No, el 'running' no es siempre bueno: los cinco males que te puede provocar
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No, el 'running' no es siempre bueno: los cinco males que te puede provocar

A principio de año nos proponemos hacer más ejercicio, pero antes de ponernos en marcha, debemos tener presente que no todo es un camino de rosas

Foto: Nuestro organismo puede reaccionar de manera peculiar cuando nos ponemos a correr después de mucho tiempo sin hacerlo. (iStock)
Nuestro organismo puede reaccionar de manera peculiar cuando nos ponemos a correr después de mucho tiempo sin hacerlo. (iStock)

Se acerca el Año Nuevo, y con él, los buenos propósitos que todos nos hacemos el 1 de enero para abandonarlos gradualmente a lo largo de año… o del primer mes. Entre ellos suele figurar el de realizar ejercicio físico, con el objetivo de perder esos kilos de más que hemos ganado durante las comilonas vacacionales y ponernos de una vez por todas en forma. No sufras: es muy probable que tarde o temprano lo dejes así que, ¿por qué intentarlo?

Algo así es lo que ha pensado el periodista de Wired Nick Stockton, que en lugar de recopilar una lista de las buenísimas razones que existen para hacer ejercicio, ha realizado junto al entrenador y autor de The Science of Running Steven Magness una relación alternativa de motivos por los que no deberías hacer ejercicio. Claro está, es bastante irónica, pero nos descubre una verdad que no debemos olvidar nunca: la práctica del deporte en malas condiciones puede ser más perjudicial que beneficiosa.

En concreto, el artículo se centra en los efectos colaterales del running y de qué manera este nos cansa, nos daña y nos pone enfermos, dándonos más de una buena razón para no ponernos en forma. ¿Qué ocurre en nuestro organismo cuando salimos a correr?

Te duele hasta la piel

¿Recuerdan aquella frase hecha de “sentir dolor en partes de nuestro cuerpo que no sabíamos que existían”? Algo así puede ocurrir cuando corremos y nuestra piel nos empieza a doler. ¿Por qué ocurre? Magness explica que se produce porque la sangre fluye por todo nuestro cuerpo, de manera que llega hasta pequeños capilares en nuestra piel que no solemos utilizar. Como no estamos acostumbrados a hacer ejercicio, esos capilares se hinchan de repente, lo que provoca que se irriten los nervios que se encuentran a su alrededor.

Los músculos te arden

Cuando vemos una maratón o una carrera ciclista nos quedamos maravillados ante la resistencia de los deportistas, que pueden pasar horas y horas sin parar y, aparentemente, no muestran en sus rostros un dolor inaguantable. ¿Por qué nosotros sentimos que nos queman los músculos cuando hacemos un esfuerzo mayor del habitual? La culpa es del ácido láctico proveniente de la descomposición de glucosa propia del ejercicio anaeróbico, de mucha intensidad y poca duración, una señal que el cuerpo envía al cerebro para que entienda que se está quedando sin energía. Con el tiempo, este dolor desaparecerá poco a poco. Y no te preocupes, no es sólo cosa tuya: Magness recuerda que todos los deportistas que realizan un gran esfuerzo lo sienten, aunque en distinto grado.

Dolor en el costado

Aunque no hay un consenso sobre los calambres que algunas personas, como el autor, pueden sentir en los lados de la tripa al hacer ejercicio, Magness sugiere que hay dos posibles hipótesis que lo expliquen. Una indica que, al correr, forzamos un ligamento que conecta nuestro diafragma con nuestro abdomen. La segunda tiene que ver igualmente con el abdomen, pero también entra en juego el calcio, que se dispara en dicha región y que impide que los músculos se relajen.

Te ahogas

No hace falta ser un fumador empedernido para notar cómo, en mitad de la carrera, sientes que te falta el aliento. Como explica el entrenador, nuestro cuerpo no está preparado para mantener un equilibrio perfecto entre el aire inspirado y el espirado, así que, debido a que nuestros músculos nos reclaman más cantidad de oxígeno que nunca, tenemos prisa por tomar aire. De ahí que sintamos que nos ahogamos, puesto que no hemos eliminado todo el CO2 que deberíamos.

Te entran gases

El periodista explica cómo tuvo que correr a casa después de hacer ejercicio no por prolongar sus horas de ejercicio, sino porque tenía que visitar urgentemente el inodoro. Es bastante común que los corredores tengan más gases que de costumbre, explica Magness, puesto que los músculos descomponen la energía de los carbohidratos, las proteínas y las grasas en forma de gas. No todo el gas termina siendo expulsado por los pulmones, lo que provoca que este tenga que ser expelido por otros conductos.

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