DOS NUEVOS ESTUDIOS NOS DAN UNA PISTA

Una historia con moraleja: del final de los dinosaurios a la extinción del hombre

Dos nuevas investigaciones ofrecen una premiosa señal de alarma y una historia con moraleja que puede ayudar al ser humano a evitar un destino fatal

Foto: El hombre puede estar tan poco preparado como los dinosaurios para afrontar un cataclismo. (iStock)
El hombre puede estar tan poco preparado como los dinosaurios para afrontar un cataclismo. (iStock)

Dos nuevas investigaciones acaban de ofrecer una premiosa señal de alarma sobre el futuro y una historia con moraleja que puede ayudar al ser humano a desviarse de un destino fatal. Por pura coincidencia, ambas reflexionan sobre la historia de la vida sobre la Tierra, a partir de las causas que llevaron a la desaparición de los dinosaurios y las que, a largo plazo, pueden convertir al ser humano en una víctima de su irresponsable comportamiento.

El último número de la revista Science presenta un estudio realizado al alimón por científicos de la Universidad de Stanford, la Universidad de California en Santa Bárbara y el University College de Londres y en el que se advierte que estamos viviendo la sexta extinción, la primera causada por el ser humano. El artículo advierte que la gran biodiversidad que hoy en día existe en nuestro planeta, con aproximadamente 10 millones de especies macroscópicas, puede haber comenzado su irrefrenable declive. En los últimos siglos, más de 320 especies de vertebrados se han extinguido de la faz de la Tierra, y el número no hará más que aumentar durante las próximas décadas.

En total, el estudio sugiere que el total de las especies supervivientes (vertebrados o no) se ha visto reducido en un 25%, algo que ha afectado en un alto grado tanto a los grandes animales como a los elefantes, los rinocerontes o los osos polares, pero también a los invertebrados. La desaparición de estos, a pesar de parecer insignificantes para el ser humano, puede tener un gran coste para el hombre en particular y el medio ambiente en general.

La población de insectos ha descendido entre un 30 y un 60 por ciento durante los últimos cuarenta años

“La sexta extinción” es también el título del último libro de Elizabeth Colbert, periodista especializada en medio ambiente. En su best seller recuerda que cada año desaparecen 10.000 especies, un número muy superior a lo que sería natural por la mera selección natural. Y, el hombre, como el primer animal capaz de decidir qué especies siguen adelantes y cuáles quedan por el camino, tiene una gran responsabilidad, puesto que de no elegir correctamente, puede terminar acabando consigo mismo.

Nuestros amigos sin esqueleto

Si algo aporta esta nueva investigación es que duda seriamente de que los invertebrados sean los auténticos supervivientes de la naturaleza, como se había pensado durante muchos años. Por el contrario, el estudio pone de relieve que en Reino Unido, la población de insectos como escarabajos, mariposas, avispas y abejas ha descendido entre un 30 y un 60 por ciento durante los últimos cuarenta años, debido principalmente a dos causas que no tienen vuelta atrás: el calentamiento global producto del ser humano y la pérdida de su hábitat natural.

Qué más dan unos cuantos millones de insectos, dirán muchos. Pero el estudio indica que las consecuencias pueden ser devastadoras para el ser humano. Para empezar, por el papel que los insectos juegan en la polinización de las plantas, y de la que depende el 75% de los cultivos alimentarios del mundo. La desaparición de este agente natural –y gratuito– encarecería sensiblemente los costes de producción de alimentos. No se trata, ni de lejos, la única consecuencia negativa de la reducción de la población invertebrada.

La extinción de depredadores haría también que el coste de la desaparición de plagas se disparase, además del importante rol que estos animales juegan en la cadena alimenticia y, también, a la hora de controlar la propagación de enfermedades entre seres humanos. Como explica el autor principal del estudio, Rodolfo Dirzo del Instituto Stanford Woods, “cuando la densidad humana es alta se produce defaunación y alta incidencia de roedores y, por lo tanto, alta incidencia de patógenos, lo que aumenta los riesgos de transmisión de la enfermedad”. Un panorama nada halagüeño que perjudica seriamente los intereses del hombre. Pero, ¿qué tienen que ver los dinosaurios con todo esto?

La lección que nos dio el meteorito

Es en este punto donde entra en juego la otra investigación, publicada en el último número de Biological Reviews por diez importantes expertos en dinosaurios, que han intentado establecer un consenso mínimo sobre la verdadera razón que condujo a su extinción. No, no se trata de que descarten la hipótesis de que el meteorito que conformó el cráter de Chicxulub propiciase la desaparición de los Grandes Lagartos, pero recuerdan que tiene que haber alguna razón más.

Si el meteorito se hubiese estrellado unos cuantos millones de años antes o después, los dinosaurios habrían sobrevivido

En primer lugar, los investigadores se han puesto de acuerdo en que la extinción se produjo de forma abrupta, no a lo largo de un prolongado período de tiempo. En segundo lugar, y aquí es donde se encuentra la gran aportación de su estudio, descubrieron que, con bastante probabilidad, si el meteorito se hubiese estrellado unos cuantos millones de años antes o después, los dinosaurios habrían sobrevivido, al igual que ocurrió con otras criaturas como las aves. Sin embargo, el trágico incidente se produjo en un momento en el que los extintos seres eran especialmente vulnerables a los acontecimientos inesperados.

¿Por qué? Porque, como argumentan los estudiosos después de analizar la evidencia fósil del período cretácico, previos cambios climáticos y cataclismos habrían provocado que el número de dinosaurios herbívoros que formaban el escalón más bajo de la cadena alimentaria decreciese sensiblemente, lo que desestabilizó la pirámide desde sus niveles más bajos. Y, aunque aseguran que no pueden defender que eso fuese lo que ocurrió en todo el planeta, sí es bastante probable que, en la región que actualmente conforma Estados Unidos, los dinosaurios desapareciesen debido a la escasa biodiversidad del planeta durante esos años.

Ya sólo resta sumar dos más dos –y obviar las sensibles diferencias que existen entre el momento actual y el final del Cretácico– para descubrir lo que Stephen Brusatte, autor del estudio, denomina “una historia con moraleja”. Si fue el declive de la biodiversidad lo que contribuyó a la desaparición de los dinosaurios, reyes de la Tierra antes del ser humano, y estamos atravesando un momento en el que cada vez más animales están desapareciendo, quizá sea hora de empezar a buscar una solución para un proceso que, por otra parte, quizá no tenga vuelta atrás. 

Alma, Corazón, Vida
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