LA ALIMENTACIÓN INFLUYE EN NUESTRO ÁNIMO

Los seis alimentos que no deberías comer nunca cuando estás estresado

Nuestra vida puede llegar a ser muy agobiante. Por eso, cuando nos sentimos mal, tendemos a abrir la nevera y coger lo primero que pillamos y que suele ser lo peor

Foto: Cuando nos sentimos mal, es probable que comamos aquellos alimentos que son peores para nuestra salud. (Corbis)
Cuando nos sentimos mal, es probable que comamos aquellos alimentos que son peores para nuestra salud. (Corbis)

Nuestra vida puede llegar a ser muy agobiante. Prácticamente todos los días nos encontramos con que debemos cumplir con nuestras obligaciones profesionales, personales, familiares... Casi siempre acabamos logrando todas o, al menos, una gran mayoría. Es cierto que cuanto más nos exigen, más rendimos, pero a costa de sufrir muchos problemas de estrés que pueden llegar a incidir y debilitar nuestra salud.

Miles son los consejos para evitar sufrir esa horrible tensión, lógicamente la mayoría de ellos están relacionados con guardar más descanso y reposo, pero muchas veces no podemos hacerlo porque no tenemos tiempo suficiente, debemos cumplir con alguna obligación en el trabajo o, sencillamente, nuestra rutina nos lo impide. Por estos motivos, en ocasiones puede resultar más fácil intentar paliar esta sensación con algunos pequeños cambios.

Uno de ellos acompaña nuestra alimentación. No es raro que en esos días de agobio se acabe por atacar la nevera y acabar con todo lo que haya dentro de ella para saciar la sensación de apetito, tensión y quizá opresión. Sin embargo, esta no es solución nada saludable ni útil. Todos sabemos que una buena alimentación es básica para un correcto funcionamiento de nuestro organismo, por lo que es comprensible que algo similar ocurra con el estrés. Estos son algunos alimentos que debes evitar la próxima vez que estés nervioso.

1. Patatas fritas industriales

Según afirma Drew Ramsey, doctor por la universidad de Columbia, en Prevention, las conocidas como grasas trans no son nada saludables para nuestro organismo, por lo que no es recomendable atiborrarnos a patatas fritas de bolsa cuando suframos un ataque de nervios. Este aperitivo es sabroso y apetecible, pero contiene gran cantidad de estas grasas negativas para nuestro peso y corazón. Aunque tampoco sea del todo recomendable, es más saludable freír en casa unas pocas patatas fritas con un buen aceite de oliva y sin pasarse con la sal.

2. Cafés comerciales

Cada vez es más habitual que en las grandes ciudades se imponga un ritmo frenético que obligue a sacar tiempo de debajo de las piedras. Son muchas las personas que emulan a los personajes de películas de Hollywood y consumen por la calle  el típico café comercial americano, de camino a una reunión o al trabajo. La cafeína tiene numerosas cualidades positivas. Sin embargo, las bebidas de café típicamente americanas se caracterizan por un elevado contenido azucarado, lo que es totalmente contraproducente. Cuando uno está estresado, sus niveles de glucosa en sangre se elevan, por lo que será mejor no echar más leña al fuego.

3. Helado

Otro de los clásicos...  Este congelado placer se ha convertido en la estrella de la lucha contra el estrés y el agobio. Las comedias románticas y sus apetitosos sabores han provocado que muchos, y muchas, vean al helado como un aliado en su desahogo, pero nada más lejos de la realidad. Tal y como se ha comentado anteriormente, la glucosa no es un buena compañera de batallas y el helado suele tener una elevada proporción de azúcar. Una alternativa puede ser un yogur frío, con poco azúcar o acompañado de frutas, en especial cítricos como la naranja por su elevado contenido en vitamina C.

4. Comida rápida

Chino, mexicano, hamburguesas... Todos tienen un punto en común: un enorme contenido graso. Cuando uno se siente bajo una alta presión es habitual que consuma comida rápida, pues esta es muy apetecible, más aún si apenas se tiene tiempo para comer y cocinar. Sin embargo, la fast food no es el prototipo de alimento equilibrado: el exceso calórico, graso y de sal no son una buena noticia para nuestra tensión. Este inconveniente es aún mayor si se añade alguna salsa picante, ya que esta puede generar acidez y dolor estomacal.

5. Refrescos carbonatados

Las bebidas gaseosas tienen glucosa, gas y edulcorantes y su consumo es muy adictivo. Todo sumado posiblemente afecte a nuestro bienestar, generando problemas alimenticios, estomacales, intestinales, o de obesidad. Por tanto, su abuso no es recomendable bajo ninguna circunstancia, pero mucho menos en situaciones de estrés, ya que la suma de todos estos elementos no es nada favorable para aliviar la tensión acumulada. Una buena alternativa es el té frío, mucho más saludable y recomendable por su capacidad estimulante.

6. Alcohol

No nos engañemos, quién no ha dicho alguna vez “vaya semanita llevo, en cuanto llegue el viernes voy a tomarme unas copas para desconectar”. El consumo de bebidas espirituosas crea un efecto engaño momentáneo, pero al final provoca más fatiga, cambios de humor, dependencia... Como todo, el alcohol ha de consumirse con mesura. Algunas bebidas tienen propiedades positivas, el vino es antioxidante y, junto a la capacidad neurodepresora del alcohol, puede ser útil para combatir el estrés, pero con mucho cuidado y cautela. tomar una o dos copas con buena compañía es tremendamente placentero, beberse una botella entera no es una buena decisión.

Alma, Corazón, Vida
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