LA PROTUBERANCIA HUMANA MÁS PECULIAR

Todo lo que siempre quiso saber sobre los pezones y nunca se atrevió a preguntar

A pesar de su reducido tamaño, se trata de una de las partes de nuestro cuerpo que más quebraderos de cabeza nos trae. ¿Para qué sirve y por qué tenemos dos (o más) pezones en nuestro torso?

Foto: Como las huellas dactilares, no existen dos pezones iguales en todo el mundo. (iStock)
Como las huellas dactilares, no existen dos pezones iguales en todo el mundo. (iStock)

El dicho señala que las opiniones son como los traseros, que todos tenemos uno. Aunque quizá sería más acertado trazar el paralelismo con los pezones, ya que todos disponemos, al menos, de dos. Se trata de una las zonas del cuerpo de los mamíferos más peculiares. A pesar de que su función resulta más o menos clara –filtrar la leche materna de la que el bebé se amamanta durante la lactancia–, su formación y particularidades no lo son tanto. Ese botón de alrededor de un centímetro de diámetro obsesiona sexualmente a millones de personas de todo el planeta y se ha convertido, sin pretenderlo, en la última frontera del tabú. En la sociedad contemporánea, una mujer con los pezones cubiertos por una pezonera, no está desnuda; sin ellos, sí lo está. ¡Magia!

Algo ocurre con los pezones. Para empezar, que todos los mamíferos sienten el instinto de buscarlos y succionar para alimentarse. Los bebés tienden a restregar su cara y lamer aquello que toca su rostro, un movimiento innato que los ayuda a alimentarse, pero también a establecer una relación más estrecha entre madre y cría. Sin embargo, no todos los animales recurren al pezón como membrana entre lo interno y lo externo. Algunos animales monotremados como los ornitorrincos exudan la leche a través de su piel, de donde es lamida por la cría. Puede que los pezones duelan, pero antes de quejarnos, demos gracias por no ser un ornitorrinco.

Un mundo de distintos tamaños y colores

Lo más probable es que, si nos paramos a analizar nuestros dos pezones, estos no sean iguales. Como las huellas dactilares, estas protuberancias no se repiten en la especie humana. Dentro de cada uno de ellos se encuentran entre 15 y 20 productos lácteos rodeados por una zona más sensible y oscura, la areola. Al igual que ocurre con su forma y tamaño, que varía si una mujer está embarazada o lactando, no todas las personas sienten lo mismo al ser acariciados en dicha zona: el abanico de sensaciones puede ir de la indiferencia al éxtasis. Pero tanto para hombres como para mujeres, se trata de una zona erógena que, al ser estimulada, impulsa la excitación sexual, especialmente tras la pubertad, cuando los cambios hormonales la hacen más sensible.

La erección no se produce únicamente por la excitación sexual

La principal diferencia entre hombres y mujeres es que, mientras las terminaciones nerviosas del varón se encuentran más juntas, en las hembras están más separadas. Además, como sugiere una investigación publicada en The Journal of Sexual Medicine, las mujeres pueden llegar al orgasmo a través de la estimulación de sus pezones, que causa efectos similares a los de la vagina, el clítoris y el cérvix y provoca la contracción uterina. Ello no quiere decir que la erección de los pezones signifique necesariamente que alguien está excitado. El frío o la fricción con la ropa pueden provocar su endurecimiento. Así que si los pezones están erectos no, no quiere decir necesariamente que le gustes. Cuidado: no se deben estrujar las protuberancias causadas por las glándulas de Montgomery, esos pequeños bultos que se encuentran en la areola, puesto que puede provocar infecciones.

Es normal que todos, hombres y mujeres, tengan pelo en el pezón. (CC/r Xpoirotx)
Es normal que todos, hombres y mujeres, tengan pelo en el pezón. (CC/r Xpoirotx)

Otra posibilidad es que tengamos pezones invertidos, algo que ocurre a entre un 10 y un 20% de las mujeres. Esto se debe a que se tienen conductos más cortos para la leche en el pecho, lo que impide que el pezón sobresalga. No hay ningún problema en ello, con la salvedad que, durante la lactancia, puede dificultar la alimentación del pequeño. Para comprobar si los nuestros son así, debemos presionar en la areola; si el pezón se proyecta, no son invertidos, pero si queda plano, sí lo es. En algunos casos, la inversión repentina del pezón puede ser un síntoma temprano de cáncer de mama, por lo que si este u otros cambios sustanciales en forma o tamaño ocurren sin razón clara, se debe acudir cuanto antes al médico.

¿Para qué sirve un pezón masculino?

De igual manera que los pezones cambian en forma y tamaño entre personas, también lo hacen en número. Parece ser que entre el 1 y el 5% de la población tiene más de dos pezones (según otros datos, 1 de cada 18 hombres y 1 de cada 50 mujeres), una condición conocida como politelia. Por lo general, los pezones se encuentran en las líneas mamarias, que descienden por el abdomen hacia la curva de la barriga, aunque pueden llegar a aparecer en el pie, como ocurrió con una mujer de 22 años. Mark Wahlberg, Lily Allen o Tilda Swinton tienen tres pezones (Harry Styles, de One Direction, cuatro) y en algunos países como Estados Unidos esta condición es considerada una enfermedad rara, aunque no suele presentar peligro. En el extremo opuesto se encuentra la atelia, un desorden genético que impide el desarrollo de los pezones.

A la evolución no le molestan los pezones, así que aún no nos despediremos de ellos

La pregunta del millón, dado que un pezón sirve para alimentar al lactante, es cuál es exactamente la funcionalidad de un pezón masculino. Los pezones se forman muy pronto durante el desarrollo del feto, alrededor de la cuarta semana, cuando dos tiras de ectodermo se endurecen. Se trata de las ya nombradas líneas mamarias, que en un momento dado, se reducen hasta la zona del pecho, donde se desarrollan los pezones. No es hasta la sexta semana de gestación que empieza a producirse la diferenciación sexual, cuando hormonas como la testosterona proporcionan los rasgos masculinos a los varones. Para entonces, los pezones ya habrán alcanzado un grado de desarrollo que no tiene vuelta atrás pero que no irá a más, al contrario de lo que ocurre con las mujeres.

Como señala un artículo publicado en Scientific American firmado por el profesor de biología de la Universidad de Ottawa Andrew M. Simons, los pezones y su supervivencia en los organismos masculinos parecen atentar contra toda lógica evolutiva. Pero, como explica el científico, nos encontramos ante uno de esos excepcionales casos en los que para la supervivencia de la especie el atributo es de vital importancia para un sexo pero intrascendente (y no peligroso, salvo en excepciones como el carcinoma) para el otro. Se trata de una correlación genética que persiste por su inocuidad. Así pues, todavía falta mucho tiempo para que nos despidamos de nuestros queridos pezones.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios