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Por qué las mujeres son tan salvajes en lo que respecta al sexo como los hombres
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Por qué las mujeres son tan salvajes en lo que respecta al sexo como los hombres

Una de nuestras más reconfortantes asunciones, que el deseo femenino está más enfocado a la monogamia que el masculino, no es más que un mito

Foto: La creencia de que la mujer es menos promiscua que el hombre es sólo un mito. (Corbis)
La creencia de que la mujer es menos promiscua que el hombre es sólo un mito. (Corbis)

Durante décadas, las teorías evolutivas clásicas han apuntalado la visión tradicional de los roles sexuales de hombres y mujeres. Según estas el hombre tiende más a la poligamia como estrategia para asegurar su descendencia, mientras que las mujeres son monógamas por naturaleza para salvaguardar la crianza de los niños.

Pero esta visión está siendo desmentida por cada vez más estudios científicos. Al menos así lo cree Daniel Bergner, autor del libro ¿Qué quieren las mujeres? (Destino), en el que asegura que la idea de que la mujer está biológicamente programada para ser monógama y, por ello, es menos promiscua y le gusta menos el sexo que a los hombres, es un mito, que se ha perpetuado durante demasiado tiempo.

“Hay muy pocas evidencias científicas que apoyen esta teoría”, ha asegurado Bergner al Daily Mail. Y, sin embargo, hay numerosos estudios que demuestran justamente lo contrario. El autor cita una investigación realizada en 2008 por Meredith Chivers, psicóloga en la Queen´s University que puso de manifiesto que no existe ningún contenido erótico que, de por sí, no excite a las mujeres.

La doctora pidió a las participantes en el estudio que observaranuna gran variedad de vídeos pornográficos y midió las reacciones de éstas gracias a un pletismógrafo, un aparato que mide los cambios de presión y volumen, que colocó en sus vaginas.

“Los resultados revelaron que lasmujeres se excitaban con todo tipo de vídeos”, asegura Bergner. “Las mujeres heterosexuales se excitaron con vídeos lésbicos, las lesbianas con videos de homosexuales varones y todas ellas con vídeos de monos copulando”. Eso sí, cuando los investigadores les preguntaban no eran sinceras. “La pletismografía mostraba un alto grado de excitación mientras las mujeres le decían Chivers que no estaban sintiendo nada en absoluto”, explica el escritor.

Una represión que dura siglos

En 2003, el psicólogo de la Universidad Estatal de Ohio Terri Fisher pidió a 200 estudiantes, hombres y mujeres, que completaran un cuestionario sobre sus costumbres masturbatorias y su consumo de pornografía. Los sujetos fueron divididos en tres grupos: en el primero de ellos, los participantes tenían que rellenar el cuestionario y entregárselo a uno de sus compañeros, que podía observar como lo rellenaban; en el segundo, los participantes rellenaban el cuestionario sin ser obervados y se les aseguraba que sus respuestas permanecerían en el anonimato; en el tercero, tras rellenar los formularios, los estudiantes eran sometidos a un polígrafo falso.

Los hombres respondieron prácticamente lo mismo en los tres escenarios, pero las respuestas de las mujeres fueron completamente distintas en cada grupo. Las primeras, que se sentían observadas, aseguraban que nunca se habían masturbado, las segundas, bajo la promesa de anonimato, reconocían muchos más comportamientos y, las terceras, bajo la amenaza del polígrafo, respondían prácticamente igual que los hombres.

El hecho de que las mujeres mientan respecto a sus verdaderas sensaciones se debe, según Bergner, a la represión sexual que han sufrido y siguen sufriendo. “A pesar de que vivimos en una cultura que es, en muchos sentidos, desenfrenada en lo que respecta a la sexualidad, todavía nos sentimos incómodos, incluso temerosos, sobre el deseo de la mujer”, explica Bergner. “Es abrumador enfrentarse a la realidad de la sexualidad femenina”.

Poco más que cuento de hadas

En opinión del periodista, la sexualidad femenina se ha reprimido para instaurar cierto orden en la sociedad: “La sexualidad es una fuerza potencialmente anárquica, y es reconfortante pensar que, al menos, la mitad de la población es más civilizada en lo que respecta al sexo. Nos calma creer que las mujeres están diseñadas genéticamente para servir como fuerza estabilizadora”. Pero no es cierto. Y, de hecho, las mujeres son,sicabe, más “salvajes” que los hombres.

El estudio elaborado por Chivers contradice la idea de que las mujeres prefieren asentarse con un hombre, que asegure el mantenimiento de su descendencia. Cuando las mujeres veían fotografías de sus parejas apenas se excitaban, sin embargo se ponían a cien cuando veían imágenes de un extraño de buen ver.

“Las últimas investigaciones y las historias que cuentan las mujeres me han enseñado algo: el deseo de las mujeres es una fuerza subestimada y limitada, incluso en nuestro tiempo”, asegura Bergner en su libro. “Y una de nuestras más reconfortantes asunciones –defendida en mayor medida en los hombres, pero presente en ambos sexos–,que el deseo femenino está más enfocadoa la monogamia que el masculino, es poco más que un cuento de hadas”.

Durante décadas, las teorías evolutivas clásicas han apuntalado la visión tradicional de los roles sexuales de hombres y mujeres. Según estas el hombre tiende más a la poligamia como estrategia para asegurar su descendencia, mientras que las mujeres son monógamas por naturaleza para salvaguardar la crianza de los niños.

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