ENTREVISTA CON RAMÓN CAMPAYO

“Aprendí alemán en una hora y media y luego di una charla de cuatro”

Ramón Campayo, campeón del mundo de memoria rápida, asegura que es posible aprender a hablar alemán estudiando sólo una hora al día, durante 7 días

Foto: Ramón Campayo durante la grabación de un documental sobre la memoria. (Speed Memory/Facebook)
Ramón Campayo durante la grabación de un documental sobre la memoria. (Speed Memory/Facebook)

Puede que no recordemos su nombre (él lo recordaría seguro), pero es difícil no haberle visto alguna vez en televisión memorizando en un segundo 19 dígitos decimales, aprendiendo el orden de unas cartas en lo que dura un suspiro, o presumiendo de su coeficiente intelectual de 194, uno de los más elevados del mundo.

Ramón Campayo (Albacete, 1965) tiene un palmarés impresionante. Ha ganado siete campeonatos del mundo de memoria rápida, ha batido más de cien récords mundiales y dirige una escuela en la que están los quince memorizadores más rápidos del planeta. Su éxito en la industria del libro sin embargo, ha venido de mano de la enseñanza de idiomas. Su libro Aprende inglés en 7 días (EDAF) fue número uno en España y Rusia. Tres años después, llega Aprende alemán en 7 días (Planeta/Zenith), la continuación lógica de éste, que promete ser un nuevo éxito. Pero, ¿realmente ofrece este libro lo que promete? Campayo ha contestado a ACyV esta y otras muchas preguntas.

PREGUNTA. ¿Es posible aprender alemán en siete días, o más bien en siete horas, como promete su libro?

RESPUESTA. Sí. Estoy convencido de que en 15 minutos es posible empezar a formar frases más o menos complejas a gran velocidad y con mucha seguridad. El sistema es sorprendente, pero porque la mente es sorprendente. Yo lo que he hecho es aplicar cómo funciona la mente al aprendizaje de un idioma. Pero no es lo mismo siete días que siete horas, porque hace falta un tiempo de por medio. Si tú dices en inglés get up siete veces seguidas no lo aprenderás mejor que diciéndolo una, pero si lo dices todas las mañanas durante una semana al final se te queda. Así que hacen falta siete días, pero sólo una hora diaria.

P. Muchos españoles tenemos la impresión de que no nos enseñaron bien el inglés en el colegio. ¿Qué errores cree que se cometen más a menudo en la enseñanza de idiomas?

R. Lo que no puede ser es que el primer día en la escuela aprendas los verbos principales, empieces a conjugarlos, a estudiar las declinaciones… El alumno se va el primer día diciendo “madre mía, qué difícil es esto”. Y hay gente que está dos meses en Alemania y se vuelve sin saber nada. El secreto está en la técnica. Yo hago que la persona avance muy rápido porque memoriza primero el vocabulario necesario, y no repitiendo, sino mediante imágenes y asociaciones. De esta manera el subconsciente accede a esa información con mucha seguridad y a gran velocidad. Y, a partir de ahí, sucede justo lo contrario de lo que ocurre en la actividad académica, y es que tenemos la sensación de que es divertido y fácil.

P. Pero esto no significa que podamos mantener una conversación en alemán en siete días…

R. Sí, e incluso antes. Vamos a suponer que has adquirido un vocabulario de cerca de 1.000 palabras, siempre que no se salga de esas palabras, vas a entender a un nativo. Sin ningún problema.

P. Dada su especial capacidad, ¿cuántos idiomas es capaz de hablar?

R. La respuesta que te voy a dar es un poco divertida. Depende del día. He llegado a aprender muchos idiomas. Por ejemplo el alemán lo aprendí estudiando una hora y cuarenta minutos, y no es broma, en parte del vuelo de Alicante a Múnich, y allí ya pude dar una conferencia de cuatro horas hablando alemán. He hecho algo parecido con otros idiomas. He llegado a hablar japonés, ruso, sueco, checo… Lo que sucede es que luego el idioma requiere cierto mantenimiento, cierto uso. Por ejemplo, en Rusia estuve hace diez años y no he vuelto. ¿Para qué quiero hablarlo? Luego cuando viajas, al fin y al cabo, estás siempre hablando inglés. He llegado a defenderme en 15 idiomas y me he quedado con lo que utilizo normalmente.

Yo puedo ver a una persona cómo coge el boli para memorizar y sé lo que está pensando o qué le va a pasar

P. Se escucha mucho que el cerebro tiene una capacidad ilimitada. ¿Es cierto o tenemos que hacer hueco a una nueva enseñanza olvidando algo ya aprendido?

R. Bueno, realmente en este caso es por el uso. Si no usas algo no te interesa invertir tiempo en mantener algo que no te va a hacer falta. El espacio en el cerebro es tan grande que podríamos decir que es ilimitado, en cuanto que no vamos a llegar al límite. Antes te vas a encontrar con otros frenos como el cansancio, falta de poder dormir, desconectar, la falta de autoestima…

P. En los medios suelen definirle como mentalista, hipnólogo o, incluso, telépata, como le presentó Iker Jiménez en Cuarto Milenio. ¿Considera que su habilidad tiene algo de paranormal o es todo práctica?

R. Yo siempre he sido un fan de la mente. Creo que la mente de cualquier persona hace cosas increíbles. Cuando tú la trabajas, y siempre me ha gustado trabajarla desde todos los puntos de vista, hay un momento en que se estira y se estira y parece ilimitada. Después de trabajarla tanto y desde tantos puntos de vista, llega un momento en que empiezas a espabilar percepciones especiales o capacidades que podríamos calificar de paranormales. Llegas a afinar tanto que te resulta fácil saber lo que piensa una persona por cómo te mira, o qué hace con la mano. Eso se puede afinar hasta límites increíbles. Yo puedo ver a una persona cómo coge el boli para memorizar y sé lo que está pensando o qué le va a pasar. Llega un momento en que lo haces. No es que sea mágico, es que conoces cómo funciona la mente y desarrollas capacidad para ser consciente de muchos detalles.

Ramon Campayo, actual campeón del mundo de memoria rápida. (Efe)
Ramon Campayo, actual campeón del mundo de memoria rápida. (Efe)

P. En el colegio siempre nos decían que saber algo de memoria no sirve para nada porque lo importante es aprender de dónde vienen y para qué sirven los conocimientos. ¿Tiene sentido esta afirmación?

R. Pues fíjate los “expertos” que dicen esto, con 20.000 pares de comillas, que poca idea tienen. Si la memoria no sirve para nada, ¿cómo memorizas los datos geográficos, la altura del Everest o una palabra en otro idioma? Supongo que esa gente que dice que no necesita la memoria puede razonar la longitud de los ríos o las capitales del mundo, porque es lógico. Es obvio que hay que desarrollar la capacidad lógica, pero hay cosas a las que no se puede aplicar. La capital de China es Pekín, eso siempre tienes que memorizarlo. El secreto reside en cómo memorizar, pero la memoria es la más prodigiosa de las capacidades mentales, la que más espectáculo puede dar y la que parece sobrehumana. Y ya que la tenemos hay que usarla y explotarla, si no, no puedes hacer nada.

Si no ejercitamos la memoria, las personas tendrán enfermedades cerebrales más graves, más alzhéimer y más problema de todo tipo

P. Sin embargo el aprendizaje es cada vez menos memorístico. Si queremos saber la capital de un país nos basta con mirarlo en Wikipedia. ¿Qué nos aporta hoy en día saber cosas de memoria?

R. Eso es cómo decir que como hay coches no necesitamos hacer ejercicio, y puedo estar todo el día en el sillón hinchándome a comer pasteles. Pues así tendrás obesidad sin duda. Si no ejercitamos la memoria, las personas tendrán enfermedades cerebrales más graves, más alzhéimer y más problemas de todo tipo. Lo que no se ejercita se atrofia, y el cerebro es realmente un músculo. Hemos visto mediante encefalografía cómo entrenando el voltaje  del cerebro se multiplica, cómo las neuronas se vuelven violentas y la sinapsis se produce más rápido, etc. No ejercitar la mente me parecería una pena porque la mejor herramienta que tenemos a nuestro servicio se va a transformar en tu peor enemigo.

P. Supongo que el método que aplicas para enseñar idiomas se puede aplicar a otras materias. Ya que puedes memorizar tan rápido, ¿cree que se sacaría sin dificultades la oposición de notario?

R. Ni lo dudes. Y no yo, cualquier persona. Imagina un notario que tiene que aprender el código civil, que son 2.000 artículos. El tiempo promedio es siete años. Un memorizador medio, no te digo que esté en la élite, puede tardar en memorizar los artículos con todas sus palabras en no más de dos horas. Eso es lo que tardarían. Mucha gente que haya estudiado estará pensando “venga ya, eso es imposible”, porque le dará rabia reconocer que existe esa desproporción tan gigantesca. Pero existe. Él lo ha hecho mediante fuerza bruta y nosotros lo hacemos por técnica.

Campayo se ha sometido a varias pruebas científicas, para demostrar la gran velocidad a la que funciona su mente. (SpeedMemory/Facebook)
Campayo se ha sometido a varias pruebas científicas, para demostrar la gran velocidad a la que funciona su mente. (SpeedMemory/Facebook)

P. ¿Y por qué no es notario, teniéndolo tan fácil?

R. Me aburriría. Me lo paso mucho mejor viajando por el mundo, haciendo charlas, demostraciones… Enseñando a otras personas a conocer su mente y a usarla para lo que quieren. No soy persona de estar en despachos, me gusta mucho mi trabajo.

P. Gran parte de su tiempo lo dedica a competir con otra gente en la rapidez para memorizar números o palabras. ¿Cree que sirve para algo?

R. Una persona que trabaja el cerebro va a operar mucho mejor, va a tener mejor salud mental. Es como ir al gimnasio, ¿para qué sirve correr? Hay que pensar que cuando uno se jubila va a querer tener bien la cabeza, en su sitio. Hay competidores con 79 años. Yo tuve una alumna de 92 años que estaba muy mal y acabó con tanta ilusión que se matriculó en derecho. Creas una ilusión espectacular y sirve para todo.

P. ¿Cree que en el futuro seguirá aumentado la inteligencia del ser humano?

Al ritmo que vamos, no. Siempre se va a evolucionar porque siempre hay personas inteligentes que desarrollan algo: una actividad que te permite vivir mejor, una máquina, un procesador, un mejor coche… Pero es un trabajo de minorías. El resto de gente se va acomodando. Imagínate aquí en España, a mucha gente no se la puede sacar más allá del fútbol. O gente que bebe demasiado alcohol y es lo único que le gusta. Yo no le veo ningún tipo de inteligencia a eso. Luego tiras hacia arriba y ves a los políticos, y toda la desvergonzonería que encontramos a cada paso que damos, y te das cuenta de que lo único que buscan muchas personas es el pillaje. Va a ser complicado que la gente sea cada vez más inteligente. Si acaso más oportunista y más vividora, y compensarán los malos momentos con otras cosas. Pero yo a eso no lo llamaría inteligencia.

Ramón Campayo durante la grabación de un documental sobre la memoria. (Speed Memory/Facebook)
Ramón Campayo durante la grabación de un documental sobre la memoria. (Speed Memory/Facebook)

P. Hay un lugar común que dice que las personas más inteligentes no son siempre las más felices. ¿Cree que es cierto?

R. Puede ser un lugar común, pero tiene bastante razón. Es muy fácil preocuparse por las cosas si tienes mucha capacidad para analizar y ver injusticias y si eres sensible, y si eso te afecta, puedes tener problemas. Hay gente con coeficientes intelectuales muy altos muy tendente a la depresión y a estar siempre aislado. Hay que asimilar que las cosas van como van y que tu eres una pieza pequeñita en el puzle y no puedes querer cambiar el mundo tu solo.

Una persona muy mala puede ser muy inteligente y preparar un delito espectacular que no se descubra. ¿Entonces qué pasa, que emocionalmente no es inteligente?

P. ¿Y esto no sé puede educar también? Se habla mucho de la inteligencia emocional, ¿qué opina de este concepto?

R. Para mí eso no existe en absoluto. Inteligencia y emoción van reñidas, no tiene nada que ver. Lo que pasa es que se le llama inteligencia a todo. Una persona dijo eso y se está aceptando, pero no es verdad. Una persona muy mala puede ser muy inteligente y preparar un delito espectacular que no se descubra. ¿Entonces qué pasa, que emocionalmente no es inteligente? Esa persona es muy inteligente. Lo que podemos criticar es su comportamiento.

P. Tenemos tendencia a pensar que las personas inteligentes son mejores personas, y no tiene porque ser así.

R. Exactamente. La inteligencia es una capacidad mental, como la memoria o la imaginación. Y otra cosa es tu reacción frente a las cosas. Pero a eso yo no lo llamo inteligencia. El comportamiento se puede corregir, la inteligencia no. Hay personas listas que tienen conocimientos y no tienen por qué ser inteligentes.

P. Usted es miembro de Mensa, una asociación que reúne a las personas con los coeficientes intelectuales más altos del mundo. ¿Cuáles son sus actividades?

R. Son actividades como las de cualquier otra asociación, como un club de pesca. Esta es una más, de gente con un CI alto. Creo que la inteligencia es importante, pero se tiende a sobrevalorar. Muchas personas se sienten acomplejados cuando escuchan que fulano o mengano es muy inteligente, pero la inteligencia es sólo una capacidad, y hay muchas otras, muy importantes, que se pueden mejorar y trabajar.

P. Desde luego, el coeficiente no lo es todo. ¿Puede una persona con un CI muy alto acabar teniendo una vida de fracaso?

R. Por supuesto. Y si vamos al mundo de la competición, donde se ve realmente de lo que una persona es capaz, te puedo decir que es más peligrosa una persona normal, que haya entrenado bien y que confía en sí mismo que una persona muy inteligente que no haya desarrollado ninguna capacidad y no tenga confianza en sí. Esa persona a nadie le preocupa en absoluto, es como darle un Ferrari a un chimpancé. 

Alma, Corazón, Vida
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