NADIA DUGUAY Y EL PROYECTO EXEKO

“La sociedad se comporta como si la gente que vive en prisión fuese menos inteligente”

Con el objetivo de proporcionar a los presos las herramientas necesarias para reinsertarse y labrarse su propio camino, la canadiense fundó en 2006 Exeko, que ahora trabaja con otros grupos sociales

Foto: Duguay fundó Exeko en 2006, y desde entonces ha trabajado con 6.000 personas en situación desfavorecida.
Duguay fundó Exeko en 2006, y desde entonces ha trabajado con 6.000 personas en situación desfavorecida.

La canadiense Nadia Duguay nació en una pequeña aldea de pescadores de apenas 150 habitantes en la Gaspesia, cerca de Québec. Su infancia en la comunidad métis fue clave en el alumbramiento del que iba a convertirse en el gran proyecto de su vida, Exeko, que promueve la inclusión y desarrollo de los sectores más desfavorecidos de la sociedad a través de la difusión de la enseñanza de la filosofía. En un primer momento, Duguay se centró en los prisioneros, que en el año 2009 ascendían en su país natal a 37.000, pero ahora Exeko se centra en otros grupos como los mendigos o los pertenecientes a las Naciones Originarias de Canadá. 

“El proyecto nace tanto de la indignación como del deseo de defender un modelo que sentía que no estaba presente, o por lo menos del que no era consciente”, explica la emprendedora social de Ashoka a El Confidencial . “Crecí en un pueblo donde podía sentir la rabia de cada ciudadano, la rabia de no ser tenido en cuenta, de ser tratado como si no valiese nada, de creer que el resto lo tiene más fácil, pero también del orgullo de ser un pescador”. La Gaspesia es una zona que durante siglos vivió de la pesca y la agricultura, pero que se ha visto obligada a centrarse en el turismo por el agotamiento de los recursos.

La filosofía es un arma en todas nuestras vidas, no solo en las de los presos

Exeko nace de la necesidad de proporcionar a los sectores marginados las herramientas para reconstruir sus propias vidas, pero no trata con condescendencia a los mismos, como explica su impulsora, que denuncia el prejuicio de la “desigualdad de las inteligencias”: “La sociedad actúa como si la gente en prisión –y en general toda persona en situación de marginalidad– fuese menos inteligente, menos capaz de pensar por sí misma y de tomar decisiones constructivas, bien pensadas y positivas para sus vidas”. Ella misma reconoce haber afrontado algunos de los momentos más duros de su vida acudiendo a la hoy en día tan denostada filosofía que, recuerda, no se dirige únicamente a un selecto grupo de estudiosos, sino a toda la sociedad.

El pensamiento en el siglo XXI

“La filosofía es un arma en todas nuestras vidas, no solo en las suyas”, explica Duguay. “Hace posible que nos reconozcamos mutuamente, reduce la distancia generada por las ideas equivocadas. La filosofía es una herramienta diaria, un arma de defensa masiva que nos protege frente a los miles de manipulaciones que todos sufrimos”. En un primer momento, Duguay ofertaba cursos de entre tres meses y tres años de duración a aquellos que voluntariamente quisieran aprender junto a los guardas de la prisión. Más tarde, los prisioneros también tuvieron la posibilidad de trabajar en proyectos solidarios para aprovechar lo aprendido.

“Decidimos comenzar nuestro trabajo con prisioneros para entender mejor a la gente que se encontraba en esa situación, su realidad y los problemas relacionados con el encarcelamiento para mejorar la prevención”, explica la emprendedora, que recuerda que frente a la imagen que dan los medios de comunicación y las series de televisión, la población penitenciaria es mucho más diversa de lo que pensamos, tanto en edad como en formación, habilidades o experiencia laboral.

Changemaker Interview-Nadia Duguay

El enfoque de la enseñanza filosófica de Exeko no separa lo teórico de lo práctico, sino que intenta combinar ambos aspectos. “Estamos convencidos de que ciertas teorías reservadas al segundo ciclo universitario no sólo son accesibles para la gente que nunca ha estudiado sino que pueden surgir de ellos mismos”, señala Duguay. En la bibliografía del proyecto se pueden encontrar a Kant, Platón, Descartes o Nieztsche, y su itinerario está basado en talleres para el pensamiento crítico, la autodefensa y la detección de sofismas.

No impartimos lecciones: nuestra metodología no implica una relación entre profesor y estudiante, sino que se basa en una declaración ética sobre el principio de la igualdad de las inteligencias”, señala Duguay, a la sazón cofundadora de New Democracy Production y P2P Productions, dos productoras de objetivo social. “Apoyamos la creación de ciudadanos y acciones sociales y culturales sugeridas por nuestros participantes. Por tanto, nunca llevaremos a cabo dos veces la misma acción ni obligaremos a un grupo que siga dicha dirección. Creemos que proporcionar espacio, herramientas y recursos necesarios para que lo improbable ocurra, llevará a que los proyectos eclosionen”. Exeko se apoya en muchos materiales visuales y orales para dar a conocer la filosofía: “Cuando utilizamos un lenguaje accesible nos damos cuenta de nuestro error colectivo, que es estigmatizar los niveles de comprensión”.

La sociedad, y la otra sociedad

Al igual que ocurría con Defy Ventures, el proyecto de Catherine Rohr que explota las habilidades empresariales de los presos para ayudarlos a reinsertarse, Duguay se ha encontrado con no pocas dificultades a la hora de convencer a la sociedad de la utilidad del proyecto. “En todos los ambientes donde nos hemos presentado, siempre hemos tenido la misma reacción: ‘¿Estás seguro?’, ‘¿No sería mejor tratar otro tema?’, ‘No va a haber mucha gente en tus clases'”.

Acercarse a una persona en situación marginal para hablarle de sus problemas provoca que estos sigan rodeándola

Al final, en lugar de los entre tres y cinco alumnos que esperaban por aulas, todas sus clases han estado llenas, en ocasiones, hasta crear listas de espera. “¿Por qué? Porque la necesidad de pensar es universal pero parece que lo hemos olvidado a lo largo del camino. Acercarse a una persona en una situación marginal sólo a través de sus problemas no se debe sólo a un prejuicio, sino que también provoca que esa persona siga rodeada por sus dificultades”. Como recuerda Duguay, “cuando perdemos pie, creo que no necesitamos darnos cuenta de la sombra que nos persigue sino escapar de esa conciencia sobre nosotros mismos y acceder a una más amplia que nos haga capaces de generar significado”.

Una historia que Duguay califica como “excepcional” refleja bien el trabajo que realiza Exeko. Uno de los presos que habían participado en sus cursos y que había sido trasladado a Estados Unidos, donde pasó siete años encarcelado, volvió a ponerse en contacto con la organización. Durante todo ese tiempo, había leído de la primera palabra a la última de todas las obras recomendadas por la organización. “Después de su liberación, su primera acción fue abrir un blog, no con el objetivo de explicar su situación, sino para compartir su concepción del mundo, del medio social y los problemas que nos preocupan a todos”.

Nadia Duguay and Chalo Barueta at Culture Days Congress

Hasta el momento, Exeko ha trabajado con más de 8.000 personas en situación marginal, algo que la emprendedora cree que “aún está lejos de lo necesario”. Su estrategia les conducirá a buscar acciones organizadas que resulten más rentables y que causen un mayor impacto. “A largo plazo, espero que seamos capaces de desarrollar un espacio que se parezca a un ‘Instituto de las Igualdades’, destinado a la investigación-acción en igualdad social; también consideramos la idea de un ‘Colegio de Carreras Iguales’”. DuGuay aboga por construir un movimiento basado en la confianza en el potencial creativo de todas las personas. “¡Uníos a este movimiento!”, anima.

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