La nueva moda del periodismo y el 'politburó del pensamiento correcto'

Los periodistas han descubierto las ciencias políticas y se han puesto cachondos. A veces adaptarse a la realidad obliga a dar algunos giros inverosímiles

Foto: Pedro Sánchez durante una entrevista en El Hormiguero. (Antena 3)
Pedro Sánchez durante una entrevista en El Hormiguero. (Antena 3)

Los periodistas americanos han descubierto las ciencias políticas y se han puesto cachondos, según cuenta Ezra Klein. No es nuestro caso, anclados como seguimos en ese tipo de comentario político pendiente siempre de saber qué ocurre con tal o cual ministro, quién se lleva mal con quién, y si alguien ha caído en desgracia, pero es cierto que cada vez resulta más frecuente encontrarse con análisis periodísticos que vienen apoyados, en diagramas, figuritas y gráficos, en un intento de ganar legitimidad intelectual, como si añadiendo datos todo se hiciera evidente por sí mismo.

Esa fascinación por las ideas de los politólogos parece central en EEUU, también entre los políticos, y está configurando un nuevo panorama electoral, quizá porque, como dice Klein, “Washington está escuchando a los científicos políticos en gran medida porque ha dejado de creer en sí mismo”. En cuanto a los periodistas, Klein cree que este nuevo contexto ofrece ventajas, ya que los politólogos dan mejores respuestas que las que formulan los políticos, siempre evasivos, lo que les luce mal en sus artículos.

Y tiene su lógica, porque el conocimiento científico siempre debería aportar algo más interesante que esas declaraciones tácticas de los profesionales de la política, siempre calculando sus movimientos para ganar o no perder votantes en sus interacciones con la prensa. El científico se encontraría en mejor posición para establecer causas y consecuencias, y por tanto para brindar mejores explicaciones y mejores predicciones a los periodistas y a la sociedad.

Lo que se debe decir en cada ocasión

Sin embargo, la teoría no es siempre la práctica. El ensayista Thomas Frank, en un artículo de contestación al de Klein, advertía que la ciencia política se ha convertido en una estructura que sirve a los partidos mucho más para aislarles de las críticas que un instrumento explicativo. Las aportaciones de los politólogos son utilizadas para controlar lo que llega del exterior mucho más que para entenderlo o modificarlo. Esto funciona desde varias vertientes. Una es la que Frank expone citando el ejemplo de el de Larry Summers, economista jefe del Banco Mundial, “que después desreguló Wall Street, más tarde lo rescató, luego casi llega a convertirse en presidente de la FED, y que ahora está disertando en contra de la desigualdad”.

La ciencia política se convierte en un instrumento de repliegue que trata de actuar sobre lo existente en provecho de los políticos

Mantener posiciones tan contradictorias sin rastro de pudor es posible porque, como afirma Frank, existe el "politburó de pensamiento económico correcto", donde van informándose los profesionales de la política de forma que tengan claro qué es lo que tienen que decir en cada ocasión. Los politólogos y los asesores les informan de qué deben decir y qué no, y los políticos se amoldan a ello. Alguien como Summers no tiene más que acudir a su núcleo de expertos, quienes le dicen cuál es el discurso que impera estos días y cómo amoldarse a él

Sin duda, esa es una de las funciones esenciales de los asesores políticos, explicarles qué decir y cómo, de forma que sepan adaptarse a las exigencias de los electores. Los partidos actuales tratan de ganar votos de donde sea (o de no perderlos como sea) y en esa tarea los asesores políticos son muy útiles. Eso es lo que le ha ocurrido a Summers, y eso es lo que está ocurriendo con tantos otros como él.

El segundo problema con la ciencia política alrededor de los partidos, es que forma plenamente parte del entorno de estos, cada vez más cerrado y autorreferencial, nada permeable a lo que viene del exterior. Como afirma Frank, “los outsiders, la gente de fuera, puede decir lo que quiera, pero no les escuchan”. En ese patio particular, la ciencia política se convierte en un instrumento de repliegue que trata de actuar sobre lo existente en provecho de los políticos. Quizá no sepas por qué perdiste votantes en las últimas elecciones o por qué las encuestas no dan los resultados que buscas, pero siempre hay alguien con un gráfico, con algunas variables y con porcentajes que seguro que te explica lo que quieres oír. Quizá no sepas qué hacer en las elecciones para movilizar a tus votantes o convencer a los indecisos, pero seguro que alguien te llega con un gran discurso para la tele o los mítines que seguro llevará a la gente de cabeza a las urnas.

Un intento desesperado

Pero esta actitud acaba teniendo efectos paradójicos. A veces adaptarse a la realidad y a lo que quieren los votantes obliga a giros inverosímiles: cuando el PP quiso poner en marcha la ley del aborto, sus cargos públicos la apoyaron sin fisuras, estuvieran o no convencidos de ella, y ahora que han dado marcha atrás se han visto obligados a rechazarla con el mismo entusiasmo que la defendieron en público no hace tanto tiempo, algo que termina por pasar factura.

Ese afán por cambiar la realidad a golpe de receta de asesoría lleva a posturas risibles: como les han dicho que Podemos ganó espacio estando presente en las televisiones, tienes al PSOE tratando de entrar como loco en las tertulias

En ocasiones, ese afán por cambiar la realidad a golpe de receta de asesoría lleva a posturas risibles: como les han dicho que Podemos ganó espacio estando presente en las televisiones, tienes al PSOE tratando de entrar como loco en las tertulias y a su Secretario General llamando a Sálvame en un intento desesperado por modernizarse, esto eso, por actuar como los que han tenido éxito, sin pensar que esa no es ni de lejos la posición que más ventajosa les resulta. Le ha pasado también a IU, que ha querido copiar actitudes de la formación que les puede quitar votantes, sin pensar que hace falta algo más que la capa de pintura. Y le puede estar pasando a Podemos, que está estirando la fórmula de su éxito, logrado en un contexto que es ya distinto: la estrategia para intentar situarse en el mapa no puede ser la misma que para convertirse en partido hegemónico.

Por decirlo de otro modo, el mundo de la ciencia política se ha convertido más en el de las formas que en el de los contenidos, y por esos sus fórmulas son cada vez más parecidas a las que se aconseja en el entorno del management para vender toda clase de productos en entornos cambiantes. Parece que la política es algo parecido a elegir una camisa…

Alma, Corazón, Vida
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