grandes errores de predicción en el mundial

El día que Alemania acabó con el 'rey de las estadísticas' (y avergonzó a Goldman)

Nathaniel Lee “Nate” Silver, se hizo mundialmente famoso cuando predijo el ganador de las elecciones presidenciales de 2008, pero ahora ha fracasado

Foto: Nate Silver, el rey de las estadísticas (Corbis)
Nate Silver, el rey de las estadísticas (Corbis)

"Cómo navegar por la maraña de datos que nos inunda, localizar los que son relevantes y utilizarlos para realizar predicciones infalibles” es el subtítulo de La señal y el ruido (Península), el best-seller de Nathaniel Lee 'Nate' Silver, un estadístico y escritor americano que se hizo mundialmente famoso cuando predijo el ganador en 49 estados de EEUU durante las elecciones presidenciales de 2008, y es también la declaración de intenciones de toda su actividad profesional.

Silver, el editor del blog de la ESPN "FiveThirtyEight" y corresponsal especial de ABC News, ha sido calificado con el llamativo título de "Kurt Cobain de la estadística", y es una de las figuras visibles, intelectual y comercialmente, de esa tendencia que confía ciegamente en que los datos ofrecerán muchas más soluciones que las que la ciencia tradicional está aportando al ser humano.

Entre los cuatro equipos que quedaban en el Mundial, Nate atribuía a Brasil el mayor número de posibilidades de ser campeón del mundo y a Alemania el menor de los cuatro

El caso de Silver es ejemplar en ese sentido, porque muestra cómo un joven con iniciativa y talento supo sacar partido de sus habilidades, y de paso ofrecer nuevas respuestas a viejos problemas. Con 24 años, Nathan Silver trabajaba como transfer pricing consultant para la consultora KPMG. Tenía un buen sueldo, se llevaba bien con los jefes y su pertenencia a una empresa prestigiosa le proporcionaba seguridad. Pero Nate se aburría, y en el mucho tiempo libre que le quedaba “entre aconsejar a una empresa los precios que debe fijar para los móviles que produce en una planta de Malasia para minimizar su índice impositivo y asesorar en la firma de un contrato de una empresa carbonífera”, comenzó a desarrollar un sistema estadístico sobre béisbol, según cuenta en La señal y el ruido. Ese sistema, el PECOTA (Player Empirical Comparison and Optimization Test Algorithm), que sirve para pronosticar la evolución de los jugadores del béisbol de la liga estadounidense, le convirtió en una celebridad en el sector, y le reportó sustanciosos beneficios al ser adquirido por una página de apuestas.

Tras la experiencia que supuso La señal y el ruido, para el que consultó a todo tipo de expertos (jugadores de póquer, meteorólogos, inversores) sobre cómo realizaban sus predicciones, Silver decidió abrir nuevos campos de análisis. Dada su experiencia anterior en el deporte, el fútbol parecía un buen terreno donde probar, y el Mundial el momento de mayor visibilidad.

Puso en marcha el Soccer Power Index, un sistema de predicciones que atribuía, antes de comenzar el Mundial, estas posibilidades a cada selección:

Con errores y aciertos, y como es normal, más de lo primero que de lo segundo, Silver fue realizando nuevas predicciones acerca de quiénes pasarían a las siguientes rondas, hasta que llegaron las semifinales. En los días previos, el Soccer Power Index lanzó una previsión en la que, de entre los cuatro equipos que quedaban, atribuía a Brasil el mayor número de posibilidades de ser campeón del mundo y a Alemania el menor de los cuatro.

El 1-7 fue una debacle para Brasil, pero también resultó muy doloroso para Silver, que hubo de hacer frente a numerosas críticas. Incluso algunos medios señalaron que el partido del estadio Mineirao fue el final de Silver como predictor de eventos.

Siendo cierto que casi nadie tenía en mente que Brasil podía perder de forma tan escandalosa, también lo era que su modelo apenas daba opción a la derrota amarilla. Las ausencias de Neymar y Thiago Silva, que los comentaristas señalaban como esenciales antes del choque, no consiguieron que Silver modificase sus predicciones. De hecho, entendía que Argentina lo tenía peor con la ausencia de Di María.

El error de Silver, muy aireado por sus detractores, debe ser resituado no tanto como la gran equivocación de un mal profeta, sino como una demostración lógica de los límites de las estadísticas como modelo predictivo, máxime cuando el problema de Silver no es sólo suyo: tampoco los demás tuvieron mucha suerte en sus apuestas. Ni siquiera Goldman Sachs, una empresa que se gana la vida anticipando movimientos y tendencias ha sabido leer los designios del dios del fútbol.

Predicciones del Goldman Sachs Global Invesment Research.
Predicciones del Goldman Sachs Global Invesment Research.

Y es normal, porque este tipo de análisis son efectivos en entornos estables que muestran pocas variaciones respecto de sus precedentes. Un ejemplo habitual lo vemos en las encuestas electorales, que pueden acercarse a los resultados finales en comicios que siguen lo esperado, pero que nunca adivinan las sorpresas. Las predicciones basadas en estadísticas son conservadoras, porque suelen acertar cuando todo va normal. Si aparecen los cisnes negros, por utilizar la terminología de Nassim Taleb para designar los hechos impredecibles, no son capaces de adivinar ni siquiera los indicios. Y en este caso los había.

Silver pudo predecir con tanta seguridad el triunfo de Brasil porque no escuchó lo que cualquier aficionado mediano a ese deporte sabía, como era que Alemania estaba siendo mejor equipo que Brasil en este campeonato. Eso no significa que la mayoría de la gente estuviera convencida de que Alemania iba a golear, pero sí que los germanos tenían, por lo menos, las mismas opciones de pasar a la final que Brasil. La selección amarilla había dado enormes muestras de debilidad en su juego, exhibiendo unas lagunas que la hacían mucho más frágil que formaciones cariocas de otros Mundiales. 

El problema está en que los datos no pueden leer bien esas señales, porque no son cuantificables, al igual que muchos otros elementos que definen nuestra realidad. El fallo de Silver y de Goldman no es ilógico, sino que es la señal de la confianza excesiva en un instrumento de análisis que es útil, pero que llevado al extremo, más que hacernos ver con claridad, nos nubla la vista.

Alma, Corazón, Vida
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