ES MUY FÁCIL JUGAR A ENFADARSE

¿Tienes una relación de pareja perfecta? Esto es lo único que puede acabar con ella

Cuando estamos enamorados creemos que nuestra relación es distinta a las demás, pero a medida que avanza el tiempo todos tenemos el mismo problema

Foto: El criticismo crea una espiral de resentimiento que puede acabar con cualquier pareja. (Corbis)
El criticismo crea una espiral de resentimiento que puede acabar con cualquier pareja. (Corbis)

Cuando estamos enamorados creemos que nuestra relación es distinta a las demás, pero a medida que avanza el tiempo lo más probable es que tengamos los mismos problemas que el resto. Como explicaba a El Confidencial el lingüista Sebastià Serrano, los problemas de pareja no surgen de distintas concepciones del mundo, ni de las ideologías, surgen de las pequeñas cosas del día a día, sobre todo por malentendidos comunicativos.

La confianza da asco, y en el momento en que empezamos a criticar a nuestra pareja –por mucho que creamos que lo que le decimos está justificado– corremos el riesgo de entrar en una espiral de reproches que puede acabar con cualquier relación. “Jugar a enfadarse es muy fácil”, explicaba Serrano. “A veces incluso nos insultamos un poco, o nos menospreciamos. Un grupo de investigadores de EEUU, que ha estudiado esto en profundidad, dicen que en el momento en que hay expresiones de menosprecio ya no hay prácticamente vuelta atrás. Y es tan fácil que aparezcan… Si le dices un exabrupto a tu pareja vas a necesitar tres halagos fuertes para reequilibrar la situación. A veces se consigue, pero otras no”.

Según el psicólogo estadounidense John Gottman, muy conocido por su trabajo en terapia familiar y de pareja, considera que la generalización de críticas negativas en una pareja predice el divorcio con una precisión del 90%. Por supuesto, no todas las críticas son malas, pero lo son muchas más de lo que creemos.

Tal como explica en Psycology Today el doctor Steven Stosny, autor de numerosos libros sobre psicología de pareja, cualquier crítica que cumpla estas características puede considerarse destructiva y, por tanto, peligrosa para nuestra relación:

  • Va enfocada a censurar un rasgo de personalidad o carácter, no un comportamiento concreto.
  • Es un reproche.
  • No está destinada a mejorar nada.
  • Se basa en lo que el que critica cree que es la forma correcta de hacer las cosas.
  • Menosprecia al criticado.

Las críticas negativas suelen aparecer tarde o temprano en cualquier relación. Normalmente son muy sutiles, pero van aumentando en intensidad a lo largo del tiempo, creando un círculo vicioso de resentimiento, difícil de frenar. La persona que recibe las críticas se siente controlada, lo que frustra al que critica, que intensifica sus comentarios negativos. Y al final uno de los dos acaba explotando.

Aprendiendo a cooperar

Todos podemos sentir en algún momento que lo que ha hecho nuestro compañero no estaba bien. En una relación de pareja, muchas de las cosas que hace la otra persona nos afectan y no hay nada de malo en hablar de ello –más bien todo lo contrario–. Pero debemos hacerlo correctamente y las críticas negativas no son el camino pues lo único que hacen es empeorar la situación.

Al cambiar el foco de nuestra crítica cambios la forma en que la persona reacciona ante ella

Las críticas fallan porque generan en el criticado dos de las emociones que más odian los humanos: sumisión y desprecio. La gente odia tener que someterse a los dictados de otra persona, por lo que cualquier crítica unidireccional –por muy bienintencionada que sea– tendrá unos efectos negativos que no generan otro tipo de formas comunicativas.

Si queremos que nuestra pareja cambie un comportamiento concreto que nos afecta negativamente lo mejor que podemos hacer es tratar de cooperar con ella, enseñándole qué es lo que nos molesta, pero no criticándole por qué hace una u otra cosa mal. Puede parecer un matiz insignificante, pero al cambiar el foco de nuestra crítica cambia la forma en que la persona reacciona ante ella.

Dejar de criticar no es fácil, pues es uno de nuestros más recurrentes mecanismos de defensa. En realidad, como explica Stosny, “no criticamos porque estemos en desacuerdo con un comportamiento o una actitud. Criticamos porque nos sentimos devaluados por ese comportamiento o actitud. La gente criticona tiende a sentirse insultada muy fácilmente y necesita defender su ego”.

Aprendiendo a criticar de forma positiva

Si eres una persona que no para de criticar, probablemente creerás que no eres un criticón. Pero si todo el mundo piensa que lo eres, lo más seguro es que tengan razón. La gente que es crítica con los demás suele serlo también consigo mismo. Si cuando cometes un error sueles pensar “mira que soy imbécil”, “cómo no se me habría ocurrido antes” o “soy la persona más torpe del mundo” es probable que hagas lo mismo con los que te rodean.

Para cambiar las críticas negativas por las positivas, que son aquellas que invitan a la cooperación, debemos seguir una serie de reglas, como las que propone Stosny:

1. Las críticas negativas se centran en lo que la otra persona ha hecho mal (“¿Podrías fregar el desayuno cuando acabes?”), las críticas positivas se centran en cómo mejorar (“Si no te da tiempo a fregar el desayuno por la mañana, acuérdate de hacerlo cuando llegues a casa”).

2. Las críticas negativas atacan la personalidad del criticado (“Eres un cabezón y un vago”), las críticas positivas se centran en un comportamiento concreto, no en la personalidad (“Me molesta encontrar los platos sucios cuando llego a casa, ¿podrías esforzarte en limpiarlos?”).

3. Las críticas negativas devalúan (“No me creo que seas tan torpe como para no saber leer este mapa”), las críticas positivas animan a mejorar (“¿Por qué no intentas mirar el GPS para aprender por dónde vamos? Pregúntame lo que quieras”).

4. Las críticas negativas culpabilizan (“Si tuvieras más cuidado con lo que gastas no estaríamos así a final de mes”), las críticas positivas se centran en el futuro (“Vamos a ver cómo solucionamos esto y a ver si el próximo mes no vuelve a pasarnos”).

5. Las críticas negativas tratan de controlar (“Hazme caso, que tengo razón”), las críticas positivas respetan la autonomía (“Venga, inténtalo a tu manera, aunque creo que no es la mejor forma”).

6. Las críticas negativas son represivas (“Hazlo como te digo o si no ya verás”), las críticas positivas nunca los son (“Vamos a llegar a un acuerdo para ver cómo solucionamos esto”).

Aunque sigamos estos pasos hay que tener en cuenta que la persona puede tomarse una crítica positiva como negativa. Para que esto no ocurra es importante, también, controlar la forma en la que decimos las cosas. Si estamos enfadados poco importará que pretendamos hacer críticas constructivas, pues el tono será negativo. Antes de discutir, lo mejor es controlar la ira y el resentimiento, pues si no es imposible lograr el feedback adecuado. 

Alma, Corazón, Vida
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios