“A las mujeres no les gusta el sexo casual”: grandes mitos sobre las relaciones de pareja
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“A las mujeres no les gusta el sexo casual”: grandes mitos sobre las relaciones de pareja

Los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus. No es sólo una frase hecha, sino del título de un libro que ha contribuido a evitar la extinción de los viejos tópicos

Foto: Vivimos juntos, amamos juntos, hacemos el amor juntos... ¿pero de verdad tenemos caracteres tan diferentes? (Corbis)
Vivimos juntos, amamos juntos, hacemos el amor juntos... ¿pero de verdad tenemos caracteres tan diferentes? (Corbis)

Los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus. No se trata solamente de una frase hecha, sino del título de uno de los libros que más han contribuido a salvar de su extinción a los viejos tópicos sobre las diferencias entre sexos. Publicado por John Gray a comienzos de los años noventa, el volumen ha despachado más de 50 millones de copias en todo este tiempo. Cantidad más que suficiente para que ideas como que las mujeres necesitan más atención y afecto de las personas que le rodean que los hombres o que ellas le dan más importancia a la sinceridad de las iniciativas amorosas se difundan incluso en terapia de pareja.

No obstante, durante la última década muchas investigaciones han intentado desmontar dichos principios. Es el caso de la realizada por el profesor de sociología de la Universidad de Stony Brook Michael Kimmel, que ha explicado repetidamente que, en realidad, los hombres y mujeres no son tan distintos biológicamente, sino que es la sociedad la que ha impuesto en ellos distintos roles y relaciones de poder que son las que provocan en última instancia que se comporten de forma distinta.

Otro intento por deconstruir dicha sabiduría popular es el que lleva a cabo la profesora de psicología del Albright College Gwendolyn Seidman en su blog de Psychology Today, y en el que recurre a investigaciones previas para desmentir o al menos matizar algunas de las concepciones más extendidas. Desconfía de los lugares hechos: la realidad, como siempre, no suele estar pintada en blancos y negros.

Pensemos en la altura de hombres y mujeres. Estaremos de acuerdo en que, por lo general, ellos son más altos que ellas. Pero también en que hay hombres muy bajitos y mujeres muy altas y que, en realidad, las diferencias medias no son muy sustanciales, poco más de 10 centímetros. Algo semejante ocurre con el comportamiento de ambos sexos frente a las relaciones personales. Hay una mayor diferencia interpersonal que intersexual, es decir, cada persona se comporta de forma distinta por ser quien es y no por pertenecer a un sexo u otro. Citando una investigación realizada por David M. Buss y Michael Burns, Seidman recuerda que los dos sexos suelen coincidir en los valores más importantes para la relación, resaltando la amabilidad, la personalidad y la inteligencia como las tres cualidades más importantes. Una última advertencia: son precisamente nuestros prejuicios hacia el sexo contrario los que impiden al entendimiento, puesto que nos predisponemos a encontrarnos con resistencias, no el hecho de haber nacido hombre o mujer.

“A los hombres les gusta el sexo y, a las mujeres, el amor”. Es un tópico repetidamente revisado que no se corresponde con la realidad, aunque sea la propia sociedad quien sancione de forma positiva el interés sexual de los hombres y el romántico de las mujeres. Seidman le da la vuelta a la tortilla y explica en un artículo que, en realidad, los hombres son mucho más románticos que las mujeres. No es pura invención. La psicóloga recuerda que algunas investigaciones, como la realizada por Elaine Hatfield y Susan Sprecher, han demostrado que los hombres suelen creer en el amor a primera vista con más frecuencia que las mujeres, y suelen ser los primeros en decir “te quiero” en una relación. ¿Por qué? La explicación la tiene la psicología evolutiva. Debido a que las mujeres tienen que invertir más tiempo y esfuerzo en cargar con sus descendientes, un enfoque menos apresurado y más reflexivo del amor resulta más adaptativo, puesto que ello les ayudará a encontrar el candidato ideal. Por el contrario, el hombre puede enamorarse, depositar su semilla, decir “te quiero” y despedirse en apenas 24 horas.

¿Realmente son los hombresmás banales, o simplemente tienen el apoyo de la sociedad a la hora de manifestar su preferencia por la apariencia? Parece ser que cuando los sociólogos preguntan a ellos y ellas por sus preferencias respecto al otro sexo, los hombres manifiestan su interés por el atractivo físico de forma más abierta. Pero, cuando se realizan experimentos como el que tuvo lugar a partir de una serie de citas a ciegas en la Northwestern University, los hombres y las mujeres se comportan de la misma manera: una buena apariencia es la cualidad más importante a la hora de elegir una potencial pareja. Harina de otro costal es que a nadie extrañaría que un hombre asegurase interesarse por el atractivo, mientras que una mujer sería tachada de frívola en dicho caso.

Según la psicóloga, existen dos razones para que esta falsa idea esté tan extendida. Por una parte, que no está aceptado socialmente que una mujer admita interés por el sexo esporádico. Como sugería una investigación publicada en 2004 en The Handbook of Sexuality in Close Relationships, los hombres tienden a exagerar el número de parejas que han tenido mientras que la mujer lo reduce. Por otra parte, las mujeres tienden a seleccionar con más ahínco sus parejas casuales que los hombres, los que las hace parecer poco interesadas en las relaciones eventuales. Seidman recuerda que uno de los fallos en los que incurren las investigaciones que llegan a la conclusión de que las mujeres no son favorables al sexo casual es que estas tienden a identificar este con las relaciones de una noche, cuando en realidad, las mujeres están dispuestas a tener encuentros casuales en contextos distintos al de la fiesta nocturna, como con una antigua pareja o con un amigo.

En todas las discusiones de pareja se repite un mismo esquema, recuerda la psicóloga, y es el de exigencia/retirada (demand/withdraw). En otras palabras, alguien pretende cambiar el comportamiento del otro mientras este evita la confrontación. Puesto que este ignora las peticiones de laotra persona, esta se enfada aún más, lo que provoca que el primero se mantenga en sus trece. Seidman recuerda que en este esquema la demandante suele ser la mujer y el retractado, el hombre, pero no se trata de una cuestión genética. Por logeneral, explica la psicóloga, la persona que demanda el cambio es la que tiene menos poder dentro de la pareja, y esa posición suele ser ocupada por la mujer, de ahí que esta situación se repita una y otra vez y provoque la consolidación del tópico.

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