LA ÉTICA Y LA HORA A LA QUE TE LEVANTAS

La razón por la que los dormilones mienten el triple que los madrugadores

Dime a qué hora te levantas y te diré cómo eres. Ni la genética, ni la cultura, ni la educación, lo que más influye en nuestra moral son los ritmos circadianos

Foto: Las personas que responden a la tipología de 'alondras' son aquellas que tienen más facilidades para levantarse temprano. (Corbis)
Las personas que responden a la tipología de 'alondras' son aquellas que tienen más facilidades para levantarse temprano. (Corbis)

Dime a qué hora te levantas y te diré cómo eres. Ni la genética, ni la cultura, ni la educación, lo que más influye en nuestra moral son los ritmos circadianos, es decir, el reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia. Los diferentes ritmos o cronotipos están asociados a tres grandes grupos de personas, entre las que destacan las alondras (aquellas que tienen más facilidades para levantarse temprano), los búhos (las que tienen un cronotipo más tardío) y los colibrís (se encuentran en el punto intermedio).

Entre las alondras abundan más las personas honestas, transparentes y honradas, mientras que entre los búhos la moralidad suele ser más laxa, según las conclusiones del estudio The Morality of Larks and Owls, publicado en el último número de la revista Psychological Science por un grupo de investigadores norteamericanos. Se trata de lo que se ha definido como “el efecto moral de la mañana”, por el cual las personas que más madrugan actúan de forma más ética durante las primeras horas del día. A medida que su energía se va desvaneciendo a lo largo de la jornada, desciende también el compromiso ético.

Por el contrario, las personas que son más activas por las noche debido a sus cronotipos (las denominadas búhos) experimentan el proceso contrario. Sus exigencias morales son más elevadas durante la tarde-noche que durante la mañana. En este grupo de personas se incluye, de manera estimada, al 40% de la población, según el estudio. Sin embargo, en términos generales, su moral es menos exigente que la del tipo de personas con un cronotipo alondra.

A mayor ética, mayor gasto energético

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores se apoyaron en dos experimentos en los que analizaron el grado de honestidad y honradez de un grupo de voluntarios a lo largo del día y las compararon con sus respectivos cronotipos. El hecho es que sólo el 10% de la población respondió a la tipología de alondra, las personas con una moral más férrea.

Las personas que son más activas por las noche, debido a sus cronotipos, tienen un menor compromiso ético

Al medir la honestidad de los participantes, mediante diferentes experimentos, se determinó que las personas que respondían a la tipología de búho mentían y manipulaban el triple que el resto. Uno de estos experimentos consistió en plantear una serie de problemas matemáticos que debían resolverse en un determinado tiempo. Por cada operación resuelta correctamente, el participante ganaba 0,50 dólares. La prueba se realizó por la mañana y se les facilitaron las respuestas correctas a los participantes para que reportasen, por su cuenta, cuántas preguntas habían acertado. El resultado fue que un 19% de los denominados alondras mintieron o hicieron algún tipo de trampa, frente al 59% de los búhos.

Una de las principales hipótesis que manejan los investigadores para interpretar dichos resultados es que, a mayor ética, mayor consumo de energía. Por tanto, cuantas más facilidades tenga alguien para madrugar, y más reparador sea su descanso nocturno, menos le costará elevar sus estándares morales.  

La moral también es una rutina

Otros estudios previos ya habían demostrado que levantarse temprano, y hacerlo descansados, no sólo mejora la productividad, sino también el bienestar mental. Por tanto, madrugar es uno de los hechos que más influye en la satisfacción vital, la autoestima y, en definitiva, en la felicidad.

Una de las cuestiones que pasa por alto el estudio es que los ciclos biológicos y los cronotipos se pueden entrenar mediante la rutina. Por eso, si solemos acostarnos a una cierta hora y el despertador está programado para sonar siempre a la misma hora, el cuerpo se adueña de esos comportamientos y los incluye como una parte más de los procesos biológicos del organismo.

La denominada proteína per es la encargada de regular los ciclos de sueño y vigilia. Los niveles de esta proteína varían a lo largo del día. Cuando sus niveles son bajos, la presión arterial también desciende, el ritmo circadiano se ralentiza y la actividad mental se relaja. En ese momento, es cuando nos entra sueño y el cuerpo comienza a pedirnos descanso.

La rutina, en este caso de los hábitos de sueño, hace que el cuerpo aprenda a aumentar por sí mismo los niveles de la proteína per, por lo que puede llegar al punto de sustituir al despertador que dejamos en la mesilla de noche. Alrededor de una hora antes de que nos despertemos, la presión arterial y la temperatura corporal aumentan, mientras que el cuerpo comienza a segregar las hormonas que dan respuesta al estrés de la vigilia, como es el caso del cortisol. Una forma de ir preparando el organismo mediante la que poco a poco vamos abandonando el sueño profundo hasta que nos despertamos.

 
Alma, Corazón, Vida
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