25 AÑOS DEL PRIMER VUELO DEL BOEING 747-400

Así nos han engañado con los viajes en avión: compara el pasado y el presente

Los viajes en avión han cambiado mucho: ni los precios, ni la comida, ni los uniformes son iguales. Vemos las diferencias entre volar antes y ahora

Foto: Facturación gratis, comida en concidicones y bolsas para mareos, algunos de las grandes diferencias entre los vuelos de hoy y hace veinte años  (iStock)
Facturación gratis, comida en concidicones y bolsas para mareos, algunos de las grandes diferencias entre los vuelos de hoy y hace veinte años (iStock)

Con motivo del 25 aniversario del primer vuelo de un Boeing 747, la compañía inglesa British Airways ha decidido echar un vistazo atrás para analizar cómo ha cambiado la forma de viajar en avión desde los años 80 hasta nuestros días. 

Y es que ni la comida, ni los uniformes, ni los propios aviones son iguales. Lo increíble es que 25 años después, más que de progreso, podemos estar seguros de que hoy viajar en avión es peor que hace poco más de veinte años

Aunque tecnológicamente los aviones estén más avanzados (que tampoco hay que generalizar, depende de qué compañía hablemos), se han convertido en un medio de transporte de lo más común (incluso imprescindible) y ha perdido toda su exclusividad (o magia, para los más románticos). 

Somos muchos los que no hemos tenido la fortuna de viajar en grandes compañías transatlánticas (como la mencionada), sentarnos en un asiento en primera (no, no son los que están en la primera fila empotrados contra la cabina del piloto) y desconocemos cómo era el antes y después de los vuelos de verdad, pero sí sabemos bastante del horror que es viajar en avión hoy en día.

La comida (de haberla) es peor

Aunque en los vuelos domésticos ya nos hemos acostumbrado a que no nos den nada de comer (especialmente en algunas compañías low cost donde incluso ha habido casos en los que directamente ‘ni agua’), en distancias largas la cosa cambia. Aún así, los menús de los aviones también han son bastante diferentes.  

Hoy viajar en avión es peor que hace poco más de 20 años

Hemos pasado de la langosta que, según explican en el artículo sobre el aniversario del Boeing 747-400, se servía en primera clase a la comida 'rápida' semi-fría y con sabores ultraintensos. Vamos, que hay pocos platos que no sepan a curri, pimienta o salsas extrañas no identificadas. Hamburguesas, pizzas o rollings de cosas (llámenlo pollo, pero tenemos ojos) que no saben a lo que ninguno de nosotros hemos conocido como tales en la vida terrestre.     

En el mencionado artículo destacan que, pese a que hoy los menús son más originales, "el tradicional bistec de ternera sigue siendo el plato preferido por los turistas”. Difícil imaginar las condiciones de dicho filete en los vuelos a los que nos venimos refieriendo (por no hablar de la posible guarnición. Miedo).

Los vuelos cuestan el doble (vale sí, no todos)

Comentan los antiguos miembros de la tripulación de la compañía inglesa que los vuelos cuestan casi el doble en la actualidad que en los años 80 (de 1.638 libras en el 89 a las 2.321 libras de hoy).

Estamos listos. Tras el fin del boom de las tarifas low cost (¿quién no ha invertido 1.99 euros en un vuelo de ida y vuelta a Oporto y luego se ha olvidado? Qué tiempos) ahora hay pocos billetes de menos de dos cifras.

Venga va. Aceptamos la subida del petróleo como excusa para los nuevos precios pero, ¿entonces por qué se mantienen unos servicios tan incompletos (decir vejatorios es venirnos muy arriba)? Consejo: mirad bien la compañía porque por 10 euros más podemos evitar el perder parte de nuestra calidad de visión, consecuencia de mirar mucho rato amarillo fosforescente…  

No regalan nada (y hacen lo que pueden por vender de todo)

Hasta en el Ave te dan unos cascos (claro, que tiene precios semejantes a viajar en jet privado), pero en el avión ya puedes congelarte vivo que esta gente no tienen mantas para darte.

¿Qué fue de las bolsas para los mareos?

Teniendo en cuenta el miedo que nos han trasladado desde series y películas ante la posibilidad de morir congelados en un avión por un fallo en la presión, pues como que podrían replantearse este “recorte”.

Supongo que acabaron hartos de que uno de cada cuatro españoles reutilizase las mantitas de Iberia para sus sofás. Pero vaya mal pensados, que no era por la clásica picaresca de robar cualquier cosa gratis, era cariño al viaje y a la imagen de marca.

El entretenimiento a bordo ha cambiado radicalmente. Vamos, o se lo trae uno mismo de casa o ni oler un periódico (aunque sea prestado, que tampoco es porque lo den gratis) te dejan. Eso sí, siempre en “modo vuelo” y con batería de sobra porque en los aviones sigue sin haber enchufes –increíblemente la revolución tecnológica ha llegado antes a Alsa–.

Comentan que antes había posibilidad de sintonizar diferentes emisoras, ver películas o escuchar discos gratis (como hacías en la máquina del Pryca pero a 30.000 pies de altura), hoy es la propia tripulación la que se encarga del ocio con sus carritos llenos de comida infame, ofertas 2x1 en maquillajes (mercadillo del aire) y boletos para sus tómbolas y rifas. Basta. 

Y por supuesto. No podemos olvidarnos de ellas: ¿Qué fue de las bolsas para los “mareos”? ¿Qué alternativas hay ahora? Piénsenlo.

De azafatos a camareros del aire

Las circunstancias y apariencia de la tripulación también han cambiado mucho en los últimos veinticinco años.

No hablamos de exigencias como aquel metro setenta de estatura (que dejaba fuera de juego a la mitad de la población española), los idiomas (la otra mitad fuera, ¡hala!) o la delgadez y belleza facial que se pedían. 

Más bien de que las condiciones socio-laborales de los auto-denominados “camareros del aire” no tiene nada que ver con aquella azafata cuya familia al completo viajaba una vez al año a las Bahamas como obsequio de empresa (los de padres sanitarios tenían gasas y Betadine, ni tan mal).

Hoy las azafatas y azafatos se hacen dos o tres vuelos (de ida y vuelta) en un día con la misma ropa, la cara lavada a primera hora de la mañana y maquillajes y peinados abstractos (pero eh, que sean chonis no tiene nada que ver, majos) y ya no tienen pluses de nocturnidad sino por jugar a los polis y capturar las maletas que sobrepasan las medidas establecidas.

Facturación en línea (o medidas para gastas tu tóner)

Hasta tener el billete físico se convierte en una odisea. No sólo que no te lo den de forma gratuita, sino que si no lo imprimes antes y en el periodo de tiempo que te dan (que si siguen así en breves, sólo dejarán durante los 10 minutos previos al despegue) toca pagar más.

Nos la jugamos con las maletas de mano

Sin contar con todas las promociones que nos van colando de la que hacemos el check-in online (recordemos que la gestión “tu viaje” sigue siendo con los datos de “tu” tarjeta de creédito). Que termina uno reservando uno de esos "asientos especiales” (que no lo son) y un espacio para llevarse los esquis en pleno mes de agosto.   

Equipaje de mano o matar

Empezando porque antes facturar era gratis y la espera en las cintas de recogida de equipaje asumida como parte de cualquier viaje en avión, hoy hay que conseguir meter en una maleta de 55cm x 40cm x 20cm la ropa para tus diez días de vacaciones. Fabuloso.  

Nos la jugamos con las maletas de mano y el riesgo de ser multados con sanciones superiores a lo que nos ha costado el pasaje completo (viva). Que el personal de tierra te pida que "encajes tu maleta en el medidor del tamaño exigidos", es adrenalina en estado puro

Alma, Corazón, Vida
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