TUS SERES QUERIDOS PUEDEN BOICOTEAR TU DIETA

¿No consigues adelgazar? Las cuatro personas que te impiden lograr tu objetivo

A la hora de ganar o perder peso es crucial el factor emocional: en nuestras decisiones alimentarias tienen una enorme influencia las personas que nos rodean

Foto: Si nuestra pareja es de buen comer acabaremos ingiriendo más de lo que pensábamos. (iStock)
Si nuestra pareja es de buen comer acabaremos ingiriendo más de lo que pensábamos. (iStock)

A la hora de ganar o perder peso el factor emocional es crucial y la investigación ha dejado muy claro que las personas que nos rodean tienen una enorme influencia en nuestras decisiones alimentarias. De hecho, si comemos acompañados ingerimos de media un tercio más que si lo hacemos solos.

Esto no quiere decir que tengamos que comer recluidos (algo que tampoco es nada bueno), pero si estamos tratando de adelgazar las personas a las que más queremos pueden ser nuestros peores enemigos.

Es muy difícil perder peso si estamos rodeados de amigos y familiares a los que tu esfuerzo por adelgazar no les importa lo más mínimo. A la hora de plantearse seguir una dieta es decisivo pedir ayuda a la gente que nos rodea para que nos pongan las cosas más fáciles. Y si logramos ponernos a dieta junto a nuestra pareja, nuestra familia o algún amigo, mejor que mejor.

Según apunta Alison Gwinn en Health, estos son los cuatro principales boicoteadores de nuestra dieta.

Tu pareja

Como es lógico, las costumbres alimenticias de nuestra pareja acaban por influir en las nuestras. Las posibilidades de padecer obesidad se incrementan en un 37% si nuestra pareja también la padece y la cruda realidad es que las personas gordas suelen estar con otros gordos. Ahora bien, en nuestras manos está convertir la influencia negativa de nuestra pareja en una influencia positiva.

Diversos estudios han demostrado que las dietas son más efectivas si se siguen en compañía y más si toda la unidad familiar se adapta a esta. Si tu pareja no va a ponerse a dieta contigo (ya sea porque no lo necesita o porque no le da la gana) deberás pedirle que, al menos, respete tus esfuerzos, y no se ponga a comer un cochinillo en tus narices mientras tú estás obligado a comer brócoli hervido.

Tus hijos

Un estudio mostró que las madres consumen unas 400 calorías más al día que las mujeres sin hijos. ¿Por qué? Lo cierto es que sólo por no tener que andar peleando, los padres adaptan la dieta familiar a los gustos de los niños, que por lo general no suelen ser de lo más saludables. Si para contentar a tus hijos acabas cocinando más pasta y fritos también tú comerás esto y engordarás.

Quizás un sándwich de Nocilla no es una mala merienda para un niño (aunque tampoco es la mejor), pero desde luego sí lo es para un adulto

Es necesario recordar que el gasto energético de un niño, que muchas veces pasa el día moviéndose (o al menos es lo que debería hacer), no es el mismo que el de un adulto, y por ello no podemos comer lo mismo. Quizás un sándwich de Nocilla no es una mala merienda para un niño (aunque tampoco es la mejor), pero desde luego sí lo es para un adulto.

Tus amigos

Tus posibilidades de padecer obesidad se incrementan en un 57% si uno de tus mejores amigos también la padece. Puede ser sólo una cuestión ambiental (hay entornos en los que es más sencillo padecer sobrepeso), pero está claro que las costumbres de nuestros amigos tienen una gran influencia sobre nosotros. De nuevo, la mejor forma de evitar las malas influencias de la gente que nos rodea es convencerles para que, al igual que nosotros, intenten abrazar hábitos alimenticios saludables; pero si no lo conseguimos, sólo nos queda hacer un esfuerzo para no imitarles.

Al igual que ocurre cuando lo hacemos con nuestra familia, si comemos con un amigo nos apetecerá comer lo que él está comiendo.  Y no hay muchas alternativas: o eres fuerte y mantienes a rajatabla la opción que sabes es la correcta o evitas comer con personas que van a empujarte a zampar más de la cuenta.

Tus compañeros de trabajo

Al menos en las grandes ciudades la mayoría de trabajadores tiene que comer en la oficina y esto hace que una parte significativa de nuestra dieta esté condicionada por los hábitos de nuestros compañeros de trabajo. Mantenerse al margen de tentaciones es relativamente fácil si traemos nuestra comida de casa (nuestro compañero puede darnos envídia, pero no vamos a robarle el tupper), pero la cosa cambia si comemos fuera.

Los menús del día suelen ser mucho más abundantes que la comida que nos traemos de casa

Según un estudio de la Georgia State University, comer con un grupo de siete personas o más hace que ingiramos un 96% más. Parece una barbaridad, pero lo cierto es que siempre que nos juntamos a comer con mucha gente la comida se convierte en una celebración y no escatimamos en gastos. Lo cierto es que, además, los menús del día suelen ser mucho más abundantes que la comida que nos traemos de casa. Ante la duda, mejor optar por comer medio menú o, al menos, por elegir las opciones menos calóricas de éste.  

Alma, Corazón, Vida
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