MEJOR PREVENIR QUE CURAR

Cinco consejos para tratar con tus vecinos (también con los indeseables)

Nuestros vecinos pasan totalmente desapercibidos hasta que nos causan alguna molestia. Crear una relación cordial es clave para manejar problemáticas

Foto: Una buena relación con los vecinos trae más alegrías que disgustos. (iStock)
Una buena relación con los vecinos trae más alegrías que disgustos. (iStock)

Están a nuestro alrededor, no les solemos tener muy en cuenta y no reparamos en su presencia hasta que nos causan molestias o algún tipo de malestar. No son ningún animal mitológico ni una especie en extinción, son nuestros vecinos.

Pasamos horas y horas en casa y, aunque no seamos conscientes, son considerables las consecuencias que puede tener la convivencia con un buen vecino y uno no tan bueno, o directamente funesto. Más allá de las típicas molestias en ocasiones que puedan crear, un estudio realizado por la Universidad de Michigan y publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health llegó a la evidencia de que las personas que vivían en un vecindario amistoso, tienen un 70% menos de posibilidades de sufrir un ataque al corazón que aquellos que lo hacen en uno más problemático.

Estos motivos parecen ser suficientes para poner algo de empeño y tratar de mejorar el ambiente vecinal para que este no se convierta en nuestro particular Aquí no hay quien viva. El autor Amy Alkon en su libro Good Manners For Nice People Who Sometimes Say F*ck (Macmillan) trata de cómo ha evolucionado la comunicación en estos últimos años, cuáles son las costumbres sociales en pleno S. XXI y cómo hemos de tratar con aquellas personas que nos causan malestar. Algunas de sus ideas han sido publicadas en Psychology Today.

1. Altruismo recíproco

El antropólogo de la Universidad de Rutgers, Robert Trivers creó el término psicológico ‘altruismo recíproco’ que no es más que la tradicional idea de altruismo, pero añadiendo un futura recompensa de la otra persona. Este concepto puede ser transportado al campo más inmediato al nuestro.

Siempre hay personas desagradecidas, pero lo habitual es que haya una reacción positiva

En ocasiones, pequeños detalles de generosidad hacia los vecinos nos pueden ayudar a que estos sean más amables con nosotros de cara al futuro. No hace falta caer en la americanada de regalar un pastel cuando se instalen unos nuevos compañeros en el vecindario. Basta con pequeños detalles como ofrecer ayuda cuando vayan cargados, ofrecerles un pañuelo si están resfriados o en un día en el que parezcan agobiados decirles que se va a hacer la compra y si necesitan algo.

Está claro que hay personas desagradecidas que se lo tomarán a mal, pero estas son las menos. Con estos pequeños detalles, probablemente la opinión del vecino cambiará a mejor, la convivencia sea más sencilla y además nosotros nos sentiremos más llenos al sentir que aportamos algo positivo a otras personas.

2. La empatía

Esta cualidad es básica para cualquier relación humana. En el caso de los vecinos, también. Es complicado que con el paso del tiempo no ocurran algunos sucesos que provoquen la aparición de asperezas que o se liman a tiempo, o acabarán por crear un conflicto más serio. Cuando estos lleguen es necesario ponerse en la posición de la otra persona para tratar de solventarlos lo mejor posible.

Es molesto que a nuestro vecino de arriba se le caiga la ropa en nuestro tendedero o que el de al lado pase el aspirador cuando estemos durmiendo la siesta. Sin embargo, nuestra actitud ante el conflicto cambiará enormemente si nos enfadamos en un primer momento y vamos a su casa en ese instante, a si tratamos de ponernos en su lugar. Quizá el vecino no tenga muchos más ratos libres o lo hiciera con prisa. Si tenemos esta mentalidad es muy posible que al hablar con la otra persona no la enfademos y podamos alcanzar un acuerdo que beneficie a ambos.

3. La nota escrita a mano

Si hemos tenido algún conflicto con algún vecino, una buena forma tanto de pedir perdón como de mostrar una crítica es a través de una nota escrita a mano. Sobre todo cuando no se sabe quién ha podido ser.

Al utilizar un mensaje escrito a mano la sensación será mucho más personal que si se hace con el ordenador. Además si se usa un lenguaje correcto y respetuoso, la reacción de la otra persona probablemente sea mucho más razonada.

4. Dejar a un lado la honestidad

La honestidad es una virtud que enaltece a muchas personas, pero en ocasiones es mejor no ser totalmente honesto. Si en la comunidad hay algún vecino que fume, no limpie las cacas del perro o deje los chicles pegados en zonas comunes… Es bastante seguro que sepas quien es el desgraciado que lo hace o, al menos, tendrás un claro candidato.

Es mejor no atacar directamente porque puede sentirse ofendido o negar cualquier vinculación

Sin embargo, a la hora de tratar el problema será preferible que te acerques educadamente y digas: “oye, ¿te has fijado en que últimamente ocurre esto en la comunidad? Es que no sé quién es y es bastante molesto, ¿tú sabes?”.

Actuando así no le atacas directamente, pero conseguirás que la otra persona sea totalmente consciente de que estás molesto por ello. En cambio, si es acusado, es muy posible que le siente mal, lo niegue y se enfade. Puede ser interesante comentarlo no solo con el sospechoso, sino también con más gente para que ellos también sepan del problema y actúen ante él.

5. Pedir perdón

Al igual que cualquier vecino, por muy civilizado que sea, puede causar molestias en algún momento, nosotros inconscientemente también. Hemos de reconocer que alguna actuación nuestra haya podido sentar mal a un vecino. Cuando esto ocurra debemos saber escuchar y ponerse en lugar de la otra persona.

Una vez que la otra persona haya expuesto su postura, probablemente detectemos que tiene razón en lo que dice o, al menos, en algunas de esas cosas. Cuando esto suceda es necesario entonar el mea culpa y pedir perdón por las molestias causadas.

Alma, Corazón, Vida
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