BREVE HISTORIA DEL ASEO

El gran (y sucio) error que cometimos cuando diseñamos los cuartos de baño

Nuestros cuartos de baño son un desastre en todos los sentidos. Un diseño que sirvió para solucionar un problema y ha acabado creando muchísimos más

Foto: Aunque nuestros cuartos de baño están más limpios que este, son demasiado parecidos. (iStock)
Aunque nuestros cuartos de baño están más limpios que este, son demasiado parecidos. (iStock)

Cuando vamos al cuarto de baño pensamos que el lavabo, el retrete y la ducha siempre han sido así. Estamos tan acostumbrados a usar estas comodidades que creemos que no existe otra forma de asearse. De hecho, cuando vamos a otro país, donde tienen un tipo de cuarto de baño distinto, estamos incómodos (habría que contar cuántos españoles evitan las estaciones de servicio francesas solo por no usar sus "retretes"). Nos hemos acostumbrado a lo que hay y la mayoría de nosotros ni siquiera somos capaces de defecar en el campo. Y por supuesto no nos planteamos que nuestros cuartos de baño son un desastre en todos los sentidos. Se diseñaron para solucionar un determinado problema y han acabado creando muchísimos más.

Según explica en The Guardian, Lloyd Alter, editor de la revista británica sobre medio ambiente Tree Hugger, nuestros cuartos de baño tienen tantos fallos como componentes:

  • El retrete es demasiado alto y no respeta la postura natural de nuestro cuerpo para defecar, que es la de cuclillas.
  • El lavabo es muy bajo y bastante inútil, pues cumple parte de las funciones de la ducha.
  • La ducha es una trampa mortal (todos los días muere un estadounidense al resbalar en ella), en la mayoría de casas muy pequeña e incómoda.
  • Los cuartos de baño suelen ser pequeños, tienen poca ventilación y están llenos de productos químicos.
  • Al tener el retrete al lado del lavabo cada vez que tiramos de la cadena nuestros gérmenes se esparcen por toda la estancia, y llegan incluso a nuestro cepillo de dientes.
  • Gastamos litros y litros de agua limpia y la contaminamos a diario con todo tipo de residuos que tenemos que depurar para verter de nuevo a los ríos. Algo que sólo ocurre en el mejor de los casos.

Pensamos que el baño lleva allí toda la vida, pero su diseño actual tiene tan sólo un siglo y no se extendió por todo occidente hasta hace unos cincuenta años. ¿Por qué hemos aceptado este diseño desastroso en todos los hogares? ¿No hay ninguna forma mejor de asearnos y deshacernos de nuestros excrementos y orines?

Breve historia del cuarto de baño

Desde el nacimiento mismo de las ciudades, la gente tomaba el agua que necesitaba para cocinar y lavarse de ríos y fuentes, y limitaba su consumo a lo que podían llevar. Sus residuos fecales eran depositados en pozos negros de ladrillo y eran vaciados todas las noches por personas que se dedicaban a vender las heces como fertilizante o, directamente, las vertían al río. Los residuos líquidos (de cocinar o lavarse) eran vertidos directamente a la calle.

Mapa original del doctor John Snow. Los puntos son casos de cólera durante la epidemia en Londres de 1854. Las cruces representan los pozos de agua de los que bebían los enfermos.
Mapa original del doctor John Snow. Los puntos son casos de cólera durante la epidemia en Londres de 1854. Las cruces representan los pozos de agua de los que bebían los enfermos.

No hace falta decir que esta situación convirtió a las grandes ciudades europeas en auténticos vertederos, donde las enfermedades infecciosas campaban a sus anchas. En 1854 se produjo en Londres el brote de cólera más violento de Inglaterra. Aproximadamente 700 personas fallecieron en el barrio de Soho en menos de una semana, en un área de apenas medio kilómetro de diámetro. El doctor John Snow logró, mediante el uso de mapas, identificar la fuente de la infección: una bomba de agua contaminada con heces. El trabajo de Snow no sólo fue un hito de la cartografía sanitaria y el primer trabajo epidemiológico de la historia, fue además el punto de partida de los modernos sistemas de saneamiento.

Las autoridades se dieron cuenta por fin de que extraer el agua que se iba a beber del mismo lugar en el que se vertían los residuos no era una buena idea y el parlamento británico aprobó la Metropilian Water Act, la primera ley que regulaba el suministro de agua en las ciudades. Las fuentes públicas de Londres, que suministraban el agua de los mismos canales en los que se vertían las aguas residuales fueron eliminadas, y empezaron a instalarse fuentes en las casas, que suministraban agua limpia.

Pero este gran avance, que pronto se extendió por todas las ciudades occidentales, tuvo dos inconvenientes importantes:

En primer lugar, dado que la gente ya no tenía que desplazarse a por el agua, empezó a gastar mucho más: antes de que se instalara el agua corriente un londinense medio consumía unos 11 litros de agua, en cuanto se instalaron los grifos pasó a consumir una media de 113 litros.

Los ecologistas de la época trataron de impedir que la gente se acostumbrara a deshacerse de los excrementos vertiéndolos al agua

Pero esto no fue lo más grave. Aunque el retrete ya se había inventado, no se usaba apenas porque había que deshacerse de las heces de todas formas, pero con la llegada del agua corriente bastaba con añadir una cisterna y enviar los excrementos de nuevo al desagüe. Las alcantarillas no estaban pensadas para esto y en cuanto llovía se desbordaban y las calles se llenaban de excrementos. El resultado fue que las tasas de cólera y enfermedades infecciosas en vez de disminuir, crecieron.

Los ecologistas de la época trataron de impedir que la gente se acostumbrara a deshacerse de los excrementos vertiéndolos al agua, porque creían, además, que las heces eran valiosas como fertilizantes. Muchos pensadores de la época defendían la creación de contenedores de residuos fecales en las ciudades para que las heces sirvieran como abono en el campo. Pero perdieron la batalla. Se impuso entonces la segunda corriente, a la que se adscribían la mayoría de ingenieros, y que aseguraba que el agua se purificaba a sí misma. Su lema era: “La solución a la polución es la disolución”. Y aún hoy los ingenieros estudian las proporciones necesarias en las que se deben diluir las aguas fecales en los ríos para no representar un peligro.

El éxito de los partidarios de devolver las aguas fecales a ríos, mares y lagos, provocó también un cambio en el diseño de los cuartos de baño. Hasta entonces a nadie se le habría ocurrido mezclar el lugar donde uno caga y donde uno se lava. Cada habitación tenía su lavabo y el retrete estaba en el patio trasero de las casas. Pero ahora que había que instalar todo un sistema de cañerías era demasiado costoso tener cada cosa en un sitio, así que se optó por mezclarlo todo en un mismo lugar.

Es curioso que un dilema que preocupó a todo tipo de médicos, ingenieros y arquitectos desde principio de siglo hoy nos traiga sin cuidado. Ni siquiera distinguimos la diferencia entre el agua residual de la ducha y el lavabo (el agua gris) del agua residual del retrete (el agua negra), que bajo toda lógica deberían ser procesadas de distinta forma. Simplemente se tomó la decisión más fácil y económica y hoy seguimos creyendo que es la única posible. Pero no es cierto.

Mapa que indica el porcentaje de tratamiento de aguas residuales. (UNEP/GRID-Arendal, Hugo Ahlenius)
Mapa que indica el porcentaje de tratamiento de aguas residuales. (UNEP/GRID-Arendal, Hugo Ahlenius)

¿Cómo debe ser el baño del futuro?

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, sin una actuación urgente para mejorar la gestión de los residuos domésticos –dos millones de toneladas de desechos, que contaminan 2.000 millones de toneladas de agua diariamente–, la situación sanitaria, sobre todo en los países en desarrollo, no hará más que empeorar. En estos países, el 90% de las aguas residuales se vierten directamente sin depurar. Pero es un problema que también debería preocuparnos a nosotros.

En 2011 la Comisión Europea denunció al Gobierno español por no aplicar la directiva europea de depuración de aguas residuales urbanas. Según el Ejecutivo comunitario, al menos 39 localidades de más de 10.000 habitantes vierten sus aguas a zonas sensibles que dañan el medio ambiente. 

¿Qué podemos hacer para evitar esto? ¿Aún estamos a tiempo de que los países en desarrollo adopten un mejor modelo de cuarto de baño que el nuestro?

Una ducha japonesa. (Laura Tomàs Avellana/CC)
Una ducha japonesa. (Laura Tomàs Avellana/CC)

Por supuesto, hay alternativas. Aunque de momento no son nada populares hay empresas que comercializan retretes de compostaje. Hay diversos modelos, pero todos tienen un sistema que acumula las heces para fabricar abono, que puede ser utilizado en el campo. Estos retretes necesitan además mucha menos agua.

La alternativa ecológica (y más higiénica) a la ducha moderna es mucho menos compleja. No hay más que mirar a los japoneses. El baño tradicional japonés, que por supuesto está separado del retrete, consiste en un gran espacio en el que puedes sentarte y lavarte tranquilamente usando sólo el agua que necesites. No sólo es más cómodo y seguro, además gasta una décima parte del agua que usamos los occidentales para ducharnos. Todo el suelo puede mojarse, porque el drenaje está situado en la zona de la ducha.

Para Lloyd Alter la moraleja de esta historia es evidente: “En un mundo en el que tenemos problemas de abastecimiento de agua y hacemos fertilizantes artificiales de combustibles fósiles, es idiota y casi criminal que paguemos enormes cantidades de impuestos para usar el agua de beber para deshacernos de nuestro fertilizante personal y arrojarlo al océano”. 

Alma, Corazón, Vida
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