“Revolucionario es que un hombre pueda tener muchas amigas sin sexo de por medio”
  1. Alma, Corazón, Vida
LA OTRA HISTORIA HUMANA DE THEODORE ZELDIN

“Revolucionario es que un hombre pueda tener muchas amigas sin sexo de por medio”

En "Historia íntima de la humanidad", el antiguo decano de Oxford Theodore Zeldin traza una genealogía de los sentimientos humanos que alumbra nuestra vida

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“Revolucionario es que un hombre pueda tener muchas amigas sin sexo de por medio”

“El hombre que no conoce su historia está condenada a repetirla”, dice el popular y manoseado aforismo. Una idea que se encuentra en la base de la Historia íntima de la humanidad, el popular volumen que Theodore Zeldin publicó en 1995 y que ahora reedita Plataforma Historia. “Quiero demostrar cómo, hoy en día, los individuos pueden hacerse una idea original tanto de su propia historia como de la del catálogo completo de crueldad, incomprensión y alegrías de la humanidad”, explica el antiguo decano de Oxford y miembro de la British Academy en suintroducción. En otras palabras, la historia de las emociones del hombre nos puede ayudar a entendernos mejor y a superar nuestro sufrimiento poniéndolo en perspectiva. El amor, el sexo, el trabajo, la soledad o la relación con la familia han traído de cabeza al hombre durante milenios.

El procedimiento empleado por el profesor galardonado con la Orden del Imperio Británico y la Legión de Honor francesa es elocuente: parte de una serie de perfiles de mujeres rabiosamente contemporáneas para ponerlas en contexto en la historia del ser humano, un procedimiento deductivo que le ha hecho ser considerado el Balzac moderno. Zeldin es capaz de encontrar un interesante punto intermedio entre la erudición y lo divulgativo, como bien muestra Conversación, el otro libro que Plataforma reedita, y en el cual explica cómo podemos mejorar nuestra vida simplemente conversando de forma más satisfactoria con los que nos rodean. Como el movimiento se demuestra andando, ACyV intercambió ayer opiniones con el profesor durante su visita a Madrid.

PREGUNTA. El punto de partida de Historia íntima de la humanidad es que no solemos poner nuestros problemas en perspectiva, sino que nos guiamos únicamente por nuestra experiencia y lo que hemos aprendido en nuestro entorno inmediato, ignorando lo que la historia del ser humano puede aportarnos. ¿Por qué nos resulta tan difícil ponernos en una perspectiva general?

RESPUESTA. Lo que ha ocurrido con el hombre durante la modernidad es que ha querido ser mejor que sus ancestros.Tenemos que olvidar el pasado y vivir en el momento. Es como ser huérfanos. La modernidad ha sido sacudida por nuevos descubrimientos en el campo de la neurociencia, que muestran que si pierdes tu memoria pasada, eres incapaz de hablar sobre el futuro, ya que ambas cosas se desarrollan en la misma parte del cerebro. La mayor parte de nosotros, si no conocemos el pasado, sólo podemos hablar del futuro de una forma muy limitada, porque construimos las ideas sobre el futuro a partir de nuestro conocimiento del pasado. Lo que he hecho es producir una nueva visión sobre cómo podemos pensar sobre el futuro, fuera de nuestros hábitos presentes, y cómo a pesar de las muchas razones para estar deprimidos, podemos, usando nuestra imaginación y los recuerdos de otras personas de otras civilizaciones, abandonar el enfoque político y económico que predomina. El enfoque psicoanalítico dice que los recuerdos más importantes son los de tu propia infancia, pero debemos conocer los recuerdos de los demás, no sólo los nuestros.

La historia es la conexión de todas las experiencias humanas, y debemos sortear las estupideces que hemos cometido. Te daré un ejemplo. El ser humano ha vivido muchas revoluciones, y muchas de ellas derrocaron dictadores para poner otros dictadores en su lugar. Hemos tenido guerras que dan lugar a venganzas que se repiten hasta que somos incapaces de aprender ninguna lección. Necesitamos un nuevo enfoque en nuestras ideas sobre cómo pensar el futuro.

Los jóvenes son diferentes de las generaciones anteriores, y necesitan nuevas ideas para solucionar sus propios problemas, y el principal es que no hay ningún trabajo que encaje con ellos. Hemos creado una generación que debe ser educada para que tenga aspiraciones más amplias, y necesite algo que la economía no les puede proporcionar. Nuestra economía se basa en los principios de eficiencia y organización científica, que dice que debes reducir la fuerza de trabajo tanto como sea posible. No hay espacio para los dos mil millones de personas que vivirán pronto en el mundo. Se les ofrecerá un trabajo en un supermercado y no lo querrán. Querrán ver el mundo, querrán conocer a otra gente, querrán ser mejores personas. Me dirijo a los líderes empresariales y les digo que tienen que pensar en sus hijos, que muchos de ellos no querrán un trabajo como el suyo. Los jóvenes no pueden hacerlo solos, tienen que ser ayudados por las generaciones mayores. ¿La vida consiste en hacer dinero? La vida consiste en vivir. Si quieres vivir, debes crear trabajos que te ayuden a ello, no que te distraigan. Se debe acabar con la idea de que existe una balanza entre la vida y el trabajo: no hay vida ni trabajo por separado.

Si miras la historia, verás que los humanos han sido capaces de crear diferentes concepciones del trabajo. Los cazadores recolectores empezaron a multiplicarse en número e inventaron la agricultura, que es más concentrada. Y cuando hubo demasiados granjeros, se inventó la industria, y la población que sobraba trabajó en las fábricas. Luego inventamos el empleo público, que ahora ocupa a mucha gente. La humanidad siempre ha sido amenazada por el número creciente de personas. ¿Cómo las mantienes ocupadas? En el pasado, habrían sido engañadas. Ir a la fábrica no es mejor que trabajar la tierra, e ir a una oficina para sentarte delante de un ordenador no es tan maravilloso.

Ahora tenemos que ver si hay alguna opción a lo que los jóvenes han planteado como alternativa, que es ir al campo, escaparse y hacerse hippie o viajar a la India. Hay que hacer algo constructivo. En mi libro Historia íntima de la humanidad intenté escapar de las historias de reyes y líderes políticos y centrarme en lo que piensa realmente la gente.

P. En sus libros se refiere repetidamente al Renacimiento como un momento en el que deberíamos inspirarnos: como explica, volvió a redescubrir las viejas ideas de libertad y belleza, nueva tecnología apareció, puso al ser humano en el centro del universo e impulsó la libertad. ¿Pero no vivimos tiempos mucho más conservadores y llenos de miedo que aquellos?

R. El miedo es algo común a todos los seres humanos, ya que no podríamos sobrevivir sin él. Pero aquello que nos da miedo es lo que cambia. En el pasado, imaginábamos que estábamos rodeados por diablos o seres sobrenaturales. Las civilizaciones siempre han intentado hacer desaparecer nuestros miedos diciendo que el enemigo se encuentra fuera. Hemos creado una sociedad capaz de garantizar que no sufrimos como la Iglesia Católica decía que podríamos sufrir si íbamos al infierno. En otras palabras, hemos inventado nuevos miedos, como ser atropellados por un coche o todas esas cosas que las compañías de seguros te dicen que son peligrosas. No diría que somos más o menos miedosos, quizá hay más gente ahora que quiere poner a prueba sus miedos.

El mayor miedo hoy en día es el aburrimiento. Hay una gran industria que te protege del miedo al aburrimiento dándote algo que hacer, como la del cine. Pero no te dice qué debes hacer, sino simplemente evitarlo.

P. Uno de los temas que reaparecen una y otra vez en sus obras es la relación entre el hombre y la mujer. Es más, en Historia íntima de la humanidad afirma que “la pasión es un arte que no hemos sido capaces de dominar todavía”, incluso aunque pensemos que, después de la revolución sexual, así es. ¿Qué nos falta?

R. Hemos pasado por muchas fases en nuestra relación entre los sexos. Aun hoy en día, no debemos olvidar que el 60% de los matrimonios de todo el mundo son arreglados por los padres. Lo que Occidente está haciendo es revolucionario. El movimiento romántico propugnó la idea de que debemos ignorar a nuestros padres y expresar nuestros propios sentimientos, seguirlos instintivamente. El gran desafío es averiguar cómo los hombres y las mujeres pueden ser amigos, cómo pueden ayudarse mutuamente para entender los puntos de vista del otro. En lugar de la idea romántica que es que dos personas se conviertan en una, las mujeres también quieren tener su opinión y que esta sea escuchada. La amistad entre hombres y mujeres es algo que ha tardado siglos en establecerse, y es uno de los grandes logros que podemos conseguir, sobre todo si somos capaces de librarnos de los celos, porque los celos han sido la destrucción de la mayor parte de parejas. Ahora es posible encontrarnos con que un hombre tiene muchas amigas, sin sexo de por medio. Esa sí es una gran revolución, aunque aún minoritaria.

P. En Conversación señala la paradoja en la que vivimos, que es que hablamos cada vez más pero nuestra conversación no es de mejor calidad, sino que es más insignificante. Podemos oír hablar durante horas a políticos y grandes empresarios sin que lleguen a decir nada. ¿No es la conversación, en ese caso, una forma de encubrir la ausencia de discurso?

R. La conversación también ha pasado por muchas cosas. Hasta el siglo XIX, los alumnos aprendían retórica en el colegio. La retórica es el arte de la persuasión, así que la obsesión de las clases altas era persuadir a las bajas de que produjesen. Pero ya no se enseña a conversar. El mayor problema es ¿de qué deberíamos hablar? Cuando intentamos evitar ofender a los demás, no nos enfrentamos con el gran misterio de nuestro tiempo, que es qué está pensando la otra persona. Nos hemos dejado distraer por la idea de que debemos pensar en nosotros mismos: ¿quiénes somos? Deberíamos abandonarlo y preguntar: “¿quién eres tú?” Luego deberíamos pensar cómo deberíamos conversar para entender lo que los otros piensan. Lo que he intentado hacer es organizar conversaciones estructuradas entre extraños. Lo he hecho ya en 12 países y lo hice en Madrid. La gente viene y les doy un menú conversacional con 20 temas sobre los que pensar. Tratan de las cosas importantes de la vida, por ejemplo, “¿cómo han cambiado tus prioridades a lo largo de tu vida?” Tendrás que pensar sobre ello. Es una pregunta difícil, pero finalmente lo descubrirás, y sabrás cómo piensan los demás, discutirlo y aplicarlo a tu propia experiencia.

Cuando era joven, para mí lo más importante era aprobar exámenes. Pero hay cosas más importantes, como qué debería hacer uno con su vida. Esa es la gran pregunta. En cuanto un país es próspero, y tienes comida y una casa, uno se pregunta qué debería hacer. ¿Qué pensaría la gente de mí si hago esto o aquello? Si me convierto en banquero, ¿me odiarán? La conversación debería ser una actividad constructiva sobre lo que hacemos. Para ello, necesitamos conocer todas las personas que podamos.

P. Una de las cosas que critica con más ahínco es la especialización del mundo contemporáneo. Me recuerda a algo que planteaba un profesor mío: jugar al ajedrez es una forma maravillosa de aprender a jugar al ajedrez. ¿Qué pasaría si todos nos convirtiésemos en maestros de un área de conocimiento muy limitada?

R. Hasta 1820, era posible entender fácilmente la ciencia, y muchos de los que participaban en ella eran aficionados. Ahora es muy complicada. La especialización es deseable porque permite avances, pero al mismo tiempo, no queremos ser prisioneros de nuestra especialidad. El sistema académico se basa en ello, así que necesitamos otro sistema académico, y me gustaría inventar uno en el que una vez adquirieses una especialidad, conocieses el arte, la cultura, el entretenimiento ydiferentes ramas de la ciencia, algo que es importante no para ser un médico o un arquitecto, sino para descubrir la vida. Creo que es un proyecto que atrae a muchos jóvenes. He investigado en las Escuelas de Negocio y me he dado cuenta de que la mayor parte de sus alumnos se matriculan porque quieren hacer dinero, pero hay una minoría que lo hacen porque no saben a qué otra cosa dedicarse, y simplemente buscan una vida más rica. En el Renacimiento se sabían hacer muchas cosas, y creo que es una mejor forma de emplear tu vida que hacer sólo una cosa. Quizá necesitemos dos, tres o cuatro vidas para pensarlo y reconstruir cómo vivimos nuestra existencia.

P. De hecho, escribió estos libros en un momento de bonanza económica, a mediados de los años noventa. Desde entonces, y gracias a la crisis económica, se ha empezado a sospechar de dichos discursos. ¿Habría cambiado algo de escribirlos ahora?

R. Acabo de terminar otro libro, que es la secuela de este, y que se publicará el próximo año. Desde entonces he llevado a cabo experimentos en el mundo de los negocios, porque no creo que los jóvenes puedan cambiar el mundo simplemente con una revolución o huyendo de él. Se necesita ver cómo las cosas pueden hacerse mejor. Hice un experimento en IKEA, donde nadie te enseña o te monta los muebles, simplemente vas y compras. Pero allí también hay seres humanos, y lo organicé para que fuese un centro cultural, más que un sitio de paso: di lecciones de música a los niños que iban con sus padres, enseñé inglés a los inmigrantes y monté conversaciones entre los clientes. Los dependientes tienen mucho que ofrecer a los clientes más allá de venderles productos. Un hombre que vendía muebles tenía una carrera en horticultura. ¿Por qué él no puede hablarle a la gente sobre lo que sabe? Una mujer vendía tartas en el mostrador, y estaba interesada en las hierbas y tenía ideas muy interesantes, pero nadie lo sabía, porque se limitaba a vender máquinas. Me pregunté ¿por qué no podemos hacer que la gente que compra el mueble hable con la gente que los fabrica?

Así que fui a la Indiay visité la fábrica donde había 200 mujeres haciendo muebles. ¿Por qué no podemos hablar a esas mujeres? Le pregunté al director de la fábrica por qué no les daba una educación y les ayudaba a ver el mundo que había ahí fuera. Él aceptó y dijo a los trabajadores “podéis tener una hora de educación a cambio de bajaros un poco el sueldo”. La mayoría estuvo de acuerdo, pero algunas lo rechazaron. Muchas no querían que sus hijos fuesen esclavos como ellos. Tenemos que ir más allá de esta civilización de comprar y vender, debemos hablar unos con otros. Por ejemplo, cuando compras un mueble, mandando un mensaje a quien lo construyó: “gracias por la mesa, la he puesto en el salón”. He hecho experimentos similares en hoteles o en compañías seguros para que los trabajadores se conozcan mejor. El estrés en el trabajo aumenta, y la gente se suicida. Debemos saber qué está ocurriendo en sus cabezas. Lo importante de este libro es que nos recuerda que si las cosas han cambiado tantas veces en el pasado, pueden volver a cambiar. No somos esclavos.

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