Postureo o no, así es como se hace

El método infalible para beber una copa de vino y parecer un experto

“Su belleza es que funciona”. Un experto sumiller explica para qué sirven cada uno de los pasos que cada vez más personas dan antes de tomarse un caldo (sepan o no de vinos)

Foto: Mucha gente los pone en práctica para hacerse la interesante, y a veces funciona. Apréndelos. (Corbis)
Mucha gente los pone en práctica para hacerse la interesante, y a veces funciona. Apréndelos. (Corbis)

Hace ya once años que el director de cine Alexander Payne introdujo a millones de cineastas en los placeres inexplorados del vino con su película Entre Copas. Ya fuese impulsado por el premiado film o por el devoto “¡viva el vino!” del presidente del gobierno Mariano Rajoy, de unos años para acá cada vez hay más personas interesadas en el mundo vinícola.  

A tanto llegó la moda que son pocos los que se reprimen a imitar los cuatro pasos previos que todo experto hace antes de beberse un vino. “Estos pasos se han convertido en un evangelio que se repite una y otra vez en las revistas, libros y sitios web especializados en el arte vinícola” comenta el sumiller Joe Roberts en Fix.

Pero… ¿Son realmente necesarios o un simple ritual esnob cansino? “La verdad es que estos pasos no son necesarios para beber buen vino, pero son esenciales si se quiere obtener el máximo placer posible más allá de la copa”, asegura Roberts. Sin embargo, el sumiller ofrece una serie de consejos para dar sentido a estos cuatro pasos básicos y que, quien decida hacer el paripé, sepa al menos qué se esconde detrás de cada uno de ellos y cómo puede hacerlo sin que nadie se dé cuenta de que no tiene ni idea de vinos. Así sí puedes fingir que eres todo un experto (y, a la larga, serlo de verdad).

Cuidado delante de quién te haces el entendido: probablemente el camarero sabe más de vinos que tú. (iStock)
Cuidado delante de quién te haces el entendido: probablemente el camarero sabe más de vinos que tú. (iStock)

Paso uno: obsérvalo

Para muchas personas, el hecho de que haya una botella de vino en la mesa no es más que otro de los acompañamientos de la comida, pero Roberts insiste en que “nos tomarnos un tiempo para observarlo en el vaso es pasarnos por alto uno de los mayores placeres del vino más subestimados”.

Una amplia gama de colores, desde el salmón claro de algunos rosados hasta el rojo intenso o granate de los tintos, nos dan muchas pistas sobre qué tipo de caldo vamos a tomar e identificar posibles fallos. Por ejemplo, si el color parece excesivamente marrón para un vino joven podremos decir que tiene un envejecimiento prematuro.

Hacer un olfateo enfocado es necesario si quieres recoger todas las sutilezas aromáticas del vino

“Sólo se requiere encontrar una fuente decente de luz, un fondo relativamente claro y diáfano y unos momentos de su tiempo”, recomienda el especialista. Claro que los diferentes colores y tonalidades pueden darnos tantos datos contradictorios que, al menos al principio, merece la pena ser modesto en nuestras valoraciones.

Paso dos: agítalo

Se ha estimado que los vinos finos contienen cerca de 200 componentes olorosos lo que los convierte en una de las bebidas más complejas. “Estos elementos son principalmente volátiles, lo que significa que necesitan aire para que seamos capaces de detectarlos”, comenta Roberts.

Al agitar la copa –despacio y agarrándola desde el tallo– se expone más superficie del vino al oxígeno y esto hace que se liberen todas sus esencias. No es postureo, además de percibir los diferentes matices del olor del caldo, este paso es importante en el caso de vinos jóvenes ya que esos remolinos que hacemos dan un pequeño empujón para que se abran por completo.

Es un paso simple pero esencial y se puede realizar de forma rápida con un movimiento circular, sin demasiada floritura: “Sólo asegúrate de que no lo intentas hacer con un vaso que esté demasiado lleno, a menos que pretendas enviar directos a la tintorería a todos los que estén cerca de ti cuando vayas a probarlo”, bromea el sumiller.

Cecilia Giménez, 'restauradora' del Eccehomo, agitando correctamente una copa de tinto. (EFE)
Cecilia Giménez, 'restauradora' del Eccehomo, agitando correctamente una copa de tinto. (EFE)

Paso tres: huélelo

Para saber apreciar un vino, oler es un paso más importante que la propia degustación. Casi toda la complejidad de un caldo es aromática, incluyendo la mayor parte de sus sabores –que experimentamos vía retronasal cuando lo tenemos en la boca–.  

“Lo que estás haciendo cuando lo olfateas es tratar de distinguir la mayor cantidad posible de compuestos aromáticos del vino”. Y esto lo conseguimos a través del epitelio, órgano olfativo del tamaño de una moneda capaz de detectar una enorme variedad de olores y directamente conectado con las partes del cerebro responsables de las respuestas emocionales y la memoria.

Estos pasos no son necesarios para beber buen vino, pero son esenciales si se quiere obtener el máximo placer posible más allá de la copa

Hay que tener en cuenta que en una respiración normal, sólo el 10% del aire que inhalamos pasa por el epitelio, por lo que hacer un olfateo enfocado (prácticamente introduciendo la nariz en el cáliz) es necesario si quieres recoger todas las sutilezas aromáticas de un buen vino.

Paso cuatro: da un sorbito (y escúpelo)

El último paso es el que parece más difícil: tener el vino unos segundos en la boca pero no tragarlo. Como explica Roberts, los componentes volátiles del vino se activan aún más cuando se exponen al calor de la boca, liberando más sabores y aromas. Además, hacer que entre en contacto con las encías y la lengua es la única manera de experimentar su textura y acabado.

En cuanto a la cantidad a probar, con un pequeño sorbo que podamos paladear unos pocos segundos nos bastará. La idea no es enjuagarnos la boca con el caldo como si fuese Listerine sino apreciar su sabor antes de elegir si queremos ese vino (siempre y cuando estemos en un establecimiento que nos vaya a consentir hacer un casting), en cuyo caso, procederemos a tragarnos el sorbo.

Si por algún casual se te ha ido de las manos tu nueva faceta fingida de sumiller y te da por asistir a una cata –o, verdaderamente, ya sabes bastante y te sientes a gusto en estos menesteres–, es importante que no te lo tragues por dos cosas: te costará mucho más apreciar las diferencias entre unos vinos y otros, y, aunque lo escupas, al estar pasar por la boca algo de alcohol absorbes, así que ten en cuenta las consecuencias.   

“La belleza de este método es que funciona”, finaliza Roberts: “¿La guinda del pastel? Puedes utilizar estos pasos para evaluar seriamente un vino o simplemente para aumentar el placer que obtendrás al beber tu próxima copa”.


Source: Fix.com
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