¿hacia la desaparición de la infancia?

Los nuevos padres: "si me puedo ir de 'festi' con el carrito del bebé, lo hago"

Ya no son los padres los que se adaptan a los ritmos de los niños, sino al revés. Un fenómeno social que sabido captar y potenciar el mercado

Foto: Última edición del festival de música electrónica SonarKid. (Advanced Music)
Última edición del festival de música electrónica SonarKid. (Advanced Music)

Padres que no renuncian a ir a un festival de música, salir a cenar o acudir a cualquier otro tipo de actividad cultural y de ocio. Para la nueva generación de padres, tener hijos ya no implica, obligatoriamente, un cambio en la agenda lúdica ni en el modo de vida juvenil previo a sus responsabilidades familiares. Ahora no son los padres los que se adaptan a los ritmos de los niños, sino al revés. Una tendencia que ha sabido captar y potenciar el mercado, siempre atento a los cambios sociales y ávido a la hora de incorporar nuevos nichos de consumidores.

El fin de semana pasado, la zona infantil del festival barcelonés Primavera Sound, que congregó a más de 70.000 personas durante tres días en su edición de Oporto, estaba a rebosar de carritos de bebés y niños de todas las edades danzando de un lado para otro. Calentadores para el biberón, cambiadores de pañales, protectores para los oídos y animadoras infantiles invitaban a los amantes de la música indie a no renegar de uno de los festivales más concurridos por motivo de los niños. Como explicaba a un dario luso uno de los españoles que se desplazó al festival: "Mi tiempo es mío, y si me puedo ir de festival con el carrito del bebé, lo hago". 

La mayor igualdad de género entre las nuevas generaciones de padres es una de las razones que han potenciado esta tendencia

Los organizadores del festival Sónar también ofrecerán en su próxima edición unas facilidades similares a los padres que no se quieran perder esta tradicional cita con la música electrónica en la ciudad condal. No se trata de ninguna novedad. En Madrid, los responsables del Menudo Fest llevan un par de años organizando conciertos de diferentes estilos, entre los que se incluyen rock and roll, punk, pop, heavy metal, power pop, surf, rocabilly, twist, ska..., para que los niños y sus padres disfruten de la música en familia.

Los padres ya no se adaptan a los niños, sino al revés

“La idea surge como solución al problema con el que se encontraba mucha gente amante de la música en directo, que al tener hijos no podían acudir a conciertos por la noche. Por eso, lo que hicimos fue programarlos en horario de mañana, para que se pudiesen venir con los niños”, explica Daniel Pinillos, uno de los organizadores. En realidad, según reconoce, “es más bien adaptarnos a los padres que a los niños. Es cierto que el volumen es más bajo, que damos chucherías y regalos a los peques, que tenemos un rincón para colorear, otro de maquillaje… y que algunas letras se adaptan si son demasiado fuertes, pero para nada se trata de conciertos edulcorados o ñoños”.

Si lo que se desarrolla es una especie de compañerismo extraño, en lugar de un mayor intercambio y diálogo, sí que podría ser un riesgo para la correcta educación de los pequeños

El éxito que ha tenido esta iniciativa en la capital, ahora replicada por grandes festivales, da buena cuenta de que estamos ante una tendencia sin retorno. En unos pocos meses, el Menudo Fest pasó de celebrar el primer concierto en una sala con capacidad para 120 personas a llenar un teatro con un aforo para 800 personas. Las groupies se han hecho mayores, tienen hijos, y el mercado no iba a dejar pasar la oportunidad de perder a este tipo de público, generalmente con un mayor poder adquisitivo que el de los más jóvenes.

Pero no sólo los amantes de la música han visto cómo se adaptaba su ocio a su nueva condición de padres. Se trata de un fenómeno transversal que toca todo tipo de aficiones y tribus urbanas, desde los hipsters, que pueden seguir gozando del ambiente de los locales de ocio de siempre, pero concebidos para acoger carritos y niños revoloteando, hasta los bikers, que podrán disfrutar en familia, por ejemplo, del Festibal con B de Bici que se celebrará en el Matadero de Madrid.

El mercado, camaleónico, como reflejo de las tendencias sociales

Esta tendencia incipiente en España, sobre todo en el ámbito urbano y entre padres con un perfil en el que predomina un nivel cultural más bien alto, lleva años implantada en el norte de Europa. En los países nórdicos, el espacio público y los servicios suelen estar inspirados en una visión más enfocada en los niños, donde estos marcan el diseño y los tiempos. Las razones comerciales son obvias, pero los cambios culturales y sociológicos no son menos importantes.

Antes, el mundo de los adultos era un espacio que estaba más protegido y no contaminaba a los niños

Para el periodista, sociólogo y doctor en Ciencias Económicas Salvador Cardús, la cuestión de género es una de las razones que han potenciado esta tendencia. “Cada vez hay una mayor igualdad entre hombres y mujeres a la hora de asumir la crianza de los hijos. Entre las generaciones más jóvenes ya no existe tanto aquello de que la mujer es la que se queda en casa cuidando al niño o que se sacrifica ella yendo a cambiarle el pañal al parking, sino que ahora ese rol lo suelen asumir ambos. Por ello, también son más exigentes con los servicios y actividades lúdicas, para que puedan participar los dos en igualdad de condiciones”.

El mercado cultural, camaleónico como el que más, ha marcado la pauta en este sentido. Una vez captado al público adolescente y juvenil, sólo faltaba volver a sacar de casa (o impedir que volviesen a encerrarse en ella) a los treintañeros y cuarentones con hijos. Una “estrategia legítima para ampliar mercado”, importada de países foráneos, y que en España aún está en fase de exploración, añade Cardús.

(Novo Primavera Sound)
(Novo Primavera Sound)

¿Hacia la desaparición de la infancia?

La presencia de niños en una atmósfera propia del mundo de los adultos no está exenta de críticas desde el ámbito educativo. La “desaparición de la infancia”, como denominó a este fenómeno el sociólogo y crítico cultural estadounidense Neil Postman es uno de los riesgos subyacentes a esta tendencia de integrar a los hijos en las actividades lúdicas de los padres, que no al revés.

Si bien Postman teorizaba sobre el fin de la inocencia de los niños a partir de la generalización de la televisión, primando contenidos para adultos que veían también los pequeños, sus análisis siguen estando vigentes si se extrapolan al contexto actual de las nuevas tecnologías o al fenómeno al que nos referimos. “Antes, el mundo de los adultos era un espacio que estaba más protegido y no contaminaba al de los niños, pero está claro que con la generalización de las tablets e internet, que los niños aprenden a manejar a edades muy tempranas, resulta casi imposible mantener estas fronteras”, sostiene Cardús. Ante ello, afirma, “quizá sea mejor menos tablet y más festivales para niños y padres”.

El hecho de compartir espacios y llevar a los hijos a los mismos eventos a los que se acudía antes de la paternidad tiene también claros efectos en los vínculos familiares. Sin embargo, son un arma de doble filo. Como apunta el autor de Bien Educados (Paidós), “el vínculo entre padre e hijo se refuerza con este fenómeno, pero ello no quiere decir que necesariamente sea mejor”.

Aunque Cardús explica que no existe la suficiente literatura científica sobre el tema y que sería necesario analizar los comportamientos que se dan en estas situaciones, sí intuye que puede existir el riesgo de que se creen nuevas dependencias. Esto es, “un tipo de igualdad o proximidad de estatus que no suele ser lo más conveniente para la relación entre el educador y el educado. Habría que estudiar bien los comportamientos más comunes en estos casos, pero si lo que se desarrolla es una especie de compañerismo extraño, en lugar de un mayor intercambio y diálogo, sí que podría ser un riesgo para la correcta educación de los pequeños”.

Alma, Corazón, Vida
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