas, quieren líderes que puedan hacer las preguntas correctas y encontrar las soluciones adecuadas”, explica Hedges.

Las tres palabras mágicas: no-lo-sé

Dubner y Levitt plantean que deberían ser los propios jefes quienes se preocupasen de fomentar una cultura empresarial en la que no se tenga miedo a experimentar ya que, sin ésta, no se arriesga para innovar.

“Además”, como insisten los expertos, se ha demostrado que ser capaz de admitir lo que no sabemos aumenta la confianza”. Cuando alguien no deja de venderse como un erudito y tiene respuestas para todo, la admiración y simpatía hacia él se van apagando poco a poco y nos terminan por parecer personas desagradables, mientras que “cuando somos capaces de admitir que no estamos seguros de algo se percibe como una señal de estar abiertos a mantener una conversación real y sincera”, explican los autores. Exacto, el postureo del sabelotodo sigue sin ser la clave para el liderazgo (al menos a nivel social).

En ocasiones con un simple y directo ‘no lo sé’ o ‘la verdad es que no tengo ni idea’ puede bastar, pero a veces pueden resultar útiles algunas frases como estas que plantean en el libro que nos ayudarán a ser transparentes, abiertos y a proteger –cuando no construir– nuestra credibilidad.

- No sé la respuesta a eso, pero estoy ansioso por saberla.

- Déjame que te cuente lo que sé y lo que estoy aprendiendo ahora.

- Esa es una pregunta importante y no quiero que le demos una respuesta a medias. Me quedo con tu contacto y hablamos al final del día.

- No te puedo decir con certeza. Tengo una opinión formada sobre el tema, que es...

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