¿PODEMOS FIARNOS DE LAS ESTADÍSTICAS?

“Si fueran ciertas, arderían las calles”: por qué nadie se cree las cifras del paro

El CEO de Gallup dice que los datos del paro en EEUU son falsos, que hay mucho más. Aquí se dice que es al revés. Explicamos por qué nadie se cree las cifras

Foto: Gente haciendo cola (y maldiciendo) para entrar en una oficina de empleo en Madrid. (Efe)
Gente haciendo cola (y maldiciendo) para entrar en una oficina de empleo en Madrid. (Efe)

“Hay algo que muchos americanos –incluidos algunos de los más listos y mejor educados– no saben: la tasa oficial de desempleo, tal como la publica el Departamento de Trabajo de EEUU, es extremadamente engañosa”.

No lo dice un bloguero cualquiera, ni siquiera un airado columnista, lo dice Jim Clifton, CEO de Gallup, quizás la compañía más famosa del mundo en lo que respecta a la elaboración de encuestas de opinión. El directivo ha escrito un artículo en el blog de su compañía después de que el Gobierno de Obama anunciara que el paro en Estados Unidos es de tan sólo el 5,6%, y no ha dejado títere con cabeza.

Clifton explica, de forma acertada, que el Departamento de Trabajo no cuenta a los parados de larga duración que han dejado de buscar trabajo; ni a los que, pese a buscar un trabajo a tiempo completo, han logrado trabajar al menos una hora a la semana; ni a aquellos empleados a tiempo parcial que están buscando un puesto a jornada completa.

“No hay otra manera de decirlo”, sentencia Clifton. “La tasa oficial de desempleo, que ignora cruelmente el sufrimiento de los parados de larga duración y los trabajadores subempleados, es una Gran Mentira”.

Un dato es sólo un dato

Como bien explica Chris Matthews en Fortune, las tasas de desempleo estadounidenses, como las de la mayoría de países desarrollados –incluido España– registran a aquellas personas que están buscando activamente empleo y no lo encuentran, pero para saber cuál es el estado global del mercado de trabajo de un país hay que acercarse a muchas otras cifras: tasa de ocupación, afiliación a la Seguridad Social, población activa, economía sumergida… Y aun así, lo único que lograremos es conocer un puñado de cifras que, sin una interpretación adecuada, no sirven de nada.

Jim Clifton, CEO de Gallup. (Efe)
Jim Clifton, CEO de Gallup. (Efe)

No cabe duda de que las estadísticas son una herramienta básica para conocer el mundo que nos rodea, pero, como es obvio, ni en EEUU vive todo el mundo de lujo porque el paro sea del 5,6% ni en España estamos todos en la miseria con un paro del 24%. Las cifras son sólo cifras, y cada uno puede interpretarlas como quiera; y es algo que saben muy bien los políticos.

Como ha explicado a El Confidencial Guillermo Fouce, psicólogo social de la Universidad Complutense de Madrid, en estudios tan sensibles como la Encuesta de Población Activa o los barómetros del CIS, existe una intencionalidad política que funciona a dos niveles: en la propia elaboración de la encuesta –la famosa “cocina”–, y en la interpretación de esta. “En España no hay un instrumento independiente que valore siempre igual como es la realidad”, asegura el psicólogo. “Me lo tomaría todo como algo subjetivo”.

En todos lados cuecen habas

Es bastante paradójico que, justo al revés que en EEUU, en nuestro país muchos periodistas, políticos y ciudadanos de a pie creen que las cifras del paro están exageradas. ¿Quién no ha oído en más de una ocasión que “si el desempleo en España fuera real este país estaría ardiendo”?

Para interpretar una encuesta se requiere un relato, y este depende de una subjetividad de la que es muy difícil librarse (máxime si ni siquiera las encuestas son objetivas)

Hace un mes el S. McCoy explicaba, con un par de ejemplos, que parte de la mejora en la tasa del paro española de los últimos meses se debe a que muchas personas que desarrollaban su actividad en la economía informal se han dado ahora de alta.  

No es una teoría descabellada. Según un informe sobre Flexibilidad en el Trabajo elaborado por Randstad, el empleo no declarado y la economía sumergida representan en España el 18,6% del PIB y, como explica Fouce, la EPA es una encuesta subjetiva; y la gente no anda revelando a un funcionario que tiene un trabajo en negro. Pero ¿acaso en EEUU no hay economía sumergida? Es menor, pero la hay: según un estudio del profesor Friedrich Schneider es del 7% del PIB. ¿Significa esto que la tasa de paro es aún menor de lo que asegura el gobierno de Obama?

Se podrían llenar páginas y páginas discutiendo la veracidad de unas y otras cifras (y hay gente que se dedica a ello a diario), pero no es sencillo llegar a una conclusión. Los datos son sólo datos, no cuentan ninguna historia. Para interpretarlos se necesita un relato, y este depende de una subjetividad de la que es muy difícil librarse (máxime si ni siquiera las encuestas son objetivas).

Como explica Fouce “las encuestas se han convertido en creadoras de opinión ellas mismas”. Y quien las realiza trata de utilizarlas en su propio beneficio. “Las estadísticas, si están bien hechas, no entran en el terreno de la interpretación, siempre se hacen igual y son independientes, dan datos para conocer la realidad”, reconoce Fouce. “La cuestión es que se intervenga en esa realidad porque tienes interés por cambiar la interpretación de esta”. Y se interviene.

Podemos sacar varias conclusiones de todo esto: la gente miente en las encuestas, la gente manipula las encuestas y la mayoría de la gente interpreta las encuestas como le viene en gana

¿De qué nos fiamos entonces? “Lo que siempre es verdad es la tendencia”, explica Fouce. Según el psicólogo, por muy manipuladas que estén las preguntas de una encuesta, siempre que no se cambien los criterios de medición –algo que también ocurre, pero menos– el sesgo será el mismo, por lo que la evolución responderá a una realidad. Ahora bien, si no cruzamos los datos de varios estudios, tendremos siempre un retrato de la realidad incompleto.

Podemos sacar varias conclusiones de todo esto: la gente miente en las encuestas, la gente manipula las encuestas y la mayoría de la gente interpreta las encuestas como le viene en gana. Así que lo mejor es tomarse todo con cierto escepticismo y, sobre todo, espíritu crítico. 

Alma, Corazón, Vida
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