su producción puede perjudicar el medioambiente

Las luces y las sombras del fruto seco más consumido: las almendras

A pesar de sus notorios beneficios nutricionales, este fruto seco también cuenta con un lado oscuro, de cariz ecológico y que se obvia en la mayoría de estudios

Foto: Cultivo de almendros en flor en Andalucía. (Corbis)
Cultivo de almendros en flor en Andalucía. (Corbis)

Los resultados de los estudios nutricionales realizados durante los últimos años sobre las almendras las han elevado a la categoría de superalimento. Su consumo es beneficioso para prevenir numerosas enfermedades, sobre todo cardiacas, pero también diminuye el riesgo de padecer cáncer y artritis y ayuda a combatir el sobrepeso, debido a su poder saciente. Unos beneficios para la salud que las han convertido en el fruto seco más popular y vendido, hasta el punto de que su producción se ha elevado por diez durante el último medio siglo.

Su transformación en leche de almendra así como su uso en cosmética (principalmente aceite de almendra) son otras de las razones por las que este negocio ha crecido como la espuma. Sólo en España se produce una media anual de 40.000 toneladas de almendra en grano, lo que sitúa a nuestro país como segundo productor mundial, aunque el estado norteamericano de California copa el 82% de toda la producción mundial, lo que se traduce en unos beneficios que rozan los 4.000 millones de euros anuales.

La buena fama asociada a los beneficios para la salud asociados al consumo de almendras ha provocado una multiplicación de sus ventas en los últimos años

El sorpasso en ventas de la almendra al cacahuete tiene mucho que ver con las propiedades nutricionales de las primeras, pues no hay semana en la que aparezca un nuevo estudio resaltando sus beneficios. Uno de los más populares, publicado el pasado mes de octubre en el New England Journal of Medicine por investigadores de la universidad de Harvard, concluía que el consumo diario de almendras reducía en un 20% las tasas de mortalidad en los pacientes con patologías coronarias.

Un alimento con luces nutricionales y sombras ecológicas

Esta misma semana, los resultados de un estudio de la Universidad de Cambridge, publicado en el British Journal of Nutrition, reincidían una vez más en esta misma máxima: “consumir una onza diaria de almendras [algo más de 28 gramos] se asocia a una reducción a la mitad del riesgo de desarrollar problemas de corazón".

Todos estos beneficios se unen a las virtudes nutricionales de las almendras debido a su alto contenido en vitamina E, fibra, antioxidantes o arginina. Sin embargo, este fruto seco también cuenta con un lado oscuro, de cariz ecológico y que se obvia en la mayoría de estudios, subyacente al disparatado consumo actual. No hay la suficiente agua para seguir produciendo almendras a este ritmo, como pone de relieve el especialista James Hamblin en un artículo publicado en The Atlantic, y como han denunciado también algunas organizaciones españolas de agricultores.

Las consecuencias de la producción extensiva de almendras no se limitan sólo a la sequía de ríos y pozos, sino al también al deterioro de las infraestructuras de transporte, amenazadas por el bombeo excesivo de los acuíferos

En Murcia o Alicante, por ejemplo, donde las sequías están afectando seriamente a su producción, los agricultores que pueden regar técnicamente no suelen hacerlo debido al elevado precio del agua: 60 euros la hora. Sólo en Alicante se estima que la falta de agua ha provocado unas pérdidas de 45 millones, a los que habrá que sumar otros 15 millones que se mueven por la exportación, según la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja). En Murcia y Valencia la caída estimada fue del 59,6 y del 18,8% respectivamente, según la Mesa Nacional de Frutos Secos. El precio del turrón de Jijona y Alicante, para el que se utiliza una gran cantidad de almendras, será uno de los primeros en elevarse.

España es el segundo productor mundial de almendras, por detrás de EEUU. (iStock)
España es el segundo productor mundial de almendras, por detrás de EEUU. (iStock)

Amenazas para la fauna acuática y las abejas

Unas pérdidas no sólo están provocando daños económicos, sino también medioambientales. Como denunciaban los periodistas de investigación Alex Park y Julia Lurie en un reportaje publicado en Mother Jones, para producir un kilo de almendras se requieren casi cuatro litros de agua. Unas necesidades que están amenazando el suministro de agua en ciertas zonas, debido a la sequía de los acuíferos subterráneos a los que se recurre para producir almendras. Asimismo, se está poniendo en peligro la vida de la fauna acuática, principalmente de los salmones debido a la bajada de los caudales de los ríos por su desvío a las plantaciones de almendros.

Otra de las sombras que genera la producción intensiva de almendros tiene que ver con la desaparición de las abejas

A pesar de las preocupaciones ecológicas que plantea la cosecha masiva de almendros, como está ocurriendo en California, ni las autoridades ni los productores parecen estar dispuestos e renunciar a este suculento negocio: el precio de la almendra se ha duplicado en los últimos cinco años a la par que se multiplicaba la demanda. Sin embargo, las consecuencias no se limitan sólo a la sequía de ríos y pozos, sino al también al deterioro de las infraestructuras de transporte amenazadas por el bombeo excesivo de los acuíferos, como han documentado Park y Lurie.

Otra de las sombras que genera la producción intensiva de almendros tiene que ver con la desaparición de abejas. Estos insectos son necesarios para polinizar la planta y se ha creado todo un mercado para comerciar enjambres. Según los cálculos del departamento norteamericano de agricultura, la industria californiana requiere 1,4 millones de enjambres para su mantenimiento.

El consumo de almendras pues, tiene unos altos beneficios nutricionales, y su consumo es más que recomendable. Sin embargo, si la demanda continúa multiplicándose como en los últimos años, o bien se disparará su precio para mantener las cotas de producción, o bien se convertirán en otro caballo de troya del cambio climático. La producción de las inofensivas almendras puede ocasionar serias consecuencias ecológicas. De hecho, en California ya se están dejando notar. 

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