UN NECESARIO DESCANSO CONYUGAL

“Pasé seis meses haciendo el amor con otros y otras, y eso salvó mi matrimonio”

Mary T. McCarthy se casó al graduarse y vivió una vida de lo más normal: hijos, mudanzas, trabajo y… aburrimiento. Se dio cuenta de que no quería seguir así. E hizo algo para cambiar

Foto: La escritora Mary T. McCarthy en una foto promocional. (Facebook)
La escritora Mary T. McCarthy en una foto promocional. (Facebook)

La duración media de los matrimonios que se disuelven en España se sitúa en los 15 años, y la edad media en que se dan las separaciones es de entre 40 y 49 años. Son cifras similares a las de la mayoría de países desarrollados. Y la edad no parece una variable circunstancial.

Como muchas otras personas, la escritora estadounidense Mary T. McCarthy tuvo una crisis matrimonial al cumplir los 43. Una crisis que se veía venir desde hace mucho tiempo. Como ha explicado la novelista en Salon, conoció a su marido en el instituto, en los 80, fue a la misma universidad que él y contrajo matrimonio nada más graduarse. El resto de la historia es la de gran parte de las parejas: hijos, mudanzas, trabajo y… aburrimiento.

“Realmente no era infeliz en las primeras décadas de mi matrimonio, pero tampoco me describiría como feliz”, asegura McCarthy. “Realmente no sentía nada, parecía simplemente que me estaba dejando llevar por los acontecimientos”.

Me convencí de que la siguiente mitad de mi vida tenía que ser de otra manera. Algo sencillamente tenía que cambiar

McCarthy y su marido se mudaron a la casa victoriana con la que ella siempre había soñado, “Parecía que lo teníamos todo”, asegura. La escritora fue elegida concejal de su pueblo y tuvo sus cuatro hijos mientras trabajaba en el ayuntamiento. Pero la relación con su marido empezó a torcerse.

“Los niños por supuesto eran lo primero; la salud del matrimonio se daba por supuesta”, explica la escritora. “Realmente no hicimos nada para mantener nuestro amor vivo excepto algún viaje para celebrar nuestro aniversario, en el que nos sentamos con bebidas tropicales y hablábamos de nuestros hijos. Perdimos el ‘nosotros’ y ni siquiera nos dimos cuenta”.

Un corto periodo de soltera

McCarthy reconoce que empezó a sentirse poco atractiva: “Había ganado peso después de tener hijos. Definitivamente, pensaba que mi marido ya no me encontraba sexy. Y por alguna razón decidí que necesitaba sentirme sexy. Empecé a escribir sobre sexo, realizando análisis de juguetes sexuales. Mi marido y yo nos fuimos distanciando. No hablábamos. Pensé que estaba teniendo una crisis de los cuarenta, pero en algun momento me sobrepasó, y me convencí de que la siguiente mitad de mi vida tenía que ser de otra manera. Algo sencillamente tenía que cambiar”.

Fue entonces cuando le dijo a su marido que iba a mudarse en verano a un apartamento en una isla, para escribir la novela que siempre había querido escribir. Visitó a un abogado y se separaron legalmente, con un “acuerdo de nido”: los niños se quedaban en casa y los padres se iban turnando la custodia.

Me di cuenta de que probablemente había sido siempre bisexual, pero nunca había tenido la oportunidad de explorar esta faceta

“Y así empezó mi breve pero importante viaje como soltera”, explica la escritora. “Perdí 22 kilos. Salí con varios hombres, y dormí con una mujer. Me di cuenta de que probablemente había sido siempre bisexual, pero nunca había tenido la oportunidad de explorar esta faceta”

Pero entonces, su matrimonio empezó a reactivarse. “Volvía a casa todos los domingos, para estar allí cuando mi distanciado marido se fuera a la mañana siguiente, y empezamos a reconectar físicamente. Tal vez nos aferramos a hacer el amor porque era algo que siempre habíamos sabido hacer; éramos muy reacios a dejar que eso desapareciera, aunque nuestro matrimonio estuviera pasando por un momento muy difícil”.

Y de mano del sexo, resurgió también la comunicación. “Mi marido y yo empezamos a hablar en ese día de la semana que nos veíamos”, cuenta McCarthy. “En ausencia de las presiones del día a día encontramos puntos en común. El había empezado a salir con una mujer. Me sorprendió que me diera celos, teniendo en cuenta que yo también estaba saliendo con gente. Hablamos con tristeza de los fallos de nuestro matrimonio, y el deseo que ambos teníamos de haber trabajado más por mejorar la comunicación”.

El matrimonio decidió entonces acudir a terapia de pareja. “Seguimos viéndonos los domingos y esos días nos dábamos cuenta de que la llama de nuestro matrimonio no se había extinguido del todo, que lo que sentíamos hace décadas cuando éramos adolescentes todavía estaba ahí”.

“Ahora soy feliz”

Tras volver a casa por Navidad, el matrimonio renació. En un primer momento McCarthy se sintió culpable: “¿Cómo había sido capaz de poner en peligro mi matrimonio, dañar a mi marido de esa forma y poner en peligro el bienestar emocional de mis hijos abandonándoles muchos días de la semana?”.

Quizás McCarthy sólo necesitaba vivir en algún momento la independencia. “Nunca olvidaré mi pequeño apartamento de una habitación”, explica. “Esas fueron las primeras cuatro paredes en las que viví de forma independiente. Pasé de vivir con compañeros de piso a casarme y nunca había vivido sola. Con 43 años me di cuenta con horror que nunca había encendido una parrilla yo sola. Nunca lo había necesitado”.

Ahora la escritora tiene claro que hizo lo correcto. “No me arrepiento”, asegura. “Mi matrimonio es ahora el que siempre he querido. Hemos alcanzando un nivel de intimidad que nunca habíamos encontrado tras estar un cuarto de siglo juntos. Soy feliz. No me importa que haya otro tipo de felicidad ahí fuera que sea mejor que la mía. Según van creciendo mis hijos y hablamos del tiempo en que su padre y yo estuvimos separados, intento explicarles de la mejor manera que puede que necesitaba un tiempo para mi, para trabajar, descansar, encender una parrilla y encontrar un lugar en el que respirar y, habiendo hecho esas cosas, volver para ser una mejor persona: una mejor esposa, una mejor madre. ¿Egoismo? Quizás. ¿Necesario? Seguro”. 

Alma, Corazón, Vida

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