LA FÍSICA DEL PAN BIMBO

Las cinco claves para hacer un sándwich o un bocadillo perfecto

Es uno de los alimentos más universales, como también es universal su principal problema: es muy habitual que se nos descuajaringue al metérnoslo en la boca

Foto: ¿Es posible disfrutar de un sabroso emparedado sin ponerlo todo perdido? Sí, si sigues estos pequeños trucos. (Corbis)
¿Es posible disfrutar de un sabroso emparedado sin ponerlo todo perdido? Sí, si sigues estos pequeños trucos. (Corbis)

John Montagu, IV conde de Sandwich nacido en Gran Bretaña en 1718, es uno de los muchos nombres que reivindicaron la autoría del emparedado british, esa combinación infalible de pan, relleno y pan. Según cuentan las crónicas, el advenimiento del alimento se produjo durante las negociaciones de la Paz de Aquisgrán, con el objetivo de evitar que el fiambre o el queso manchasen los dedos del aristócrata mientras se dedicaba a jugar a los naipes.

Desde luego, Montagu aportó su nombre a uno de los preparados más universales del mundo, como universal también es el mayor problema asociado a él: la imposibilidad de comerlo sin que las salsas, la lechuga, el tomate o el pollo rebose por los lados, una situación que nos ha conducido a la terrible situación que supone acostumbrarnos a devorarlo con cuchillo y tenedor. Cierto es que algunos sándwiches preparados han conseguido, por mor de la comodidad, evitar que sus bocadillos se expandan, a cambio de sacrificar gran parte del sabor.

La presión que se ejerce por un lado provoca que los alimentos resbalen por el otro, al igual que si estrujásemos un paquete de kétchup

El cocinero y presentador televisivo y radiofónico Dan Pashman tiene la clave para apuntalar nuestros emparedados, y la expone en su libro Eat More Better: How to Make Every Bite More Delicious (Simon & Schuster). A través de estos cinco consejos podemos construir un sándwich tan delicioso como estable, una obra de ingeniería tan afinada que nos permita agarrar el bocadillo cumpliendo el lejano sueño del conde de Sándwich: comer con las manos sin manchárnoslas.

Pon las verduras alrededor, no encima del embutido

Todos lo hemos vivido alguna vez. Agarramos el bocadillo con las dos manos, mordemos la zona más cercana a nuestra boca y, de improviso, sentimos cómo lechuga, tomate, pepino, aguacate u otros ingredientes se escapan por la puerta trasera. Es pura física: la presión que se ejerce por un lado provoca que los alimentos resbalen por el otro, de igual forma que si estrujásemos un paquete de mostaza o de kétchup.

La solución se encuentra en la colocación de los ingredientes, una técnica que Pashman denomina irónicamente como el Lado Positivo de los Verdes (Silver Lining of Greens). Aunque pensemos que lo mejor es emplazarlos en el centro porque de esa forma estarán más lejos de los bordes, la realidad es que es preferible que el pan no se deforme y los alimentos se repartan de forma equitativa. Además, algunos vegetales como la berenjena, el calabacín o las rúcula pueden ser una protección ante la propiedad resbaladiza del pan.

La salsa, a un lado

Suena a herejía, pero Pashman recomienda no untar las salsas en el pan ni en los alimentos, sino dejarla a un lado y mojar un poco del borde cada vez que vayamos a pegar un mordisco. Esto tiene dos ventajas: no sólo apuntala la estructura del bocadillo sino que también nos ayuda a consumir la cantidad de salsa exacta, sin pasarnos o quedarnos cortos. Es un ensayo de prueba y error continuo.

Comer un bocadillo mal construido nos puede llevar a la tristeza, a la furia y al odio. (Corbis)
Comer un bocadillo mal construido nos puede llevar a la tristeza, a la furia y al odio. (Corbis)

Ten en cuenta la dureza del pan

No es lo mismo comer un sándwich con pan Bimbo que un bocadillo con el pan revenido de ayer. Cuanto más duro y crujiente sea la hogaza, más fuerza nos veremos obligados a hacer, por lo que es más probable que los ingredientes sensibles se escurran fuera del pan. Así que antes de cargar tu bocadillo con alimentos de gran tamaño –como puede ser una esponjosa tortilla– diseña un plan de prevención de riesgos antes de que sea demasiado tarde.

La lechuga, a pesar de ser unos los ingredientes más populares, es al mismo tiempo uno de los más peligrosos

El queso fundido, la argamasa perfecta

Pongamos que tienes un antojo y quieres kétchup, salsa césar, mostaza, aceite, vinagre y unas 20 salsas más en tu altamente peligroso sándwich. El truco se encuentra en el queso fundido, tan sabroso como útil para unir el resto de ingredientes o colocarlo en los bordes, como una barrera que evite que los componentes se desborden.

Cuidado con la lechuga y los sándwiches partidos por la mitad

Todos los que nos hemos introducido alguna vez un sándwich en la boca sabemos que la lechuga, a pesar de ser unos los ingredientes más populares, es al mismo tiempo uno de los más peligrosos. Plantéate si de verdad merece la pena introducir este vegetal no especialmente sabroso o sería mejor sustituirlo por alguna de las alternativas previamente propuestas.

El autor también alerta contra los sándwiches partidos a la mitad, especialmente si se han pedido en un restaurante. Por lo general, se preparan completos y posteriormente se parten, lo que provoca que algunos de los componentes que se encuentran en el centro se desborden por ese lado. 

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