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Errores comunes en una reunión o entrevista que mellarán tu credibilidad

Para que nos tomen en serio y dar una buena impresión en una reunión de este tipo, lo primero que debemos identificar son los errores a evitar

Foto: Para que nos tomen en serio y dar una buena impresión en una reunión de trabajo, lo primero que debemos identificar son los errores a evitar. (iStock)
Para que nos tomen en serio y dar una buena impresión en una reunión de trabajo, lo primero que debemos identificar son los errores a evitar. (iStock)

La credibilidad es la condición imprescindible para convencer e influir en los demás. En una entrevista de trabajo, una reunión de negocios o de cualquier otra índole en la que se confronten argumentos con el objetivo de tomar una decisión concreta, la percepción de los demás sobre nosotros determinará el grado de atención que nos presten y el caso que nos hagan. Las mejores cartas que podemos mostrar son las de la inteligencia, la competencia y la confianza.

Para que nos tomen en serio y dar una buena impresión en una reunión de este tipo, lo primero que debemos identificar son los errores a evitar. El coach Geoffrey James, autor de Business Without The Bullsh*t, ha recopilado en una lista cuáles son aquellos fallos más comunes que acabarán con nuestra credibilidad.

Recalcar la veracidad de una sentencia

Emplear frases del tipo "en honor a la verdad", "para serte honesto" o "puedes creerme que…" genera desconfianza en los interlocutores, quienes pueden interpretar que, hasta ese momento, hemos estado mintiéndoles u ocultando parte de la verdad.

Introducir términos propios del marketing

Las conversaciones cara a cara deben tratar de ser un poco más distendidas y cercanas si realmente queremos atraer a los interlocutores

Por lo general, la gente ha desarrollado una coraza protectora contra los mensajes publicitarios clásicos. Palabras como "garantía", "descuento" o, incluso, "solución", pueden provocar que los demás perciban nuestros argumentos como intencionadamente persuasivos y, por tanto, menos fiables.

Discursos demasiado corporativos

Cuando una conversación está salpicada constantemente por referencias corporativas puede ser acusada de falta de improvisación, artificial y cuadriculada. Las conversaciones cara a cara deben tratar de ser un poco más distendidas y cercanas si realmente queremos atraer a los interlocutores y convencerlos de que nuestras ideas son buenas por diferentes factores, no simplemente porque sean las que debemos defender por identificación empresarial.

Empleo excesivo de siglas

Las abreviaturas son un buen atajo para recortar los tiempos de exposición, pero si se utilizan en exceso pueden provocar confusión o que alguno de los presentes ni siquiera sea capaz de seguir el hilo de la conversación.

Falta de compromiso

Afirmaciones como "voy a tratar de" o "intentaré ver qué es lo que puedo hacer" denotan inseguridad y desconfianza en las capacidades de quien las pronuncia. En cambio, frases del tipo "yo me encargo" o "dejadlo en mis manos, sé perfectamente cómo hacerlo" generan justo el efecto contrario.

Humor fuera de tono

Afirmaciones del tipo ‘yo me encargo’ o ‘dejadlo en mis manos, sé perfectamente cómo hacerlo’ generan credibilidad y confianza

En lo que se refiere a las bromas hay que tratar de mantener el equilibrio para no pecar ni por exceso ni por defecto. El humor siempre ayuda a empatizar con los demás, crear un ambiente más distendido y de confianza, sin embargo, cuando no conocemos bien a nuestros interlocutores hay que evitar las bromas referentes a cuestiones políticamente incorrectas.

Hablar sin saber

Pedir una aclaración o preguntar por algo que desconocemos puede mellar nuestra credibilidad, pero menos que participar en una conversación sobre la que no tenemos ni idea. Responder de forma improvisada sobre un tema que no tenemos controlado es la peor de las opciones posibles.

Interrumpir

Cortar a alguien cuando está hablando es algo que, además de denotar mala educación, revela tu falta de seguridad y respeto a los demás. Una de las pocas actitudes que causa un efecto peor que interrumpir es tratar de acabar las frases de los demás.

No reconocer los errores

Todo el mundo puede incurrir en equivocaciones o cometer fallos. Ocultarlos es una estrategia cortoplacista que, a la larga, acabará con nuestra credibilidad haciendo muy difícil que la volvamos a recuperar. Sobre todo, cuando se trata de evadir la responsabilidad acusando a otros de los errores cometidos por uno. Lo más inteligente siempre es confesar y proponer cómo subsanar el daño generado, así como los cambios que se realizarán para no volver a incurrir en el mismo error.

Alma, Corazón, Vida
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