Cinco cambios que harán que vivas mucho más (y sin ningún problema cardiovascular)
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Cinco cambios que harán que vivas mucho más (y sin ningún problema cardiovascular)

El secreto de la Eterna Juventud no se encuentra en un manantial, sino en cambiar ligeramente nuestros hábitos para evitar las enfermedades cardiovasculares

placeholder Foto: La comida basura, la vida sedentaria o el abuso del alcohol y el tabaco influyen más de lo que pensábamos en la probabilidad de sufrir enfermedades. (Corbis)
La comida basura, la vida sedentaria o el abuso del alcohol y el tabaco influyen más de lo que pensábamos en la probabilidad de sufrir enfermedades. (Corbis)

El secreto de la eterna juventud no se encuentra en un manantial transocéanico o en las Bahamas, sino en cambiar ligeramente nuestros hábitos para evitar las enfermedades cardiovasculares, que son la causa del 47% de las muertes que al año se producen en la Unión Europea. Que hay que beber menos y hacer más ejercicio es algo que todos sabemos pero que, como pone de manifiesto una investigación publicada esta semana en el último número del Journal of the American College of Cardiology, apenas ponemos en práctica.

Según la investigación encabezada por Agneta Akesson, del Instituto de Medicina Medioambiental del Karolinska (Suecia), estos pequeños cambios inciden de forma muy significativa en la esperanza de vida de aquellos que los introducen en su día a día. “No es sorprendente que un estilo de vida saludable conduzca a una reducción en los ataques al corazón”, explicaba. “Lo que es sorprendente es la forma tan drástica en la que el riesgo se reducía debido a estos factores”.

El estudio ha sido realizado a lo largo de 11 años con 20.721 saludables ciudadanos suecos de edades comprendidas entre los 45 y los 79 años. Cada uno de los factores desgranados en la investigación contribuía a reducir la posibilidad de sufrir problemas coronarios. Todos juntos harían descender esta posibilidad un 80%, aunque por separado, el porcentaje desciende sensiblemente. La moraleja es clara: debemos llevar a cabo todos ellos aunque, lamentablemente, tan sólo el 1% de los analizados había adoptado todos a la vez.

Akesson anima a pasar de la teoría de la práctica y cambiar cuanto antes nuestros hábitos, para pasar del grupo de alto riesgo al de bajo riesgo. Nunca es tarde, recuerda, aunque lo ideal sería adoptar estos hábitos cuando aún somos jóvenes.

No fumar (desciende la posibilidad de sufrir enfermedad cardiaca un 36%)

El factor más relevante de todos a la hora de evitar una dolencia del corazón. Aunque las cajetillas de tabaco son lo suficientemente gráficas, nunca está de más recordar que cada año, más de 5 millones de personas mueren a causa del tabaquismo. No sólo ensucia los pulmones, afecta al corazón, ensucia nuestros dientes e incrementa el riesgo de sufrir impotencia, sino que también perjudica a las personas que nos rodean y daña el medio ambiente.

Mantener una buena dieta (18%)

Otro importante factor. Aquellos que consumían de forma habitual frutas, verduras, legumbres, nueces y verduras tenían hasta un 18% menos de probabilidades de sufrir un infarto. Una dieta equilibrada previene un gran número de enfermedades, no tan sólo cardiacas. Como explica la AHA (American Heart Association), debemos reducir en nuestra dieta las grasas no saludables, los alimentos altos en colesterol, el sodio y los azúcares añadidos.

Nada de barriga (12%)

Los investigadores también analizaron la circunferencia de la barriga de los hombres analizados. Aquellos que no superaban los 94 centímetros tenían un 12% menos de probabilidad de sufrir un infarto. Para reducir la tan peligrosa grasa que rodea al estómago, no sólo debemos mejorar nuestra alimentación, sino llevar a cabo ejercicios como abdominales, skipping, elevaciones laterales o elevaciones crunch, como las que explicamos aquí.

Beber poco alcohol (11%)

No hace falta eliminar por completo el vino o la cerveza de nuestra dieta; basta con no tomar más de dos vasos al día para reducir la posibilidad de infarto un 11%. En el punto intermedio se encuentra la virtud. Aunque no haya consenso, el alcohol, en bajas cantidades, aumenta el colesterol bueno, reduce la artritis, aumenta la fibra y mejora ciertos tipos de cáncer. Eso sí, en exceso, daña el hígado, el páncreas y el esófago, hasta la tan temida cirrosis.

Hacer ejercicio de forma regular (3%)

Aquellas personas que caminaban o montaban en bicicleta al menos 40 minutos al día y hacían otra clase de ejercicio una hora por semana veían descender el riesgo en un 3%. Puede parecer una cifra no demasiado alta para el esfuerzo que implica, pero la práctica del deporte tiene otros beneficios no cuantificables, como la mejora de la eficiencia de nuestro cerebro, reforzar nuestros músculos y piel, o simple y llanamente, ayudar a sentirnos realizados cuando somos capaces de alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.

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