“Nunca pensé que esto podía ocurrirme a mí”: cómo jugar las cartas en el amor
  1. Alma, Corazón, Vida
SEGÚN LA PSICOANALISTA MARIELA MICHELENA

“Nunca pensé que esto podía ocurrirme a mí”: cómo jugar las cartas en el amor

Cuando atravesamos un momento difícil, nos parece que las cosas malas nos pasan únicamente a nosotros, pero, en general, vivimos como si estuviéramos vacunadas contra la adversidad. No es así

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“Nunca pensé que esto podía ocurrirme a mí”: cómo jugar las cartas en el amor

Muchas mujeres se entregan por completo a cambio de muy poco. Con el objetivo de guiarlas emocionalmente a través del espinoso valle de las relaciones personales, la psicoanalista y escritora Mariela Michelena ha publicado Mujeres que lo dan todo a cambio de nada. Juega bien tus cartas en el amor (La Esfera de los Libros) en el que, a través de las cartas de distintas lectoras, explora las trampas mentales en las que muchas mujeres suelen caer.

En el fragmento que reproducimos a continuación, la autora contesta a una mujer que ha vivido en una relación “mal avenida”, como la define, una situación que no consideraba que le pudiese ocurrir a ella. Esta es la respuesta que le ofrece Michenela.

“Esas cosas le pasan a los demás” es un argumento muy generalizado. Cuando atravesamos un momento difícil, nos parece que las cosas malas nos pasan únicamente a nosotros, pero, en general, vivimos como si estuviéramos vacunadas contra la adversidad. Pensamos que las cosas malas les suceden a los demás, que nunca seremos nosotras esa mujer de cada nueve que sufre un cáncer de mama. Pensamos que los maridos abandonan a las otras mujeres, ¡no a nosotras!, que sólo se mueren las madres de las amigas, no las nuestras. Roban a los demás, no a nosotros. Y es que, en alguna parte, estamos convencidas de ser especiales, y de estar destinadas a vivir una vida extraordinaria. Contar con esta certeza infantil nos permite transitar por la vida sin demasiados miedos.

Mientras estas cosas les ocurren a los demás, no son más que estadísticas, cotilleos o titulares de los periódicos que no nos conciernen. ¡Hasta que en algún momento nos convertimos en protagonistas de las noticias! Esas cosas, cualquiera que sea el contenido que encierren las palabras, nos pueden pasar a todos. Todos podemos enfermar, ser víctimas de un robo o sufrir un accidente. Todos estamos sujetos a las imperfecciones de la vida. Todas podemos convertirnos en mujeres malqueridas y padecer por amor, todas podemos ser víctimas de un maltratador o sufrir por un duelo.

Cuando esas cosas son cosas del amor, cuando nos sentimos maltratadas o malqueridas por un hombre del que estamos perdidamente enamoradas, la perplejidad es mayor todavía. No estamos prevenidas para que nos trate mal a alguien a quien queremos. No somos capaces de sacar a tiempo las herramientas que tenemos preparadas para defendernos del enemigo, ni se nos pasa por la cabeza empuñar un arma en contra del ser al que amamos. Cuando nos enamoramos solo queremos confiar y entregarnos. Dudar del otro, pensar que nos puede tratar mal va completamente en contra de lo que sentimos en ese momento y de lo que esperamos de una relación. Pasa como en las películas de terror: ¡al fin!, el protagonista está a salvo y todos respiramos tranquilos con él cuando, de pronto, descubrimos que el asesino es el policía que se supone que ha venido a protegerlo o la amiga de la infancia que cuida de sus hijos, en definitiva, ¡la única persona de todo el reparto de la que nadie podía sospechar! Esos son los golpes bajos del guionista de la vida.

Pensar: “Esto no me puede estar pasando a mí” o“no lo creo capaz de hacerme daño” es una de las razones por las cuales una mujer no denuncia a su pareja cuando es víctima de violencia de género. Sencillamente ¡porque no se lo puede creer! ¡Tiene que haber una explicación sobrenatural que dé cuenta de ese despropósito! Ella prefiere poner su vida en pausa en nombre del amor y defiende a su maltratador donde haga falta: ante la ley, ante la familia o ante sus amigos, pero, sobre todo, lo defiende ante sí misma para conservar la imagen idealizada que tiene de él.

Es importante aclara que alguien que deja su vida en pausa, no lo hace porque sea tonto, ni solo porque esté ciego de amor, sino porque confía en que la suya es una inversión a largo plazo, como cuando dejamos el dinero a plazo fijo, en pausa, a cambio de que, a la larga, seremos recompensados con jugosos beneficios. Esa mujer –cualquier mujer con un problema parecido– deja su vida en pausa mientras tanto, hasta que la situación tome el rumbo que ella tiene previsto.

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