¿TECHO DE CRISTAL O ULTRASENSIBILIDAD?

Una mujer pierde su trabajo de 250.000 euros al año por no saber “cuál es su lugar”

La abogada inglesa Margaret Rowe, de 65 años, se quejó de su jefe por enviar a los compañeros un retrato de su mujer desnuda. La han despedido por ser "ultrasensible"

Foto: Las mujeres pueden ser despedidas por cuestiones que nada tienen que ver con su desempeño. (iStock)
Las mujeres pueden ser despedidas por cuestiones que nada tienen que ver con su desempeño. (iStock)

En 1986 un artículo de The Wall Street Journal utilizaba por primera vez el término “techo de cristal” (Glass ceiling barriers) para referirse a la dificultad de las mujeres para ascender a los puestos directivos de las organizaciones, con independencia de sus logros.

Hoy, casi 30 años después, la situación de las mujeres en el trabajo ha mejorado, pero está lejos de parecerse a la de los hombres. Sólo el 17,8% de los miembros de los consejos de administración de las principales compañías europeas que cotizan en Bolsa son mujeres, y los salarios de éstas siguen siendo significativamente menores.

Poco importa cuánto consiga una mujer escalar en el trabajo: el temido techo de cristal puede aparecer cuando menos se espera. Y por las razones más insospechadas.

“Mucha gente encontró el retrato embarazoso”La abogada inglesa Margaret Rowe, de 65 años, trabajaba como jefa del equipo jurídico de inversiones en una conocida asesoría financiera de la City londinense –Fidelity Worldwide Investment– y se embolsaba 184.000 libras al año (casi 250.000 euros). Su intención era retirarse a los 70 por la puerta grande. Pero no ha podido ser. Como informa The Daily Mail, la jurista ha sido despedida tras pedir a los responsables de Recursos Humanos que amonestaran a su jefe por compartir con sus compañeros un retrato de su mujer desnuda.

“Mucha gente encontró el retrato embarazoso”, ha asegurado Rowe ante el tribunal laboral que está decidiendo si su despido es discriminatorio. “Las mujeres no saben cómo reaccionar o si se deben reaccionar. Es extraño que un jefe varón envíe a las mujeres de su equipo un retrato desnudo fuera de contexto”.

En el retrato en cuestión aparece Victoria Bateman, la mujer del jefe de gestión de carteras de la asesoría, James Bateman, en un desnudo frontal. Según la compañía, el cuadro de la discordia, que estuvo todo un año expuesto en la galería de Londres, se concibió como “un desafío a la objetificación de la mujer”. Un argumento que no ha convenido a Rowe que asegura que la han despedido por no comportarse como una mujer que “sabe cuál es su lugar”.

Victoria Bateman posa ante su retrato desnunda , obra de Anthony Connolly. (Francesca Oldfield/Spinephotographic.com)
Victoria Bateman posa ante su retrato desnunda , obra de Anthony Connolly. (Francesca Oldfield/Spinephotographic.com)

“Margaret era ultrasensible”

En el juicio la empresa ha argumentado que Rowe era demasiado agresiva y estaba todo el día quejándose, y fue despedida tras una investigación independiente que concluyó que no era víctima de ningún tipo de discriminación sexual o acoso.

Katherine Attisha, responsable de Recursos Humanos de la asesoría, ha asegurado en el juicio que las quejas de Rowe eran desproporcionadas: “Su enfoque era directamente crítico y se centraba con frecuencia en lo negativo. Además solía sobrepasar la línea que separa la interacción profesional y el ataque personal. Las cosas nunca habrían mejorado si Margaret seguía negándose a cambiar su estilo, algo que no parecía dispuesta a hacer. Parecía ultrasensible, siempre buscando problemas, y últimamente parecía estar esperando a que hubiera un problema con cualquier cambio”.

“Algunos de los hombres de la oficina no podían tolerar el hecho de que una mujer fuese asertiva y directa”En opinión de Rowe, el problema no es que fuera agresiva, es que en estas empresas dominadas por hombres no están acostumbrados a una mujer que ponga las cosas en su sitio. “Algunos de los hombres de la oficina no podían tolerar el hecho de que una mujer fuese asertiva y directa”, asegura. “E ignoraban o toleraban los comportamientos masculinos censurables. Me veían como una mujer que no conocía su lugar. Era una cultura machista”.

Algo que, según la abogada, no es de extrañar en un ambiente “abrumadoramente masculino, profundamente jerárquico y muy respetuoso con la autoridad”. Pero ella no se callaba. “Cuando pensaba que algo era importante, lo decía, no podía mirar a otro lado, con independencia de la jerarquía”, reconoce la abogada. “Era franca, pero también considerada con mis compañeros. Mi personalidad era fuerte, pero era respetada por mis compañeros y asesoraba a los miembros más jóvenes del personal”.

El tribunal tendrá que decidir si, como alega Rowe, su despido fue discriminatorio e improcedente, pero es consciente de que este es final de su carrera: “Tenía 65 años y pensaba haber trabajado hasta los 70. Me dolió profundamente que me despidieran sólo por expresar cuál es mi manera de tratar a las personas con respeto y con dignidad”.

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