Confesiones de una ‘chill girl’ o cómo entender a los hombres en un 'striptease'
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UNA RELECTURA DEL FEMINISMO

Confesiones de una ‘chill girl’ o cómo entender a los hombres en un 'striptease'

Muchas feministas acusan a otras mujeres de comportarse como 'chill girls', una expresión para referirse a las chicas que niegan o ignoran el sexismo

placeholder Foto: ¿Qué aprende una mujer sentándose junto a los hombres en una barra americana? (Corbis)
¿Qué aprende una mujer sentándose junto a los hombres en una barra americana? (Corbis)

Cuando hablamos de hombres y mujeres tendemos siempre a las generalizaciones, algo absurdo teniendo en cuenta que las enormes diferencias existentes dentro de cada sexo. Ni todos los hombres encajan en el estereotipo de la masculinidad, ni todas las mujeres en el de la feminidad.

En el mundo anglosajón muchas feministas acusan a otras mujeres de comportarse como chill girls, una expresión de nuevo cuño que usan para referirse a las chicas que niegan o ignoran el sexismo y la misoginia. Desde una óptica negativa este tipo de mujeres aceptan el machismo imperante, pues toleran comportamientos inaceptables en una sociedad igualitaria; pero hay mujeres que se consideran chill girls y creen entender a los hombres mucho mejor que las feministas que no hacen más que condenar su comportamiento.

Me imaginaba a mí misma descubriendo las verdades ocultas sobre los hombres y la sexualidad masculina

Es el caso de Tracy Clark-Flory, redactora de la revista Salon, que ha salido en defensa de este tipo de mujeres. “Conozco bien a las chill girl”, asegura. “Fui una de ellas siendo veinteañera. En mi caso iba a clubes de striptease, veía los bailes, me sentaba en la barra con los hombres y jugaba con ellos a evaluar los cuerpos de las artistas. A veces, después de unas cuantas copas, empezaba a hablar con los clientes, preguntándoles por qué estaban allí, si venían a menudo y si tenían novia o mujer. Me imaginaba a mi misma descubriendo las verdades ocultas sobre los hombres y la sexualidad masculina, convencida, como estaba, de que tenía que amar estas para poder amarles”.

Clark-Flory trataba de adaptarse a la mentalidad masculina a todos los niveles. “Fingía los orgasmos”, asegura. “Muchos. La mayoría. Fingía que estaba cómoda siendo una amiga con derecho a roce, aunque en realidad no lo estaba. Me castigaba viendo el porno más duro que podía encontrar, asegurándome de que nunca iba a asustarme con nada que pudiera encontrarme en el historial de un novio”.

Ventajas y desventajas de ser una chill girl

El comportamiento de Clark-Flory la llevó a dedicar su carrera a escribir sobre sexo –algo que sigue haciendo a diario en la revista Salon–, lo que le aseguró un cierto grado de dominio sobre sus parejas masculinas. Durante esta época su único objetivo, asegura, era desafiar a los hombres, en el plano físico e intelectual. Sólo hubo un campo en el que no podía mandar: el sexo. Pues, en este terreno, tenía que entregarse al poder unilateral que tiene todo amante: siempre puede rechazarte.

Hoy la escritora está felizmente casada –con un hombre que no ha ido en su vida a un club de striptease y sólo ha consumido porno suave, pero ha aprendido una lección: “Puedes aprender más de la gente cuando eres abierta y comprensiva. También creo que es una gran experiencia para cambiar de opinión acerca de cosas como el feminismo. Lo único de lo que tienes que estar segura es de que está siendo una chill girl con la persona adecuada, ni con todos los hombres, ni con los peores. Y tienes que entender, y creer fuertemente, que es más importante ser una mujer de verdad que ser una chill girl”.

¿Hacia un nuevo feminismo?

Clark-Flory ha rememorado esta parte su vida con motivo del lanzamiento de Men: Notes From an Ongoing Investigation (Metropolitan Books), un trabajo de su colega Laura Kipnis que reúne un conjunto de textos periodísticos sobre los hombres, con los que se ha sentido identificada.

La opinión de Kipnis, a la que también se ha tildado de chill girl, no encaja con las ideas feministas imperantes que se esperan de una mujer que escribe sobre estas cosas y su libro ha levantado gran revuelo entre los estudiosos de temas de género.

Las mujeres parecen ser las encargadas de corregir moralmente a los hombres, las que tienen que decirles que no les miren al escote

En su opinión, las mujeres se han obsesionado por resaltar su propia vulnerabilidad y no han entendido hasta qué punto los hombres son igual de débiles. “Creo que hay muchos ejemplos de poder masculino, pero no tantos como las mujeres tienen a creer”, explica Kipnis en una entrevista en Slate. En su opinión, el feminismo ha perdido el norte, y en vez de preocuparse por la igualdad real se está preocupando por cosas que no tienen importancia y que, además, no se pueden solucionar.

“Me siento muy distanciada de lo que la gente llama ‘feminismo’ en este momento”, reconoce Kipnis. “A menudo gira en torno a la base moral de los hombres, lo que habitualmente significa asumir posiciones bastante conservadores y no apostar por políticas radicales. Lo más radical que alguien puede hacer ahora en términos feministas es insistir en que el cuidado de los hijos es un derecho social. Pero en vez de eso oímos todo el rato que los hombres no deberían usar la palabra ‘tetas’ en público”.

En opinión de Kipnis las mujeres parecen ser las encargadas de corregir moralmente a los hombres, las que tienen que decirles que no deben mirarles escote cuando hablan con ellas. “Yo, definitivamente, no puede hacer ese papel”. Un papel que, según la ensayista, ha convertido a todas las feministas en unas puritanas.

Quizás, como comenta otra mujer, la escritora Amanda Marcotte, en la crítica del libro de Kipnis para Slate, “hay pocas cosas que se puedan decir de forma conclusiva sobre un grupo diverso de más de 3.500 millones de personas”. Todos tenemos nuestros problemas y, si bien el machismo sigue existiendo –y sigue siendo una lacra a exterminar–, las generalizaciones no llevan a ninguna parte.

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