La solución final (y exportable) para evitar el fin de las clases medias
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LOS NUEVOS ASALARIADOS, ESCLAVOS DE LA CARIDAD

La solución final (y exportable) para evitar el fin de las clases medias

“Primero los trabajadores, después los accionistas”. Este fue el modelo sobre el que se basó el éxito empresarial de la cadena de alimentos Market Basket

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La solución final (y exportable) para evitar el fin de las clases medias

“Primero los trabajadores, después los accionistas”. Este fue el modelo sobre el que se basó el éxito empresarial de la cadena norteamericana de supermercados Market Basket, que ocupa el puesto 127 de las empresas más importantes de EEUU, según la lista Forbes. El pasado año ingresó más de cuatro mil millones de euros. Sus trabajadores eran la envidia de unsector, en el que no ha cesado el aumento de la precarización durante los últimos años, principalmente, entre sus colegas de la tercera corporación mundial: la cadena de supermercados Walmart.

La mayoría de los trabajadores de Walmart tienen que recurrir a las ayudas públicas del Estado para sobrevivir. Sólo durante el pasado año, los servicios públicos destinaron a los asalariados de la cadena cerca de seis millones de euros en bonos para alimentos, seguro sanitario (Medicaid) y viviendas de protección oficial, ayudas a las que sólo tienen acceso las personas en situación de pobreza extrema, según un informe publicado por Forbes.

Un fiel reflejo del generalizado empobrecimiento de la masa laboral y, por ende,el principio del fin de las clases medias. Sin embargo, los trabajadores de Market Basket eran la excepción: contaban con un salario de doce euros la hora, un plan de pensiones, unas primas anuales según los beneficios de la compañía, que rondaban de mediael salario de tres meses, y vacaciones pagadas (la ley en Estados Unidos no exige que las compañías ofrezcan vacaciones remuneradas, y el 57% de los trabajadores estadounidenses no las disfrutan).

Una cultura empresarial basada en la distribución de los beneficios que se presenta como la última oportunidad para evitar la muerte anunciada de las clases medias. Un modelo de éxito, tanto para la supervivencia de los trabajadores, como para la consolidación de la compañía (4,6 millones de ingresos en 2013) y para el beneficio de sus accionistas, que se han embolsado un millón de euros en dividendos.

El CEO que se convirtió en un Robin Hood

Dos modelos antagónicos, ambos rentables, pero uno basado en el beneficio accionarial a base de cuidar a sus trabajadores y otro a base de reducir sus salarios. Ahora, el nuevo CEO de la compañía, Arthur S. DeMoulas, que tras una intestina guerra familiar ha desplazado del control a su primo Arthur T. DeMoulas, el ideólogo de este sistema, se ha empeñado en vender la compañía al mejor postor (no son pocos los interesados: Shaw, Safeway, Star Market, Acme, Jewel-Osco y Albertsons, aunque el comprador mejor posicionado es Cerberus).

De este modo se finiquitará la filosofía laboral que hizo germinar a las clases medias del vitoreado país de las oportunidades. Un tiro de gracia a los más de 19.000 empleados de Market Basket, que se han puesto en pie de guerra contra el nuevo CEO. La huelga (a la que casi se podría llamar patronal)es su arma negociación, y sus reclamas se ciñen a que Arthur T. DeMoulas (Artie para sus empleados) vuelva recuperar el control de la cadena, y con ello su futuro: 'one leader, one direction'.

Por paradójico que parezca, sus proclamas tienen reminiscencias a las de un sindicato vertical. Defienden a uñas y dientes la identidad corporativa, sus banderas son bolsas de plástico con el logo de la compañía y su líder “sindical” no es otro que el anterior CEO de la compañía, quien mejor representa, aseguran, los intereses de los trabajadores.

“Es un hombre de una gran integridad”, subrayaba a los medios Joe Schmidt, que lleva 27 años trabajando en Market Basket. “Pone a los empleados y las personas en primer lugar, y gracias a ello ha creado un modelo de negocio exitoso”, insistía. “Lo que tardó más de 50 años en construirse se ha destruido en tan sólo uno” lamentaba también David McLean, un veterano de la compañía que lleva 38 años trabajando en ella.

El símbolo de la resistencia para la clase trabajadora

La población estadounidense ha empatizado con sus proclamas, y pocos son los clientes que no apoyan la huelga. Una curiosa reacción en un país en el que la solidaridad entre trabajadores no se destila demasiado. Sin embargo, la lucha de los trabajadores de Market Basket se ha interpretado como la triste metáfora del principio del fin de las clases medias. La pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de las condiciones laborales en las grandes empresas, con la excusa de las ventas y las fusiones.

Un sistema gracias al cual los cuadros directivos ya cobran 331 veces másque el promedio de los trabajadores. Una creciente desigualdad que está detrás de la dinámica por la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. En España, las cosas tampoco son tan diferentes: Solo durante 2013, elsueldo de los directivos subió un 7% con respecto al año anteriory el de los empleados descendió en un 0,5%, según uninforme de la escuela de negocios EADAy el grupo ICSA. La mayor rebaja salarial se concentró en los cargos intermedios, cuya retribución se vio disminuida en un 3,2%.

Para algunos de los economistas keynesianos más destacados, comoKrugmano Piketty, la forma de frenar esta tendencia hacia la desigualdad, y ladesaparición de las clases mediasen última instancia, pasa más por unasubida de impuestos a los grandes patrimoniosque por la imposición de un salario máximo. Unas medidas al estilo de la fallida tasa deHollandea los ‘superricos’ (un 75% de imposición fiscal para aquellos que ingresasen más de un millón de euros anuales). Las clases medias están en peligro, y en EEUU el símbolo de la resistencia es Market Basket. El panorama no deja demasiado espacio para el optimismo.

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