LEON FEINGOLD, EL SOLTERO DE ORO MÁS LISTO

El genio del poliamor: más listo que Stephen Hawking y más ligón que Julio Iglesias

Tiene un cociente intelectual de 168, es presidente de MENSA en Nueva York y disfruta de variadas relaciones sexuales con un gran número de mujeres. Ah, y además es capaz de comer muy rápido

Foto: No es el protagonista del artículo, pero podría serlo: el abogado reconoce haber empalmado una cita con otra durante siete días. (iStock)
No es el protagonista del artículo, pero podría serlo: el abogado reconoce haber empalmado una cita con otra durante siete días. (iStock)

Leon Feingold tiene 41 años, vive en Nueva York  y trabaja como operador inmobiliario y abogado. Además, pasó varios años jugando al béisbol en las Ligas Menores y ha participado en diversas competiciones de comida. Hasta ahí, todo normal. Es más, uno podría pensar que no se trata más que de otro norteamericano fascinado por los perritos calientes y el deporte. Pues bien, Feingold tiene un cociente intelectual de 168 (superior al de, por ejemplo, Stephen Hawking, que es de 160), disfruta del poliamor y es el presidente del capítulo de Nueva York de MENSA, la asociación internacional de superdotados que cuenta entre sus filas con el 2% de la población más inteligente del mundo.

Feingold no sólo es muy listo; tampoco parece tener abuela, como muestra en una entrevista que le han hecho en Science of Us. Como explica, le gusta enfrentarse continuamente a nuevos retos: “Siempre estoy haciendo cinco cosas al mismo tiempo”, reconoce. “Mi madre lo odia cuando viene a cenar. Tengo dos teléfonos, uno personal y otro para el trabajo, y siempre utilizo los dos. Aun así puedo seguir la conversación, no entiendo por qué le sienta tan mal”. Efectivamente: Feingold es tan listo como maleducado.

Leon Feingold.Esa búsqueda de nuevos retos es también lo que le lleva a alternar con distintas parejas. “Creo que tiene mucho que ver con mi baja tolerancia al aburrimiento”, explica. “Creo que la no-monogamia responsable tiene sorprendentes beneficios, porque una persona no puede satisfacer todas tus necesidades, y si esa persona existe, no la he conocido aún”. Feingold descubrió el poliamor hace 8 años, cuando una chica a la que conoció en OK Cupid le explicó lo que era. “¿Cómo podía desconocer que esto existía?”, se preguntó; desde entonces no ha parado.

Un reto intelectual (y un gran placer sexual)

Desde que Feingold vio los cielos abrirse no ha dejado de aprovechar la ocasión para, ejem, expandir sus horizontes mentales. “Una semana salí con siete chicas diferentes seguidas: eso quiere decir que son siete citas nocturnas sin parar”, señala. “Puede parecer que estoy chuleándome, pero simplemente quiero explicar que veía a un montón de gente”. Ninguna de esas relaciones era exclusiva, y en todas ellas encontraba algo que era de su interés: atractivo sexual, diversión, misterio, fiestas curiosas…. “Salir con tantas personas activó muchas partes de mi cerebro y me hizo muy feliz”. Aunque su cerebro salió beneficiado del experimento, Feingold no aclara qué ocurrió con otras partes más innobles de su anatomía.

En realidad, cada una de las mujeres que se cruzaron por el camino de Feingold contribuyó a satisfacer sus distintas necesidades. “Hay alrededor de 30 cosas que son importantes para mí, y si alguna de ellas no fuese satisfecha, me sentiría nervioso”, reconoce. Ello se traduce, actualmente, en tener una novia modelo a la que permite (y que le permite) hacer el amor con muchas otras personas. “La chica con la que estoy ahora es muy inteligente, pero también es japonesa”, explica. “Es un desafío discutir ciertos conceptos, incluyendo la no-monogamia responsable, que no existe para las mujeres en Japón”.

Me siento feliz de que mi mujer se acueste con otras personas

“Me siento feliz de que mi mujer se acueste con otras personas”, reconoce Feingold. “El mayor problema surge cuando discutimos ciertas ideas. No puede seguir ciertas conversaciones, y eso me frustra”. La solución es sencilla: encontrar lo que no tiene en casa en otras mujeres. ¿Es una situación arriesgada? El inteligente polígamo no lo cree. Si los dos miembros de la pareja se encuentran en el mismo nivel, no habrá ninguna desavenencia. Asunto muy diferente es cuando un monógamo sale con alguien no monógamo, una situación que califica como “una receta para el desastre”.

La genialidad de comer perritos calientes

Antes de despuntar como exitoso abogado y sabio ligón, Feingold probó suerte como jugador de béisbol y participante en concursos de comida. Durante su adolescencia, pensaba que sería un deportista profesional hasta el día que muriese. Nada más lejos de la realidad: cuando realizó el examen de acceso a la carrera de Derecho por acompañar a un amigo, obtuvo una puntuación de 175 sobre 180, superior a la mediana de Harvard o Yale. Así que, ¿por qué no probar suerte?

Empecé a tomármelo en serio y a entrenarme, cenando en los restaurantes de bufet libre en plan ‘todo lo que puedas comer’

Feingold compaginó sus estudios de Derecho con su participación en esos concursos de comida que consisten, básicamente, en meterse entre pecho y espalda todos los alimentos posibles en muy poco tiempo. Aunque no lo parezca, Feingold explica que hace falta una gran inteligencia para salir victorioso, además de un estómago a prueba de bombas: “Hay un importante componente estratégico: cómo pones la comida en tu boca, cuánta agua puedes beber. Creo que cogía los perritos calientes y los mojaba en el agua para escurrirlos luego”. Hacía falta que viniese un tipo con 168 de CI para que nos enseñase el gran secreto para vencer en los concursos más vomitivos de Estados Unidos.

El poliamoroso se lo curró, no cabe duda: “Empecé a tomármelo en serio y a entrenarme, cenando en los restaurantes de bufet libre en plan ‘todo lo que puedas comer’”, explica. “No es lo más saludable que he hecho en mi vida”. Feingold compitió durante casi 10 años, entre 1997 y 2007, y llegó a participar en el Campeonato del 4 de julio en Coney Island, la competición estrella de este ¿deporte? Entre los alimentos que es capaz de deglutir en cuestión de segundos se encuentran los helados, los huevos revueltos, las judías y el cerdo. Dios es injusto a la hora de repartir el talento: Feingold se ha quedado con dos de los más importantes.

Alma, Corazón, Vida

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