¿A DÓNDE VAn los kilos que perdemos?

Así eliminamos la grasa, según un nuevo estudio. Y es algo que no conocíamos

¿A dónde se va la grasa cuando adelgazamos? Parece una pregunta obvia, pero muy poca gente conoce la solución. De hecho, no la conocíamos hasta ahora

Foto: El 80% de la grasa que quemamos la expulsamos a través de nuestros pulmones. (iStock)
El 80% de la grasa que quemamos la expulsamos a través de nuestros pulmones. (iStock)

¿A dónde se va la grasa cuando adelgazamos? Parece una pregunta obvia, pero muy poca gente conoce la solución. Muchos médicos, nutricionistas y entrenadores piensan que los kilos que perdemos al adelgazar se transforman en energía o calor, pero nada más lejos de la realidad. “La respuesta correcta es que la mayor parte de nuestra masa la expulsamos como dióxido de carbono”, asegura el físico australiano Ruben Meerman. “Se pierde en el aire”.

A Meerman se le ocurrió estudiar la cuestión después de ponerse a dieta. “Perdí 15 kilogramos en 2013 y simplemente quería saber a dónde se habían marchado. Después de un curso intensivo de bioquímica me topé con este resultado sorprendente”, explica el físico, que ha firmado un estudio junto a su colega Andrew Brown explicando sus hallazgos.

Teniendo en cuenta que el mundo está inmerso en una epidemia de obesidad, todo el mundo debería saber a dónde va la grasa

La investigación, que publica esta semana el British Medical Journal, constata que para perder 10 kilogramos de grasa necesitamos inhalar 29 kilos de oxígeno y, tras un proceso metabólico, expulsamos 28 kilos de dióxido de carbono y 11 kilos de agua. Si observáramos el recorrido de los atomos de 10 kilogramos de grasa a través de nuestro cuerpo, veríamos cómo 8,4 (más del 80%) se expulsan a través de los pulmones en forma de dióxido de carbono, y el resto, 1,6 kilogramos, se transforman en agua, que eliminamos en forma de orín, heces, sudor, lágrimas y otros fluidos corporales.

¿Cómo es que no hemos sabido esto antes?

“Teniendo en cuenta que el mundo está inmerso en una epidemia de obesidad, todo el mundo debería saber a dónde va la grasa”, comenta Meerman en la nota de presentación de su estudio. “El hecho de que nadie lo supiera me pilló por sorpresa, pero sólo cuando mostré mis cálculos a Andrew ambos nos dimos cuenta de lo poco que se había estudiado este asunto”.

Cuando Brown observó las conclusiones a las que había llegado Meerman se percató de que sus resultados eran algo completamente nuevo. “Había sacado a la luz un agujero negro completamente inesperado en el entendimiento de la pérdida de peso, no sólo entre el público general, también entre los profesionales”.

Como complemento de su estudio, los investigadores entrevistaron a 150 médicos, nutricionistas y entrenadores, preguntándoles a dónde iba la grasa cuando adelgazamos. El 50% de ellos contestó que se convertía en energía o calor.

“Esto viola la Ley de Conservación de la Materia”, asegura Meerman. “Sospechamos que este malentendido está causado por el mantra del balance energético que rodea a la pérdida de peso”.

Otros profesionales aseguraron que los metabolitos de grasa se expulsaban a través de las heces o se convertían en músculo. “Los errores que hemos encontrado revelan el sorprendente desconocimiento que tenemos sobre aspectos básicos del funcionamiento del cuerpo humano”, aseguran los autores.

¿Nos puede ayudar esta investigación a adelgazar?

Lo primero que todo el mundo se pregunta al leer la investigación de Meerman y Brown –sin pararse a pensar– es si podemos adelgazar respirando más.  La respuesta es no. Respirar más de lo que nos pide nuestro cuerpo sólo llevaría a una hiperventilación, que provoca mareos, palpitaciones y pérdida de conciencia.

La actividad física como estrategia para perder peso se frustra muy fácilmente por cantidades relativamente pequeñas de comida

Aunque este estudio podría abrir nuevas vías de investigación es improbable que estas sirvan para adelgazar de forma más eficaz. Respirar es sólo una parte del proceso, que nos sirve para eliminar la grasa que hemos quemado. Para adelgazar, explican los autores en su estudio, hay que seguir el mantra de siempre, “comer menos y moverse más”, para eliminar a través de nuestros pulmones más grasa acumulada que la que creamos comiendo.

Una carrera de una hora puede eliminar 40 gramos de CO2 adicionales, incrementando la pérdida total de nuestro cuerpo en torno el 20%, hasta 240 gramos. Ahora bien, tan sólo una magdalena de 100 gramos hará que recuperemos la energía que hemos perdido corriendo. “La actividad física como estrategia para perder peso se frustra muy fácilmente por cantidades relativamente pequeñas de comida”, concluyen los autores del estudio. 

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